La llegada del verano en Cuba, entre la grave crisis energética y las pocas opciones
La llegada del verano a Cuba se convierte en un prueba de estrés para familias quienes -en medio de prolongados apagones, escasez de alimentos, transporte y limitadas opciones de disfrute- buscan un pequeño alivio al intenso calor y la grave crisis que vive el país en las playas al oeste de La Habana.
«Hay muy pocas opciones, pero qué vamos a hacer, no podemos ir a ningún otro lado. Tenemos que quedarnos aquí hasta que haya un cambio», dijo a Efe el joven habanero Tailuma Chuy, quien pasaba la tarde en un segmento de la costa que linda con el municipio Playa, una costa de arrecifes; pero relativamente cerca del centro de la ciudad y al que se puede llegar caminando o sin depender del transporte público.
Esta habanera de 35 años reconoció en tono conformista que «El cubano es un fiestero»y para intentar disfrutar de eventos como el Mundial de 2026, dice que lo ha hecho «conectando los televisores a Ecoflow» (una de las marcas de centrales portátiles) o descubrir los resultados en línea«quien tenga datos móviles», en medio de apagones que superan las 20 horas seguidas en La Habana.
La crisis empeora
La crisis energética en Cuba iniciada a mediados de 2024 se ha agravado en los últimos meses debido al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos desde enero, y sanciones reforzadas Desde mayo han ahuyentado a las empresas extranjeras.
En La Habana, como en el resto de la isla, el transporte público ha desaparecido. La basura se acumula en las calles sin equipo de recolección. Los hospitales sólo ofrecen algunos servicios mínimos y los precios se han disparado en todos los ámbitos, especialmente en los alimentos y medicinas en los mercados informales.
En ese sentido, el mar también se convierte en un alivio para el habanero de 60 años, Arturo Acostaquien explicó a Efe que camina desde el municipio de La Habana Vieja hasta la llamada «Playita de 16», en la Avenida 1 de Miramar (a más de 15 kilómetros), para «salpicar un poco de agua de mar en su pie». esperando que su úlcera saneya que comenta que no tiene “dinero para pagar los medicamentos”. “No tenemos luz, no tenemos luz, no tenemos agua, no tenemos nada”, dice emocionado Acosta.
«En Oriente no hay mucho»
El panorama suele ser más tenso en el resto del país, donde los apagones han alcanzado hasta 72 horas consecutivas, situación cotidiana para Delcy Linares, una cubana de la oriental provincia de Las Tunas, quien junto a su familia permanece por estos días en la capital de la Isla, por problemas médicos, y trata de buscar opciones para sus hijos en el verano.
«Hasta ahora casi todo ha sido playa. Estamos profundizando en las otras ofertas que tiene La Habana porque no somos de aquí, somos de Las Tunas. Vinimos por razones médicas», dijo junto a su esposo al ingresar al Acuario Nacional de Cuba, institución estatal que ofrece actividades recreativas y donde convergen empresas privadas dedicadas sobre todo a la gastronomía. «Estamos tratando de que los niños disfruten y vean cosas que allá no se ven, porque en Oriente no hay mucho», dijo al unísono el matrimonio cubano.
Una zona privilegiada, pero sin turismo
La zona occidental de La Habana, privilegiada por las playas y donde se encuentran varios hoteles -que ahora permanecen en su mayoría vacíos-, así como restaurantes, centros recreativos y casas privadas de alquiler, muestra también estos meses la fotografía más representativa de la caída del turismo en Cuba.
Turismo, uno de los tres mayores fuentes de divisas para la isla, estaba en crisis desde la covid-19, pero la presión estadounidense ha acabado arrasando el sector, frenando la llegada de vuelos por falta de combustible y provocando la salida de empresas hoteleras extranjeras como las españolas Meliá e Iberostar, la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipiélago International, ante la amenaza de sanciones.
Cuba recibió, entre enero y mayo de 2026, 359.491 turistas internacionales, según cifras oficiales, un 58 % menos que en el mismo período del año anterior, que ya había sido el peor en más de dos décadas (excluyendo los años de la pandemia).
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