La independencia del Banco Central
Imagine que su salario pierde valor de la noche a la mañana, que su hipoteca se vuelve impredecible y que sus ahorros se evaporan con cada subida de precios. La independencia de los bancos centrales es uno de los escudos que le protege de ese caos. Mantenerla significa estabilidad para su día a día, especialmente en tiempos de incertidumbre política. Y, sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando más crece la tentación de interferir en las decisiones de estas instituciones y someterlas a una auténtica hipertensión política.
[–>[–>[–>Ese impulso se da en distintos países y de formas diferentes, con especial intensidad en Estados Unidos, de la mano de Donald Trump. El presidente de la primera economía del mundo ha acosado públicamente al responsable de la Reserva Federal, Jerome Powell, y ha anunciado que en mayo lo sustituirá un hombre alineado con su agenda, Kevin Warsh. En Francia, el gobernador del Banco Central, François Villeroy de Galhau, ha dimitido un año antes de acabar su mandato. La inesperada decisión da vía libre a Emmanuel Macron para designar a su sustituto sin esperar a las próximas elecciones presidenciales, en las que se da por hecho el avance de la ultraderecha. No son situaciones idénticas ni responsabilidades equiparables, pero sí revelan una tendencia común: cuanta más incertidumbre, mayor es la presión por controlar la política monetaria.
[–> [–>[–>Más importante que la táctica concreta es la consecuencia. La autoridad monetaria deja de ser un límite neutral y se convierte en un instrumento sujeto a intereses políticos. La historia de países como EE UU, Reino Unido o Alemania muestra que, cuando eso sucede, la economía termina pagando el precio.
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Separar la autoridad monetaria del poder político no es, por tanto, tomar partido por un gobierno u otro. Se trata de reconocer que hay reglas que existen para funcionar incluso cuando los resultados electorales no gustan. Defender la independencia de los bancos centrales es, en definitiva, firmar un seguro colectivo que protege a los ciudadanos del oportunismo de los políticos impacientes.
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