la cárcel moral del franquismo que persiguió a la «mujer caída» hasta 1985
Fumar, bailar o llevar falda corta no eran sólo gestos de rebelión; Para el régimen, eran motivos suficientes para el confinamiento. A través de la Junta de Protección a la Mujer, El franquismo castigaba cualquier comportamiento que se alejara de su ideal de «ángel del hogar»Ya sabes: el hogar es el templo, la mujer es su «ángel de la guarda».
Nota personal: Es fascinante (y un poco inquietante) ver cómo la estética de los años 40 y 50 ha regresado con tanta fuerza. a través de las redes socialesSe rescata una estética de sumisión sin el contexto de coerción que la sustentaba. El envoltorio se consume (el vestido de flores, la tarta recién horneada) pero olvidamos que, para nuestras abuelas, ese envoltorio era muchas veces una célula.
El control social durante la dictadura española tuvo un brazo ejecutivo implacable para las mujeres: la junta de protección de la mujerr. Lo que se ocultaba bajo el nombre de «protección» era, en realidad, un sistema de internamiento destinado a corregir a quienes se atrevían a transgredir las normas morales y religiosas de la época.
El «pecado» de ser libre
La lista de motivos para ser enviado a uno de sus centros era tan difusa como arbitraria. No había necesidad de cometer un delito; Fue suficiente para ser señalado por «mala conducta». Dentro de los muros de sus conventos y reformatorios terminaron:
- mujeres rebeldes: Los que no obedecieron a sus padres, salieron de noche o llegaron tarde a casa.
- Víctimas de la exclusión: Madres solteras, mujeres pobres o trabajadoras sexuales.
- disidentes sexuales: Lesbianas o mujeres con una sexualidad fuera del matrimonio.
- simplemente joven: Chicas que vestían minifaldas o iban solas a un bar, gestos vistos como provocaciones intolerables.
Las células de castigo y el miedo como herramienta
el caso de Paca Díaz Ilustra la crueldad de los métodos de «corrección». Su pecado no fue un delito, sino su carácter: fue a manifestaciones y Bailé rock and roll en minifalda. En una familia marcada por un padre que ya había ido a la cárcel «por ser rojo», el miedo al régimen hizo que sus propios familiares la entregaran al Patronato.
«Me metieron en una celda de castigo donde no podías estirarte ni ponerte de pie», recuerda Paca. «No sabía si era de día o de noche. Los días pasaron sobre ti y saliste ciego porque la luz no te había dado. Te dieron comida y una lata para tus necesidades hasta que les dieron ganas de sacarte».
Para Consuelo García del Cid, otra de las supervivientes, el castigo comenzó con un engaño. Fue hospitalizada a los 17 años tras una supuesta visita al médico para vacunarse contra la gripe. Despertó 24 horas despuéslejos de su Barcelona natal, sin entender dónde estaba.
«Miré por la ventana, muerta de miedo, vi que todas las matrículas eran ‘M’. En ese momento me di cuenta de que me habían llevado a Madrid», cuenta Consuelo sobre su llegada a las Adoratrices, uno de los centros más graves de la capital. Su activismo y espíritu rebelde habían bastado para que su familia, asfixiada por la presión social, decidiera internarlo.
Una herencia que sobrevivió a la dictadura
Lo más impactante de este sistema es que la libertad quitada, las humillaciones y el trabajo esclavo No murieron con Franco. El Patronato sobrevivió a la muerte del dictador y extendió su sombra por diez años más en plena democracia.
Hasta su disolución definitiva en 1985, el paternalismo machista imperante los tachó de «histéricos», «mentalmente deficientes» o «ignorantes». Lo eran, ante los ojos de sus captores y de una sociedad que prefería mirar para otro ladoel «coño loco» de un sistema que nunca ha sido reconocido.
Aquella labor de “limpieza” social dejó una herida profunda. Lo que empezó en la miseria de 1941 acabó siendo una sentencia de décadas para miles de españoles cuyo único delito fue querer ser libre. Amén.
*Seguir laSexta en Google. Todas las novedades y el mejor contenido aquí.
*Puedes ver el programa completo de laSexta Columna ‘El Patronato: las mujeres mujeres esclavas de Carmen Polo’ en atresplayer.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí