la ciencia empieza a verlos como un espejo moldeado por la vida y por la sociedad
¿Por qué los sueños a veces parecen vívidos e inmersivos, mientras que en otras ocasiones se sienten fragmentados o difíciles de interpretar? Un nuevo estudio muestra que tanto las características individuales de cada persona como las experiencias de vida compartidas o los fenómenos sociales juegan un papel clave en la configuración de aquello que soñamos.
[–>[–>[–>A lo largo de mucho tiempo, diversas escuelas científicas han entendido a los sueños como un simple «eco» de lo vivido durante la jornada. Y aunque esa concepción ya se ha puesto en duda previamente, un estudio publicado en la revista Communications Psychology y liderado por investigadores de la Scuola IMT Alti Studi Lucca, en Italia, parece derrumbar definitivamente la antigua comprensión: sugiere que los sueños no solo recogen fragmentos de la experiencia cotidiana, sino que los reorganizan, los mezclan y los transforman en escenas nuevas, atravesadas por rasgos personales y por el contexto histórico-social en el que transcurre la vida de cada individuo.
[–> [–>[–>La investigación analizó 3.366 informes de sueños y experiencias de vigilia de 207 adultos entre 2020 y 2024, junto con medidas demográficas, cognitivas, psicométricas y de calidad del sueño. El hallazgo central es que el contenido onírico no aparece como una copia borrosa de la vida diurna: los científicos observaron que los sueños se desplazan desde narrativas centradas en el pensamiento y el mundo interno hacia experiencias perceptivas dominadas por detalles visuales y espaciales, múltiples personajes y episodios extraños o difíciles de explicar.
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El sueño como «reescritura» de la realidad cotidiana
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De esta manera, el cerebro no reproduce la realidad mientras dormimos: la reescribe bajo reglas complejas y atravesadas por la vida individual y social. Esa reescritura, además, no es aleatoria. Está asociada con rasgos relativamente estables, como la actitud hacia los sueños, las tendencias y comportamientos al dormir y la propia calidad del sueño.
[–>[–>[–>El trabajo también muestra que las diferencias individuales importan. Las personas con mayor propensión a la divagación mental tendieron a describir sueños más fragmentados y con cambios más frecuentes de escenario. En cambio, quienes otorgan mayor valor e interés a sus sueños reportaron experiencias oníricas más ricas e inmersivas. Según una nota de prensa, la investigación sugiere que la vida interior de cada persona influye en cómo se organiza el material del sueño y en la forma que adquieren sus escenas.
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Referencia
Los individuos y las experiencias predicen el contenido de los sueños. Valentina Elce et al. Psicología de la Comunicación (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s44271-026-00447-2
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La conexión social en los sueños
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Pero la dimensión personal está acompañada de otro elemento: los sueños también responden al entorno social. Para explorar ese punto, los autores analizaron una muestra independiente tomada durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19 en Italia, cuando los relatos oníricos mostraron más referencias a limitaciones, mayor intensidad emocional y una cercanía más fuerte con la tensión de la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, esos efectos se fueron normalizando, indicando que los sueños evolucionan junto con la adaptación psicológica a grandes eventos colectivos.
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[–>En consecuencia, soñar no significaría «desconectarse» del mundo, sino procesarlo de una forma singular, donde convergen aspectos personales y sociales: se trata de una elaboración activa de la experiencia individual, dentro de un contexto común compartido.
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