La inflación en Estados Unidos escala al 3,3%, máximo en casi dos años, por la guerra de Irán
La guerra en Irán ya se está sintiendo en los precios en Estados Unidos. La oficina de estadística estadounidense ha anunciado que la inflación aumentó en marzo hasta 3,3% en el país norteamericano, frente al 2,4% registrado un mes … antes, lo que supone alcanzar máximos de casi dos años. Un punto en alza en cuestión de 30 días debido al conflicto y está por ver hasta dónde podría aumentar en los próximos meses si la guerra se enquista.
Los precios de la energía están detrás de este aumento del IPC en Estados Unidos. En concreto, en el mes de marzo el coste de la energía se disparó un 12,5% anual, mientras que el precio de los alimentos subió un 2,7% respecto al mismo mes del año anterior. Una situación similar a la que se ha producido en Europa, donde el impacto de la guerra también se ha dejado sentir, especialmente en el combustible.
Por su parte, el tasa de inflación básicaque descuenta el impacto de la volatilidad energética y alimentaria, aumentó hasta el 2,6% anual en marzo, una décima por encima del dato de febrero. En este caso sí muestra estabilización, dejando claro que la energía ha sido la culpable de la subida del IPC.
En la comparación intermensual, en el mes de marzo la inflación se aceleró hasta el 0,9%, el triple del incremento observado en febrero, con un incremento mensual del 10,9% en la energía, mientras que el precio de los alimentos se mantuvo estable.
Tal como están las cosas, estos datos podrían provocar una reacción de los bancos centrales de todo el mundo. En el caso de Europa, donde la inflación también golpea el bolsillo de los ciudadanos, los analistas descuentan entre dos y tres subidas de los tipos de interés oficiales para intentar mantener la inflación bajo control. En EE.UUSin embargo, el panorama es algo diferente.
La Reserva Federal estadounidense ya decidió en marzo mantener los tipos entre el 3,50% y el 3,75%. En su caso, los analistas no tienen tan claro que la institución vaya a acometer subidas del precio del dinero para enfriar la economía y bajar el IPC, más aún teniendo en cuenta las enormes presiones del presidente norteamericano, Donald Trump, para avanzar precisamente por el camino contrario.
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