la DGT revela que el 75% se transforma al volante y pone en riesgo a motoristas
El 75% de los conductores reconoce que se transforma al volante. Adopta actitudes agresivas que nunca tendría caminando por la calle, y esta dualidad pone el foco en quienes viajamos sobre dos ruedas. Los datos que acaba de revelar un estudio de la Fundación Línea Directa difundido por la DGT, y deberían preocupar a todos los automovilistas.
El estudio que desmonta el mito del automovilista educado
La encuesta, realizada sobre una muestra representativa, lo confirma Tres de cada cuatro conductores admiten conductas agresivas en el tráfico que no tendrían en otras situaciones sociales. El volante parece desinhibir y saca a relucir una versión impulsiva que ignora las normas básicas de convivencia. Más allá de la anécdota, esta actitud tiene consecuencias directas para los usuarios vulnerables, especialmente los que vamos en moto.
El perfil del «conductor transformado» está formado por todos los estratos: hombres y mujeres, jóvenes y veteranos, según el informe. Y ocurre todos los días, no sólo en los atascos: un semáforo, una rotonda o un adelantamiento mal calculado son suficientes para desencadenar una reacción excesiva.
la iniciativa ‘Conductor sostenible’ de la Fundación Línea Directa busca combatir este fenómeno con un enfoque global que combine seguridad, convivencia y respeto ambiental. Porque el problema no es marginal: cada año se contabilizan más de 1.800 muertes en las carreteras españolas y el 90% de los accidentes se deben a errores humanos, muchos de los cuales están vinculados a agresiones o distracciones.
Lo que revelan los números: velocidad, alcohol y distracciones
Las cifras del estudio son convincentes. El 33% de los entrevistados admite que no respeta los límites de velocidad ni las distancias de seguridad. Y el 14% coge el coche tras consumir alcohol. Son hábitos que, si se transmiten cerca de una moto que circula por el mismo carril, se convierten en una verdadera amenaza.
La agresividad al volante, según los datos presentados, multiplica por 30 el riesgo de sufrir un accidente con lesiones graves. Además, la conducción irregular aumenta la congestión en las carreteras en un 17%, generando un círculo vicioso: más atascos, más frustración, más agresión. Para los motociclistas, que pesan apenas 200 kg respecto a las toneladas de un coche, la diferencia entre una colisión y una tragedia depende muchas veces de un gesto en el manillar o de un metro de distancia de seguridad que el otro conductor no nos abandone.
Otro dato preocupante: el 30% de los accidentes mortales se deben a distracciones -el móvil sigue siendo el rey- y casi la mitad de los fallecidos tenían niveles positivos de alcohol, drogas o psicofármacos. Un cóctel explosivo para cualquier usuario de la vía, pero letal para quienes como nosotros somos desencarnados.
La carrocería del coche es una armadura psicológica: el conductor olvida que al otro lado hay personas tan vulnerables como él fuera del vehículo.
¿Por qué los automovilistas son los más vulnerables?
Si hay un colectivo que sufre directamente las agresiones viales son los motociclistas. Una motocicleta no está equipada con airbag, ni con cinturón, ni con un habitáculo que absorba los impactos. Así, cuando un conductor agresivo se pega a nuestro volante, nos corta el paso o acelera para “darnos una lección” sin calcular las distancias, estamos a un segundo de acabar en el asfalto. Esto no es teoría: en 2024, según los partes de accidentes de la DGT, las víctimas mortales de motocicletas y ciclomotores representaron un porcentaje cada vez mayor del total de víctimas mortales en carretera. Y la mayoría de estos accidentes tuvieron como factor concomitante un manejo inadecuado por parte del otro vehículo.
El estudio destaca que la empatía con el resto de usuarios es la clave para reducir la siniestralidad. Una conducción más amigable no sólo protege: también facilita el tráfico y reduce el estrés general. Los datos, sin embargo, muestran que vamos exactamente en la dirección opuesta. Así, a medida que avanza la conciencia, la supervivencia del motociclista sigue dependiendo de su propia actitud defensiva, anticipándose a la agresión de los demás y nunca respondiendo a una provocación.
Mientras no haya más controles ni más formación, La mejor protección para el automovilista es dar por sentado que nadie le ha visto y conducir con margen. Porque el ‘conductor transformado’ no parece dispuesto a ceder su carril.
Tu mecánico de confianza
- conducción imprudente: según el artículo 380 del código penal, conducir con manifiesta imprudencia se castiga con pena privativa de libertad de 6 meses a 2 años y con la privación del permiso de 1 a 6 años. Si un coche hace una maniobra peligrosa contra ti, anota la matrícula y repórtalo a la policía si fue grave.
- Distancia de seguridad: No respetarlo te puede costar 200 euros y 3 puntos en tu carnet (artículo 65.2 de la Ley de Seguridad Vial). Recuerda que en caso de mal tiempo habrá que duplicar esta distancia. Y tú, motociclista, siempre deja algo extra para quien crees que no te ve.
- Alcohol y drogas: con una tasa superior a 0,25 mg/l en el aire espirado (0,5 g/l en la sangre) se arriesga a una multa de 500 euros y 4 puntos (artículo 20.2). Si además provocas un accidente, las consecuencias penales aumentan. En moto, el tipo cero es el único seguro.
- Seguro y accidente: Si bien la agresividad del otro conductor no te exime de culpa, es fundamental contar con una cobertura adecuada para reclamar una indemnización por daños y perjuicios. Revisa tu póliza y considera la defensa jurídica, especialmente si utilizas tu moto a diario para desplazamientos urbanos.
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