La empleabilidad de los graduados universitarios
El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades acaba de publicar los últimos datos de la estadística de afiliación a la Seguridad Social de los egresados universitarios, que se corresponden con la cohorte 2019-2020. Esta cohorte tiene especial interés porque se corresponde con quienes obtuvieron su título de grado durante la pandemia, en un momento de confinamiento, en el que la búsqueda de empleo era más compleja por la situación de incertidumbre a la que las empresas se enfrentaban.
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En el caso de la Universidad de Oviedo, los datos nos muestran un efecto claro: transcurrido un año desde la graduación, la tasa de afiliación a la Seguridad Social era de un 41,08%, tres puntos porcentuales inferior a la del año anterior. Sin embargo, el efecto es temporal y, transcurrido un año más, la cohorte 2019-2020 ya tiene una inserción laboral superior a la de las cohortes previas. Este comportamiento se mantiene posteriormente situándose en el 80,3% cuatro años después de haber obtenido el título universitario.
[–> [–>[–>Si atendemos a la base media de cotización anual de quienes están trabajando, la cohorte más reciente es la que obtiene el salario más elevado en los cuatro años posteriores a la graduación. Sin duda, el crecimiento económico que se ha registrado en el último quinquenio está afectando positivamente a la trayectoria laboral de los universitarios más jóvenes. La Gran Recesión mostró cómo los efectos de las crisis sobre la empleabilidad de los jóvenes eran no solo de corto plazo, sino también de largo. Afortunadamente, el crecimiento experimentado tras la pandemia nos muestra que la integración en el mercado de trabajo es menos compleja en una situación de expansión y que las posibilidades de promoción aumentan, mejorando las condiciones laborales de los trabajadores.
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La diferencia entre ámbitos de conocimiento es notable, siendo las Ciencias de la Salud las que obtienen mayores tasas de afiliación y mayores salarios. La mejora de los datos sobre inserción laboral de los universitarios ha mejorado sustancialmente en los últimos años. La citada estadística nos proporciona información por cohorte, ámbito de conocimiento y universidad, y han proliferado las publicaciones sobre este tema mostrando diferencias por grados. Son habituales los rankings comparativos entre universidades y grados que, desafortunadamente, no tienen en cuenta una variable clave en la inserción laboral de los titulados: la condición socioeconómica. Como se ha probado en numerosas publicaciones, el entorno familiar, el nivel educativo de los padres o su educación tienen una influencia clara sobre los ingresos laborales.
[–>[–>[–>¿La elección de ámbito de especialidad debería centrarse en las expectativas de empleo de los diferentes grados? En mi opinión, la respuesta es, sin duda, no. También importan, y mucho, las preferencias, los gustos. Y, sobre todo, el actual mundo del trabajo está cambiando mucho y en poco tiempo. Lo que hoy se demanda mucho puede ser menos necesario en el futuro cercano. Quizá las competencias específicas asociadas al campo de estudio importen menos y las competencias generales asociadas a un grado universitario sean realmente las que definen la empleabilidad.
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Se están produciendo grandes transformaciones, sobre todo en el ámbito de la inteligencia artificial (IA) generativa, que están redefiniendo las empresas y las tareas en todos los sectores. El informe «Future of Jobs Report 2025», recientemente publicado, prevé que estas tendencias impulsen la demanda de competencias tecnológicas de forma transversal.
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[–>Las ocupaciones se están transformando con rapidez y existe mucho interés sobre los efectos que la IA puede tener en términos de empleos. La Organización Internacional del Trabajo ha desarrollado una metodología para estimar los posibles efectos de la IA generativa sobre las ocupaciones existentes. Sus estimaciones muestran que las ocupaciones más expuestas a la IA son aquellas que se caracterizan por tener una baja variabilidad de tareas, y ahí tenemos desde programadores web y desarrolladores de software hasta analistas financieros, traductores o matemáticos. En cambio, en aquellas profesiones con una alta variabilidad de tareas –como maestros, artistas, jueces o profesionales de la salud– la exposición a la IA es menor.
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En todo caso, la clave está en las competencias que nuestra formación nos proporciona. El informe «Future of Jobs» ya citado identifica las que son competencias centrales: pensamiento analítico, flexibilidad y resiliencia, liderazgo, pensamiento creativo, motivación y alfabetización tecnológica entre las más relevantes. También lo es la curiosidad y la formación a lo largo de la vida.
[–>[–>[–>Si queremos elegir especialidad teniendo en cuenta la empleabilidad, probablemente deberíamos pensar en las competencias que nos proporciona el título y en las tareas que nos permiten realizar esas competencias… de manera que no sean fácilmente sustituibles por la IA.
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