La Fiscalía pide otros 36 años de cárcel para El Tuvi por el asesinato machista de Isabell Raducanu, la mujer embarazada de 6 meses a la que mató de 37 cuchilladas
El 11 de junio de 2019, cuando fue asesinada en su casa de Xàtiva de 37 cuchilladas tras haberla dejado sin conocimiento con un mataleón, Isabell Elena Raducanu tenía 36 años, estaba embarazada de seis meses de la que habría sido su tercera hija, Briana, y era madre de otros dos hijos, un chico, M. A., en ese momento de 16 años, y una niña, L. A., que entonces tenía solo 6. Su hermano, Gavril, que busca una Justicia que no acaba de llegar, ha tenido que esperar siete años exactos -mañana se cumple el séptimo aniversario del crimen– para conocer la petición de pena de la Fiscalía, 36 años; tantos como tenía su hermana cuando el único acusado de su asesinato, David Soler Oltra, alias El Tuvi, cometió esa atrocidad, cinco meses antes de su tercera víctima mortal, Wafaa Sebbah, la joven de 19 años a la que mató en Carcaixent y por cuyo asesinato está cumpliendo la máxima pena, prisión permanente revisable (PPR).
[–>[–>[–>El escrito de calificación provisional de la Fiscalía, representada por Carmen Nicasio Aliaga, la misma que logró esa condena a PPR para Soler Oltra por el salvaje asesinato de Wafaa tras el juicio con jurado que se siguió contra el asesino en la Audiencia de València, ha sido conocido este martes y ahora es el turno para que presenten los suyos los abogados que ejercen la acusación particular en nombre de Gavril, los letrados Florentina Marin y Sergio Noguero, y el que defiende a Soler Oltra. A partir de ahí, con la investigación judicial concluida, ya se podrá fijar fecha de juicio.
[–> [–>[–>Es un crimen machista: buscaba poder y control
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En el caso de la acusadora pública, considera a El Tuvi autor de tres delitos: asesinato, aborto y robo con violencia. Y todos ellos con la agravante de género, es decir, que es un crimen machista, porque «el encausado los llevó a cabo como expresión de su superioridad y dominación sobre la mujer para experimentar sensaciones de poder y control sobre Isabell«. El primero lo es porque se trató de un homicidio agravado por dos circunstancias: el ensañamiento -las 37 cuchilladas, que aumentaron innecesariamente el sufrimiento de la víctima- y la alevosía -no tuvo oportunidad de defenderse: el ataque letal con el cuchillo empezó cuando la tenía inconsciente tras haberle realizado el mataleón, una técnica de estrangulamiento sanguíneo propia de algunas artes marciales que deja a la víctima sin sentido en segundos-. Por ello, Nicasio Aliaga solicita la pena más alta, 25 años.
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El delito de aborto, por la muerte violenta de Briana. En este caso, no puede tipificarse como un asesinato porque esa hija, de 24 semanas de gestación, no llegó a nacer, por lo que legalmente no puede ser sujeto de ninguna de las formas de homicidio. La fiscal solicita por este delito 6 años, el grado medio que contempla el artículo 144 del Código Penal, que considera penas de entre 4 y 8 años por provocar un la muerte del feto cuando no hay consentimiento de la madre, como es el caso.
[–>[–>[–>Isabell, en una selfie, orgullosa de su embarazo. Ella tomó esa foto poco antes de ser asesinada. / TERESA DOMÍNGUEZ
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El teléfono móvil de Isabell
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Finalmente, solicita otros cinco años más, el máximo posible teniendo en cuenta que ocurrió en casa habitada y con uso de un cuchillo, por el delito de robo con violencia, ya que el autor del crimen se llevó consigo el bolso de Isabell -de la marca Guess, especifica la Fiscalía- con todas sus pertenencias, incluido un monedero y la documentación de la víctima, así como su teléfono móvil, un iPhone XS Max de color gris espacial -y funda rosa-, y la caja correspondiente a otro teléfono de la misma marca y modelo, algo que será básico para su condena.
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Aunque el robo no era el objetivo real de Soler Oltra, quien había ido en numerosas ocasiones al piso de Isabell como putero -la mujer ejercía la prostitución en la vivienda, con la anuencia de su compañero sentimental y padre de Briana-, el hecho de que acabara llevándose todos esos objetos, tasados en 1.140 euros, probablemente para borrar el rastro de su paso por la casa, acabará añadiendo una pena más a la más que probable condena que le será impuesta tras el juicio.
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[–>A ello se le suma una indemnización de 140.000 euros para cada uno de los hijos vivos de la víctima y 50.000 más para su marido, investigado como presunto asesino de Isabell hasta hace poco menos de un año.
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¿Una instrucción de siete años?
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La principal queja de Gavril -su madre ha fallecido en este largo tiempo de espera sin haber visto Justicia para su hija- es, evidentemente, el inexplicable retraso que ha sufrido este caso desde el principio. Por comparar: Wafaa fue asesinada el 17 de noviembre de 2019, cinco meses y seis días después de Isabell, y su cuerpo tardó dos años en ser encontrado en el fondo del pozo de riego al que la arrojó su asesino, y aun así, el caso está juzgado y sentenciado en firme tras su paso por tres tribunales, la Audiencia de València, el TSJCV y el Tribunal Supremo. Y mientras, el de Isabell, sigue anclado en el juzgado de Instrucción de Xàtiva, por muy inminente que sea su paso a la oficina de jurado para ponerle fecha a la vista oral.
[–>[–>[–>La razón principal es que la investigación policial se centró desde el primer momento en un candidato que reunía todas las papeletas, Juan Vicente A. N., el marido de Isabell y padre de la niña que ella gestaba. Una cascada de mensajes de WhatsApp -en alguno llegó a amenazarla con «cortarle el cuello»: casi todas las 37 cuchilladas estaban entre la garganta y la barbilla, y ni una en la barriga- y los testimonios de las amigas de Isabell, que relataban el infierno de maltrato al que la sometía, junto con contradicciones y mentiras en sus declaraciones -como la hora en que dijo haber encontrado el cuerpo- y la presencia de su semen en la vagina de la víctima pese a haber afirmado que no había tenido relaciones con ella desde tres días antes de su muerte, lo situaron tan en primera línea que, al cabo de nueve meses, acabó detenido y acusado judicialmente del asesinato de su mujer y de la muerte de su hija nonata. Era marzo de 2020, justo un día antes del confinamiento de la población por la pandemia de Covid-19.
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Isabell con su hermano Gavril, su madre y su hija, en una foto tomada poco antes de su asesinato. / Levante-EMV/Foto cedida por la familia
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ADN altamente incriminatorio
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Todos los esfuerzos policiales se dirigieron hacia Juan Vicente A. N., dejando a un lado algunos datos bastante reveladores. Bajo la sandalia negra de tacón del pie izquierdo de Isabell -estaba totalmente desnuda, a excepción del calzado-, la Policía Científica recogió un calzoncillo negro. De su análisis salió una mezcla de ADN: el de la víctima y el de un varón, entonces, desconocido. Esa misma mezcla fue hallada en la cara interna de ambas muñecas de Isabell. La policía concluyó que era el calzoncillo de un cliente que el asesino había dejado en la escena, tras frotarlo contra las muñecas de la víctima, con ánimo de incriminar a uno de los puteros que acudían al domicilio.
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Sin embargo, obviaron dos muestras más de ADN del mismo varón desconocido altamente incriminatorias: las obtenidas de debajo de dos uñas de la víctima. En otras palabras, Isabel intentó en algún momento repeler la agresión, probablemente ya muy debilitada, y por eso solo se llevó piel de su presunto asesino con dos de los dedos.
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Ese ADN no fue identificado hasta enero de 2021. Y pertenecía a David Soler Oltra. ¿Y por qué no antes? Muy sencillo, porque, pese a sus detenciones anteriores, no se le tomó la muestra biológica hasta el verano de 2020, cuando fue arrestado por un delito grave: el intento de homicidio de su entonces novia, a la que, como a Wafaa y, presuntamente, a Isabell, le hizo un mataleón por no retirar la denuncia de maltrato La muestra viajó al laboratorio central de Criminalística de la Guardia Civil, en Madrid, pero no entró en la base de datos hasta enero de 2021, a q luego lo intento cuando se produjo la coincidencia- por una nueva anomalía del sistema: el brutal retraso en el procesamiento de muestras por el enorme número de expedientes que acumula el único laboratorio de ADN que tiene el Instituto Armado.
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Mentiras sobre mentiras
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A finales de febrero de ese 2021, David Soler Oltra, que aún no era ni sospechoso en el asesinato de Wafaa -no lo fue hasta mayo de ese año-, fue citado en el despacho del grupo de Homicidios de la Policía Nacional para tomarle declaración solo como testigo. Admitió que el calzoncillo era suyo, pero dijo habérselo olvidado tiempo antes, un día que, dijo, tuvo que salir corriendo del piso, urgido por Isabell, para que no lo encontrara Juan Vicente; explicación poco creíble, dado que este no solo conocía la actividad de su pareja, sino que se beneficiaba de los ingresos económicos.
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Además, mintió sobre su paradero el día del crimen, ya que dijo que estaba trabajando cuando, en realidad, estaba desempleado. Aun así, continuó como testigo. Para la policía, pero también para la jueza de Xàtiva, que no lo citó para interrogarlo, nuevamente como testigo, hasta el 5 de junio, once días antes de su detención por el asesinato de Wafaa y doce antes del hallazgo del cuerpo de la joven en el fondo del pozo.
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Todavía tuvieron que pasar siete meses, hasta enero de 2022, para que la jueza de Xàtiva decidiese imputar el asesinato a Soler Oltra, y otros tres meses más para que decretase prisión provisional por este caso -en ese momento, abril de 2022, ya llevaba diez meses preso por el crimen sádico-sexual de Wafaa, así que no había riesgo de fuga-. Y mientras, Juan Vicente A. N. continuó como imputado también en el crimen de Isabell Raducanu, situación que se ha mantenido hasta hace aproximadamente un año, cuando la magistrada instructora de Xàtiva levantó la acusación por asesinato para él, aunque sigue incurso como inculpado en un procedimiento paralelo por violencia machista. Y entre esas idas y venidas judiciales y policiales se han pasado los siete años de los que, además, intentará beneficiarse el asesino de Wafaa alegando dilaciones indebidas. Otro castigo añadido para la familia de Isabell.
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