la curación de un bebé catalán en 2023
Al religioso Reniel Alí Ramírez Herrera le toca una de esas tareas improbables que parecen salidas de otra época: llevar adelante la causa de beatificación de Antoni Gaudí. Tiene 33 años, es venezolano, de San Cristóbal, poeta y habla desde Roma con una mezcla de prudencia burocrática y entusiasmo contenido. El 14 de abril de 2025 Gaudí fue declarado «venerable» por el papa Francisco y, desde entonces, la maquinaria de la beatificación del «arquitecto de Dios» entró en otra velocidad. Ahora todo gira alrededor de un posible milagro, condición sine qua non para que la Iglesia católica finalmente declare beato al candidato.
[–>[–>[–>«El milagro ya está en estudio», dice, en entrevista con este diario. Pero enseguida pone límites. «No es que se pueda decir mucho porque estamos aún en esa fase», añade. Aun así, deja entrever una historia que parece escrita para alimentar el imaginario alrededor del arquitecto de la basílica de la Sagrada Família: una familia catalana vinculada a Gaudí, tratamientos médicos en Holanda y Alemania, y finalmente Barcelona. Ellos serían —o mejor dicho, su hijo— el origen del presunto milagro: «Se trata de un niño, un recién nacido. Es una historia muy particular».
[–> [–>[–>La causa finalmente no se fundamenta en los dos milagros (la curación de una cadera y de un problema de la vista) que los promotores habían esgrimido durante los últimos años. El caso presentado finalmente a Roma, explica, comenzó antes del nacimiento. «Ya se veía [el problema de salud del niño] en el vientre de su madre. Y a pesar de las complicaciones y de las sugerencias recibidas, decidió llevar a cabo este embarazo». Entonces vino «un pelea que llevaron a cabo con cierta tenacidad«. El episodio habría ocurrido en 2023 y 2024. Ahora el niño, dice Ramírez Herrera, «ya está caminando». No puede revelar mucho más.
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La documentación llegó a Roma el año pasado, enviada por la archidiócesis de Barcelona meses después de la declaración de Gaudí como venerable. Ahora están en la fase menos épica y más ‘romana (como se dice en jerga vaticana)’ del asunto: traducciones, anexos, precisiones documentales. Después vendrá la comisión médica encargada por el Dicasterio para las Causas de los Santos. «Ellos son los que tienen que decir: esto no lo podemos explicar [científicamente]Nunca dirán ‘esto es un milagro'».
[–>[–>[–>Viaje a España
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En torno a Gaudí circula desde hace meses un rumor persistente: que el papa León XIV podría anunciar su beatificación durante su próximo viaje a España. Ramírez Herrera, su postulador –una especie de abogado defensor, en lenguaje religioso–, enfría la expectativa. «Es poco probable». Armand Puig, miembro de la comisión pro beatificación del arzobispado de Barcelona, coincide: «Creo que lo podemos excluir. Es bastante improbable, no imposible, pero los plazos no dejan margen«. Explica el postulador que el procedimiento tiene tiempos propios y que «hasta que los médicos no den su plácet es muy difícil que el Papa se adelante». Además, las beatificaciones, recuerda, no suelen anunciarse en un escenario solemne, sino a través de «el boletín oficial [de la Santa Sede]» o la diócesis local. Y el estudio de los médicos suele durar «de dos a tres meses, quizá algunos meses más». «Y se suelen pedir ampliaciones de información», añade Puig. Pero ahí no sería el final. Luego vendría la revisión por parte de «los teólogos y los cardenales, y de ahí pasa al Papa», que tiene que dar el visto bueno definitivo. Mínimo: unos cuatro meses.
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Tanto el postulador como Puig, biógrafo también de Gaudí, comparten la aspiración de que el proceso tenga un desenlace dentro de este año. «Nuestra ilusión es que la aprobación del milagro, y por tanto la beatificación, coincida con el año centenar», dice Ramírez Heredia. Es decir, con el centenario de la muerte de Gaudí, en 2026. Pero no antes, porque «no da tiempo». «Tendría que el Papa levantarse y decir que nos ahorramos el estudio del milagro; el Papa tiene la facultad y autoridad para hacerlo». El difunto Papa Francisco, por ejemplo, lo hizo en alguna ocasión. Pero «fue una excepción«, subraya. Solo en dos casos es posible prescindir del milagro: que el candidato sea un mártir por «odio a la fe» o la voluntad papal cuando existe una «fama de santidad» reconocida tradicionalmente.
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[–>La causa, vista desde fuera, parece un engranaje inmenso. Pero el postulador se ríe cuando se le pregunta cuánta gente trabaja realmente en ella. «Quizá menos de la que probablemente imaginan». Enumera una pequeña red: una oficina en Barcelona, el responsable de las Causas de los Santos de la archidiócesis, Josep Maria Blanquet, uno de los consejeros de la Asociación Canónica pro Beatificación de Antoni Gaudí, Armand Puig, el vicepostulador Josep Turull, algunos historiadores y teólogos, y él mismo, que se define como «un intermediario entre la archidiócesis de Barcelona y la Santa Sede».
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La asociación pro-beatificación
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La historia de la beatificación de Gaudí tampoco empezó en la Iglesia católica, al menos no directamente. «Es curiosa la génesis de la causa», cuenta. «No inició formalmente a través de una petición de la iglesia local, sino a través de una junta llamada Asociación pro-beatificación de Gaudí, básicamente un grupo de laicos, que empezaron a trabajar en los noventa«. Desde 1992 su impulsor fue el arquitecto José Manuel Almuzara y solo en 2023 el arzobispado decidió hacer suya la iniciativa con la creación de la asociación canónica presidida por el propio cardenal Joan Josep Omella. «Hasta entonces daba apoyo, pero no intervenía», precisa Puig.
[–>[–>[–>Ramírez Herrera es ya el tercer postulador de la causa. Antes estuvieron la italiana Silvia Correale y la religiosa catalana Ramona Gabarró Canals, que abandonó porque la transfirieron a Venezuela. Él llegó en octubre pasado, aunque conocía el expediente desde antes. Pertenece a los Hijos de la Sagrada Familia, congregación vinculada al responsable de las causas de santos en Barcelona, y hoy es rector de la Iglesia de Santa Bibiana en los Jardines Licinianos de Roma. «El postulador tiene que residir en Roma según las reglas», aclara.
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Habla de este universo con familiaridad, aunque admite que «sí, un poco» es complicado. Además, en España, afirma, la Guerra Civil Española dejó durante décadas un terreno especialmente arduo para este tipo de procesos. Pero en el caso de Gaudí, cree que hay algo distinto: «Lo que está haciendo que todo sea más rápido es el interés que está suscitando la figura de un laico, y que detrás de un fenómeno como la Sagrada Familia haya no solo una dimensión cultural sino también espiritual».
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En lenguaje menos eclesiástico, se le sugiere, eso podría llamarse voluntad política. Él sonríe y concede: «Bueno, sí al menos en los últimos veinte años«.
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La conversación termina derivando hacia algo más amplio: el renovado interés cultural por los símbolos religiosos en España. Aparece el nombre de Rosalía, las referencias religiosas en sus canciones, la relación entre Iglesia y secularización. Ramírez Herrera evita las grandes teorías. «No sé, es un tema complejo». Pero vuelve a Gaudí y a una idea que parece resumir toda la causa. «Lo que sí estoy convencido es que esta causa ayudará a descubrir cómo la belleza se convierte en un camino de diálogo sincero entre creyentes y no creyentes, de esto Gaudí estaba convencido».
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