La cirugía robótica se afianza y descubre un nicho tecnológico industrial en España
La cirugía robótica en España está dejando atrás la etapa experimental para convertirse en una realidad. Los más de 150 robots quirúrgicos activos están distribuidos el 60% en la sanidad pública y el 40% en centros privados. Las multinacionales dominan el mercado sanitario … con Da Vinci (de Intuitive) como actor destacado. Pero las empresas españolas se están abriendo camino: Rob Surgical, con su robot modular Rob, o Cyber Surgery, enfocada a la cirugía ortopédica y de columna.
Las intervenciones con este abordaje se centran en la urología (como el cáncer de próstata), aunque su uso se extiende con éxito a otras especialidades como la ginecología, la cirugía digestiva, torácica, pediátrica y traumatología. Hasta ahora la urología concentraba el mayor número de casos, pero la cirugía general y digestiva la han superado.
La implantación en España, similar a la que se hace en el entorno europeo, presenta una «asimetría importante», en opinión de José María Balibrea del Castillo, secretario del comité científico del Asociación Española de Cirugía (AEC) y jefe del Servicio de Cirugía General y Aparato Digestivo del Hospital Germans Trias i Pujol (Badalona, Barcelona), único centro de Europa con este sistema en Urgencias: «Hay grandes concentraciones de plataformas robóticas en Cataluña, Madrid y en algunos hospitales de referencia a nivel nacional. Sin embargo, hay comunidades autónomas que o no las tienen o las tienen y no están en funcionamiento. Y a gran distancia de Estados Unidos, donde el uso de esta tecnología «está aumentando de forma absolutamente exponencial», comenta.
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María José Pérez-Barco
«En España, y prácticamente en todo el mundo –dice Balibrea– lo que tenemos es el oligopolio de Intuitive y su robot Da Vinci. Competidores como Medtronic o Johnson & Johnson no han reducido su influencia. «Los gigantes de Asia están empezando a desarrollarse en Europa». Cuando se habla de esta tecnología se tiende a pensar en intervenciones de tejidos blandos, robots que operan el abdomen o el tórax, pero el experto matiza que «se está desarrollando en otros campos como la traumatología, la cirugía plástica y los procedimientos de radiología intervencionista».
Formación pendiente
La formación de un cirujano para «dirigir» estos robots no es todo lo interdisciplinar que debería ser, se queja Balibrea: «Hoy en día, en el campo de la robótica y por cómo están diseñados los robots que utilizamos, somos meros usuarios. Desde una consola ejecutamos una serie de movimientos que se realizan en el interior del cuerpo del paciente. Aunque se han establecido una serie de programas de formación bastante estructurados, dependiendo de la industria, tenemos menos contacto del que nos gustaría con las personas que gestionan, diseñan y, sobre todo, utilizan los datos que genera el robot. Muy pocos cirujanos españoles participan en el diseño y mejora de plataformas robóticas. «La mayoría de empresas no quieren compartir estos datos, que nos ayudarían a mejorar la atención y los resultados quirúrgicos».
Rob, el sistema Rob Surgical, obtuvo en junio el marcado CE para intervenciones de urología dentro de la UE. Es el primer paso para recibir esta certificación también en cirugía general y ginecología, prevista entre este año y el próximo y consolidar su liderazgo en este sector en la UE. Fundada en 2012 por Josep Amat, Alicia Casals y Manel Figuerola, como spin-off de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), para afrontar los retos de la cirugía robótica, tiene su planta de producción en El Prat. El socio de referencia de la firma es Scranton Enterprises, holding de la familia Grifols, que pasó a ser accionista en 2018. Al frente está su consejero delegado Mario Ferradosa, una persona con una dilatada experiencia en el sector tras 35 años en Johnson & Johnson y otros 5 en CMR, otra empresa de cirugía robótica.
Este robot se utilizó por primera vez en el Hospital Clínic de Barcelona en 2023. Tiene «cuatro brazos de una sola columna y actualmente está centrado en realizar cirugías en la cavidad abdominal de los pacientes», indica Carlos Vives, jefe de estrategia del grupo.
El ministro Jordi Hereu inauguró la fábrica de Rob Surgical en El Prat de Llobregat, una de las empresas españolas mejor posicionadas en el desarrollo y comercialización de robots quirúrgicos.
«Presenta una arquitectura abierta, diseñada para poder integrarse con los equipos existentes en el propio hospital, el quirófano y las consultas actuales. “Intenta parecerse a lo que es un procedimiento laparoscópico”, añade. Rob, detalla Vives, “es compatible con cámaras, equipos de insuflación, puede utilizar los sistemas energéticos del hospital y su fácil capacidad de transporte permite el desplazamiento entre quirófanos e incluso entre hospitales”. La idea de la compañía es que esta herramienta, a punto de llegar al mercado, tenga un precio por operación inferior al de otros sistemas de la competencia.
El proceso de intervención se basa en un altísimo grado de precisión. «El cirujano opera sentado frente a una consola desde la que controla los cuatro brazos robóticos, cuyos instrumentos articulados en la punta ofrecen siete grados de libertad. El sistema escala los movimientos y filtra los temblores de las manos, permitiendo una precisión submilimétrica. Además, la cámara, que el propio cirujano dirige desde la consola, mantiene una visión ampliada y estable del campo quirúrgico, sin el temblor ni la dependencia de un asistente que sujeta el endoscopio típico de la laparoscopia convencional”, afirma Vives.
Que la cirugía robótica depende de la innovación tecnológica es un axioma. En este campo, se puede considerar disruptivo que la gestión algorítmica y el modelado de datos en tiempo real ayuden a minimizar errores y mejorar la reacción ante imprevistos críticos en pleno funcionamiento. Es un fenómeno complejo, donde las decisiones automatizadas están condicionadas por un marco digital saturado de variables concurrentes, con la IA a la vanguardia. La herramienta mecánica está subordinada a un conjunto de modelos geométricos y estadísticos. «Actualmente, los robots quirúrgicos no funcionan de forma autónoma; Son sistemas de asistencia controlados por el cirujano. La programación y la IA permiten filtrar temblores, optimizar trayectorias, reconocer estructuras anatómicas en imágenes médicas y mejorar la planificación quirúrgica, aumentando la seguridad y la precisión”, explica Walter Andrés Ortiz, profesor del Máster en Big Data y Ciencia de Datos de la Universidad Internacional de Valencia.
Geometría diferencial
¿Y en qué confían los programadores? Es la geometría diferencial la que proporciona el lenguaje matemático para describir la posición y orientación de los instrumentos quirúrgicos. «El movimiento puede modelarse –señala Ortiz- como trayectorias suaves sobre variedades diferenciables y grupos de transformaciones rígidas. Conceptos como curvatura, torsión y geodésicas permiten optimizar los movimientos minimizando errores, esfuerzos y riesgos para los tejidos.
El grado de precisión que alcanzan los robots es del orden de milímetros o incluso submilimétricos, superior al del movimiento manual humano en algunas tareas. Además, eliminan los temblores fisiológicos y permiten movimientos escalados, de modo que grandes movimientos de la mano se transforman en movimientos extremadamente finos de los instrumentos.
El docente también es partidario, como Balibrea, de perfiles multidisciplinares: «El cirujano aporta el conocimiento clínico y las necesidades del procedimiento; el programador implementa algoritmos y sistemas de control; el ingeniero de datos desarrolla modelos de IA a partir de imágenes y datos quirúrgicos, y el ingeniero en robótica integra hardware y software. La innovación surge precisamente de esta colaboración interdisciplinar.
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