La hipocresía de los aranceles
Según la Fundación del Español Urgente (Fundéu RAE), promovida por la Agencia EFE y la RAE (Real Academia Española), la palabra del año 2025 es arancel. Y si cualquiera de nosotros se pone a pensar el por qué se nos vendrá a la mente, de manera inmediata, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y así es, fue él quien la puso de moda en todo el mundo durante el pasado año.
[–>[–>[–>Me gustaría hacer una reflexión sobre esta cuestión. ¿De verdad creen ustedes que Trump es el gran culpable de los aranceles? ¿Me creerían si les digo que Europa ( no nos engañemos, nosotros), aplicamos unos aranceles mucho mayores que los de Estados Unidos? La respuesta a las dos preguntas es indiscutible: Ni Trump es el gran culpable y los europeos fijamos unos aranceles superiores a los nuevos de Trump (no digamos a los antiguos, donde prácticamente eran insignificantes).
[–> [–>[–>Miren ustedes, una de las palabras que mas detesto es hipocresía. ¿Habrá algo mas deleznable que alguien que actúa en consonancia a principios que al mismo tiempo critica? Y es indudable que, en mi opinión, esta palabra esta más de moda en España que arancel. ¿Porque no es de hipócritas hablar de cien años de honradez y ser el campeón de la corrupción? ¿No es de hipócritas decir que se quiere terminar con la prostitución cuando la prostitución pagó su casa y el coste de su campaña en unas elecciones? ¿No es de hipócritas decir que jamás se negociaría con los independentistas y ahora se acuesta con ellos? En fin, podíamos seguir hasta completar páginas y páginas acerca de la hipocresía de este individuo y de toda su banda.
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Pero lo que me trae hoy ante ustedes es la relación entre las palabras hipocresía y arancel. Decía la ínclita Von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea), en relación a los aranceles de Trump, que «los aranceles son impuestos» y que «son malos para los consumidores americanos». Y oigan, lo manifestaba sin despeinarse, sin ningún rubor, sin ponerse colorada. ¡Como si en Europa no hubiera aranceles!
[–>[–>[–>Que son impuestos y que son malos para los consumidores es una cuestión irrefutable, pero, por supuesto, también para los europeos. Porque todos los ciudadanos perdemos al costarnos más caros los productos extranjeros que compramos. Pero no todos pierden, algunos ganan. ¿Y quiénes son esos? Si pensamos en Europa, la Unión Europea y los diferentes Estados miembros (pues el dinero recaudado es para ellos), y las empresas europeas que compiten con esos productos a los que se les pone aranceles, pues se aprovechan de que esos productos de importación sean más caros y les cueste más competir en Europa. Para que se hagan una idea, Europa se embolsó unos 100.000 millones de euros en los últimos 5 años y España 2.975 millones, y, evidentemente, los pagamos los ciudadanos europeos.
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Si me preguntan si son justos o no, les diría que depende quien responda. En mi opinión, favorecen a los gobiernos (recaudación fiscal) y a algunas empresas, habitualmente grandes (protección industria local), pero perjudican a los consumidores (es una carga para los ciudadanos, frena el crecimiento global y tiene un efecto inflacionario) y a determinadas empresas al costarles más caras sus materias primas.
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[–>Vivimos inmersos en la hipocresía. A los gobiernos europeos les parecen mal los aranceles de otros, pero no los suyos. Se decide quitar los coches de combustión en 2035 hasta que protesta la industria del automóvil europea y ya no se eliminarán hasta 2050, mientras se suben los aranceles a los coches chinos. Protesta la siderurgia y se ponen unos aranceles de locos al acero asiático. Eso sí, los pequeños productores europeos que compraban su acero en Asia para ser competitivos ya no lo podrán hacer, aun teniendo que enfrentarse con los productores chinos que casi no tienen aranceles en Europa. Pero esos son pequeñas empresas, no tienen miles de trabajadores…, no les importan a nadie. Esa es la gran hipocresía de la Unión Europea y de los sindicatos; me preocupo de los grandes, no de los pequeños.
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Y mientras ponemos aranceles a los coches chinos para que a los europeos nos salgan más caros, le damos una subvención de 300 millones a fondo perdido a la China CATL y a Stellantis para su fábrica de baterías en Figueruelas (Zaragoza). Y sí, invertirán mucho dinero y la fábrica será importante para Aragón, pero de ahí a aceptar que vengan 2.200 trabajadores chinos hay un abismo. Porque una cosa es la inversión y otra la colonización de China.
[–>[–>[–>En fin, queridos lectores, el mundo está lleno de hipocresía y de cinismo. Por eso, cuando escuchemos a alguna «lumbrera» política hablar de aranceles, pensemos que siempre beneficiarán a algunos y perjudicarán a otros. Y todo estará movido por intereses empresariales y no por justicia ciudadana. A fin de cuentas, los contribuyentes somos lo grandes parias del juego arancelario.
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