La Fraternidad San Pío X consuma el cisma con el Vaticano de León XIV: «Pagaremos cualquier precio»
Ha ocurrido en una gran tienda de campaña blanca montada en una pradera de Écône, en la Suiza francófona, sede histórica del movimiento. Dentro, un altar de terciopelo carmesí, candelabros dorados, flores, estatuas y alfombras de estilo oriental. Todo en latín, los sacerdotes de espaldas al pueblo, como manda la tradición que este grupo lleva décadas defendiendo en abierta riña con Roma. Así se ha consumado este miércoles el cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX); una ruptura que, si bien es de un grupo minoritario, es muy dolorosa para la Iglesia católica y de consecuencias «graves», como llegó a advertir el propio Papa, para los cerca de medio millón de fieles que cuenta la FSSPX en el mundo.
[–>[–>[–>La puesta en escena ha aparecido cuidada en el más mínimo detalle: una ceremonia retransmitida en directo por Internet en seis idiomas y cientos de sacerdotes de alba blanca sentados en filas perfectas sobre la hierba, como si la liturgia del siglo XVI hubiera decidido hacer una excursión al campo. Entre el público, numerosos fieles e incluso representantes de un partido posfascista italiano. La única nota no prevista en el programa la puso el cielo: una tormenta de agua que se descargó sobre Écône pasadas tres horas del inicio de la ceremonia, aguando literalmente la que el superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani, había llamado «una jornada histórica» y «una fiesta».
[–> [–>[–>Cualquier precio
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«Pagaremos cualquier precio para salvar a la Iglesia», había dicho poco antes Pagliarani, en su homilía. «El sacrificio que Dios nos pide hoy es ser tratados como rebeldes, pero nosotros queremos servir a la Iglesia como a una madre en dificultad, que sufre, una madre a veces traicionada, una madre que necesita y merece ser amada», había añadido. «Debemos hacer todo lo posible para ayudarla y sostenerla. Podríamos quedarnos indiferentes, pero eso sería traicionar a la Iglesia».
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Pagliarani también rechazó que su decisión sea un acto de desprecio al Papa. «Nos acusan de no respetar al Papa. Nosotros hablamos el lenguaje de la fe, de la tradición, escuchamos a las personas para convertirlas. Hay que dejar de hablar por hablar», afirmó. «Solo hay una fe, por eso cuesta entenderse. Con estas consagraciones no vivimos en el resentimiento sino en la alegría y en la esperanza. Dios no nos ha abandonado y no nos abandonará; las consagraciones lo demuestran».
[–>[–>[–>Los cuatro obispos consagrados —no reconocidos por el Vaticano y, por tanto, sin mandato pontificio, lo que en términos canónicos equivale a la excomunión automática de todos ellos y de quien los ordenó— son el suizo Pascal Schreiber, de 53 años, ordenado sacerdote en el mismo Écône en 1998; el estadounidense Michael Goldade; y los dos franceses Michel Poinsinet de Sivry, de 42 años, y Marc Happier, de 36.
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Extrema derecha
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El partido posfascista italiano Forza Nuova no desaprovechó la ocasión para ponerse en el escaparate. «Muchos de nosotros, y el secretario nacional Roberto Fiore a la cabeza, siempre en sintonía con el pensamiento de monseñor [el fundador del grupo, Marcel] Lefebvre y la Fraternidad, continuamos este asunto junto a aquellos que nunca han bajado la bandera de la Tradición», afirmó Adriano Da Pozzo, jefe del secretariado nacional del FN. El movimiento de Fiore ha utilizado la catolicismo tradicional preconciliar como pilar de su identidad política, contrastándola con la sociedad moderna y globalizada. Una causa, una bandera, una misa latina.
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[–>El último intento de León XIV de frenar la rebeldía lefebvrista se produjo el martes, veinticuatro horas antes. «Desgarrar la túnica de Cristo» es «un pecado de extrema gravedad», les advirtió Robert Prevost. «Os ruego y os pido con todo el corazón: ¡volved sobre vuestros pasos!», añadió.
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No sirvió de nada. Horas más tarde, el propio Pagliarani respondió agradeciendo «sinceramente» la carta del pontífice, pero sin dar señales de tener intención de recular. «Estas almas no tienen más deseo que alcanzar la salvación por medio de este instrumento que la Providencia ha puesto a su disposición», escribió, antes de rematar con otra metáfora materna: «Deseamos servirla mediante medios extraordinarios, como se ayuda a una madre que atraviesa una grave dificultad y necesita una ayuda particular que no todos comprenden».
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