La industria lo tiene imposible en España – Manuel Fernández Ordóñez
Llevamos años escuchando un mantra calmante y anestesiante: «tenemos renovables, tenemos sol, seremos potencia industrial y digital«Lamentablemente, cuando llega la realidad, insiste en demostrar que la planificación realizada por un ministerio normalmente no cuadra. Especialmente cuando se planifica desde la ideología y el sectarismo.
En España, La industria electrointensiva paga significativamente más por la electricidad que en los países con los que competimos directamente. Hechos, no historias. No es un matiz Es una losa estructural. lo que se traslada al precio final, márgenes y decisiones de inversión. Cuando producir aquí cuesta significativamente más que producir en Francia o Alemania, las consecuencias no se solucionan con disquisiciones académicas, sino que hablamos de deslocalizaciones, proyectos que se paran, plantas que no se amplían y puestos de trabajo que se pierden.
La realidad es que Nuestra industria paga un 167% más que la industria francesa y un 36% más que la industria alemana. A finales de diciembre, en España el MWh se pagaba a 58,78 euros, mientras que en Francia se pagaba a 22,05 euros y en Alemania a 43,23 euros. ¿Quién puede competir con esto? ¿Quién puede jugar en igualdad de condiciones un partido en el que empieza perdiendo dos a cero?
A esto se suma otro factor devastador: la situación de la red eléctrica. La red española se ha convertido en el cuello de botella de la economía del futuro. Podemos hablar de inteligencia artificial, centros de datos y “hubs digitales” todo lo que queramos, pero sin capacidad real de conexión y con eternos plazos burocráticos, el capital hace lo de siempre: buscar certezas en otra parte. Las inversiones se deciden según criterios tan prosaicos como un marco estable, seguridad regulatoria, red eléctrica confiable, acceso disponible o costos contenidos. Si la red se satura, no hay ni habrá «España digital». Debemos asumirlo lo antes posible.
Tampoco ayuda mucho la farsa que hemos asistido en los últimos meses: la guerra entre el Gobierno, la CNMC y las eléctricas por la retribución de la inversión en redes. Mientras unos predican la planificación, otros anuncian objetivos y, mientras tanto, el dinero –que es el oxígeno de cualquier infraestructura– recibe señales contradictorias. Se requiere invertir, pero el regreso esta demonizado; se busca red, pero el inversor es sospechoso; se solicita el despliegue, pero la rentabilidad es limitada. Y cuando el capital duda, no se realizan inversiones, la red no se moderniza y perdemos el tren del progreso. Es así de simple.
La ironía es que el problema de los elevados costes fijos del sistema eléctrico tiene una solución de manual: distribuirlos en más kilovatios hora. Es decir, aumentar la demanda a través de la electrificación industrial, la nueva industria y el consumo productivo. Pero eso no está sucediendo al ritmo necesario. Sin aumento de la demandaLos costos fijos pesan más. Con más costes fijosla electricidad se vuelve más cara. Con electricidad más cara, la producción industrial cae. Un círculo vicioso catastrófico… y perfectamente evitable.
Hemos convertido cualquier proyecto de inversión en una peregrinación imposible, un vía crucis administrativo y un martirio del capital. Así no se construye el futuro de un país, más bien se desmantela pieza por pieza. Así no se siembra prosperidad… se cosecha decadencia.
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