La encíclica de León XIV, una nueva «Rerum Novarum» para la era de la IA según la iglesia asturiana
La Iglesia asturiana coincide en leer la primera encíclica de León XIV, «Magnifica Humanitas», como un documento llamado a marcar época. De la misma forma que la histórica «Rerum Novarum» de otro León, el XIII, lo hizo con la revolución industrial, ahora la primera encíclica de este nuevo pontificado quiere sentar nuevas bases ante otro desafío tecnológico. Es una advertencia para impedir que la inteligencia artificial domine lo humano pero sin rechazar las nuevas tecnologías. Los sacerdotes asturianos coinciden en su trascendencia.
[–>[–>[–>David Cuenca, director del Instituto diocesano de Teología y Pastoral San Juan Pablo II y profesor en el Seminario de Moral Social, destaca el hecho de que León XIV presentara personalmente el texto –»nada es casual en la Iglesia»– y lo califica como «un documento de primer orden magisterial». «Quiere dejar claro que esta encíclica va a ser un hito, una guía, un faro en los próximos años de por dónde debe de caminar la Iglesia en el ámbito social», explica. Y llama la atención sobre el hecho de que se escribe en el 135 aniversario de la Rerum Novarum de 1891. La atención a la IA, explica, muestra que el Papa «vive en medio de la sociedad» y ofrece «una palabra para todos» que ayude «a reorganizar esa escala de valores que a veces perdemos entre tanto dato y tanta noticia». La encíclica, matiza, no condena la tecnología, sino que la pone en su lugar y desenmascara «unos nuevos monopolios que quieren concentrar este poder tecnológico en manos privadas»: «No se trata de renunciar a la tecnología, porque está muy bien, sino de impedirle el dominio sobre lo humano; el verdadero progreso nace siempre de un corazón que esté abierto al otro, no de un algoritmo matemático».
[–> [–>[–>Cuenca lo ilustra con un ejemplo cotidiano: «Utilizamos la IA para hacer unos vídeos preciosos y mandárselos a nuestros seres queridos, pero luego no somos capaces de dedicarles un tiempo cuando están en el hospital enfermos o en una residencia». Cuenca repara, por último, en un guiño literario: el Papa, agustino, teólogo y matemático, recoge una frase de Gandalf del libro «El retorno del rey» para ilustrar el principio de sostenibilidad, lo que la encíclica llama «Desarrollo Humano Integral»: «No nos atañe a nosotros», reza la cita de Tolkien, «dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir. Extirpando el mal en los campos que conocemos y dejando que los que vengan después tengan una tierra limpia para la labranza».
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El sacerdote y sociólogo José Manuel Parrilla, experto en docgtrina social, ve en la encíclica un documento programático. «Al ser la primera, siempre se piensa en esos términos y sí es verdad que en el documento aparecen deberes para la propia Iglesia». En su análisis, destaca que el documento supone «una puesta al día de la doctrina social de la Iglesia desde el gran tema de nuestro tiempo», y coincide en el juego de espejos que el texto hace con «De Rerum Novarum», «hace el mismo movimiento», señala. Pero antes de meterse con la nueva tecnología, León XIV dedica la mitad del texto «a recuperar los fundamentos de la doctrina social, la dignidad humana, el sentido social de la justicia, la solidaridad, la subsidiariedad… Considera un acierto que el Papa se meta de lleno en la realidad de la Inteligencia Artificial y sus amenazas en forma de «transhumanismo» o «tecnofascismo» y que lo haga con una visión «muy trabajada». «No es una herramienta cualquiera, sino que reconfigura al ser humano, y por ello el Papa está solicitando que se intervenga, que se regule ese mundo, porque si no quedará en manos de unos cuantos privados que podrán llegar a destrozar cualquier visión respetuosa con el ser humano».
[–>[–>[–>Parrilla destaca también como otro acierto la forma en que León XIV muestra la cara oculta de este deslumbramiento tecnológico: «la precariedad laboral de quienes trabajan recogiendo los minerales, las tierras raras, y los del trabajo oscuro de recopilar datos, una nueva esclavitud moderna».
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Parrilla introduce dos matices. Uno, el lamento ante el apartado en el que se hace referencia a la mujer, en el apartado referido a las minorías: «Me parece insuficiente, entre otras cosas porque no pueden ser minoría cuando son la mitad y en la Iglesia son, además, mayoría aplastante, al menos en número, porque otra cosa es la presencia o el poder que tengan». Pese a esta crítica, para Parrilla una de las cuestiones más valiosas del texto de León XIV son esos deberes que pone a la Igleisa: «no es solo una palabra dirigida a la sociedad, es también un examen de conciencia para la Iglesia, a la que reclama un estilo sinodal, una cultura de transparencia y rendición de cuentas, una participación real y no nominal que evite el paternalismo».
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[–>La eficacia y la humanidad
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El párroco de San José, en Gijón, y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Melchor de Quirós y del de Estudios Teológicos, Fernando Llenín, advierte que le falta aún una lectura en profundidad de la encíclica, pero destaca la densidad del texto. «No es una encíclica fácil, abarca términos técnicos, una reflexión bíblica y una valoración ética muy profunda, que parte de la concepción del hombre en el cristianismo, lo que llamamos la dignidad de la persona». Más allá de la IA, señala, «habla de desafíos antropológicos, de cambio epocal, de problemas de la fundamentación de la ética». Llenín sitúa la importancia de la encíclica en la forma de encarar el reto tecnológico: «La ética tecnocrática, basada en la eficacia, no puede ser un criterio moral último, no se puede fundamentar una sociedad globalizada en la mera funcionalidad y en la mera eficacia».
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Por último, el catedrático de Historia Javier Fernández Conde coincide en lo decisivo del documento. La IA, afirma, es «una herramienta que va a transformar la cultura; ya lo está haciendo y va a ser trascendental». Valora especialmente «la condena absoluta al abuso de poder»: «Siendo un americano como es él tiene muchísimo más valor», añade. Y elogia el realismo del Papa, que «sabe perfectamente que todos los cambios tienen cosas buenas y malas».
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