la guerra en Irán amenaza con dejar sin camiones a España
El espectro del desabastecimiento vuelve a planear sobre la economía española. Tres semanas después del estallido de la guerra en Irán, el sector del transporte lanza una advertencia que recuerda a los peores momentos de la pandemia y la crisis energética: si no hay más medidas urgentes, podrían empezar a faltar camiones… y con ellos, productos.
La Confederación Española de Transportes de Mercancías ha sido tajante. Su secretario general adjunto, Dulsé Díaz, ha advertido de que el escenario actual podría llevar a Problemas de suministro «en determinados sectores» si el Gobierno no aprueba un segundo paquete de ayuda. El problema ya ha comenzado a gestarse, según el sector, por la escalada de los precios de los combustibles.
El detonante es el aumento del combustible. La escalada de precios derivada del conflicto en Oriente Medio está asfixiando a un sector que opera con márgenes muy estrechos. «Con estos precios no se puede trabajar», reconoció Díaz poniendo en blanco y negro una realidad que se está extendiendo rápidamente entre los profesionales del transporte.
De hecho, algunos transportistas ya han comenzado renunciar a rutas que no cubren costos. Es decir, hay bienes que directamente deja de moverse porque no es rentable transportarlos. Y ahí es donde aparece el riesgo real, ya que menos camiones en circulación significa que menos productos llegan a su destino.
El transporte por carretera es la principal vía de distribución de la economía española. Más del 90% de las mercancías viajan sobre asfalto. Cualquier shock significa problemas en los supermercados y en la distribución y retrasos en la industria.
El Comité Nacional de Transportes por Carretera ya ha calificado de «insuficientes» las medidas incluidas en el plan anticrisis aprobado por el Gobierno. El sector considera que el actual paquete llega tarde y se queda corto ante un escenario que califican de incluso más grave que el vivido tras la invasión de Ucrania.
La presión ha llevado a una reunión urgente en el Ministerio de Transportes, donde representantes del sector han puesto sobre la mesa 14 nuevas propuestas. Entre ellas, ayudas directas al combustible de entre 20 y 25 céntimos por litro, subvenciones de hasta 1.500 euros por vehículo o una mayor indexación del precio del combustible en los contratos de transporte.
El Ejecutivo, de momento, está dispuesto a «colaborar» y ha anunciado una Mesa de Diálogo que arrancará este lunes, pero el tiempo corre en contra. Cada día que pasa con los precios del diésel en niveles elevados aumenta la tensión en el sector. Y el riesgo de una ruptura en la cadena de suministro ya no es un escenario teórico.
Aun así, el propio sector quiso lanzar un mensaje de relativa calma: el suministro está garantizado hoy. No hay escasez generalizada. Pero esa garantía tiene fecha de caducidad si no se corrigen los desequilibrios actuales.
El problema no es exclusivo de España. En países como Argentina, el impacto del aumento de los precios de los combustibles está siendo aún más extremo. La Federación Argentina de Entidades Empresariales de Autotransporte de Carga ha advertido sobre aumentos en los precios del diésel de entre el 20% y el 25% en apenas unas semanas, hasta niveles récord.
Allí las empresas ya hablan abiertamente del riesgo de parálisis. «No es una amenaza, es una imposibilidad», advierten, destacando que el combustible representa hasta un tercio de sus costes. Si no se actualizan las tarifas, muchas empresas se verán obligadas a dejar de operar. Y el resultado es el mismo: escasez.
España no está en esa situación, pero las señales empiezan a ser similares. Subida acelerada de costes, márgenes al límite y un sector clave que empieza a dar síntomas de fatiga.
Todo esto en un contexto inflacionario que agrava el problema. El aumento de los precios de la energía no sólo afecta al transporte, sino a toda la economía. Cada aumento de combustible se traslada al precio final de los productos, generando un círculo vicioso: transportar es más caro, producir es más caro, consumir es más caro.
El resultado es una presión cada vez mayor sobre las empresas y las familias. Y en el medio, una cadena logística que empieza a tensarse peligrosamente. Pesa el precedente de la crisis de Ucrania, pero el sector insiste en que esta vez el impacto está siendo más rápido e intenso.
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