La mayoría no son adolescentes difíciles; son adolescentes intentando entenderse
Nacida en Barcelona en 1980, Irene Villarejo tuvo claro desde muy joven que quería dedicarse a la Psicología. Le interesaba comprender el comportamiento humano, por qué cada persona reacciona de forma distinta ante una misma situación y qué factores influyen en la manera de sentir, actuar y relacionarse. Con el tiempo decidió especializarse en adolescencia, una etapa que considera decisiva porque en ella se construyen muchas de las bases emocionales y personales del futuro. Desde esa mirada aborda el nuevo servicio EBEN que abre en Navia, un espacio de escucha, prevención y acompañamiento dirigido a adolescentes.
[–>[–>[–>-¿Qué opina del servicio que abre Navia? ¿Es tan necesario? ¿Por qué?
[–> [–>[–>-Creo que es un servicio muy necesario, a la par que demandado por los propios adolescentes, un dato que es muy importante recordar. Los adolescentes de hoy viven una realidad muy distinta a la de hace unos años: más exposición, más presión, más comparación… Muchas veces no necesitan que alguien les “arregle”, sino que les ayude a entender lo que sienten y les dé herramientas para gestionarlo. Ahí es donde nace EBEN: como un espacio cercano, preventivo y accesible donde puedan sentirse escuchados y acompañados antes de que el malestar se haga más grande.
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-Un adolescente se encierra en sí mismo, ¿qué hacer como padres?
[–>[–>[–>-Lo primero es no entrar en pánico ni convertir cada silencio en un interrogatorio. A veces los adolescentes se aíslan porque no saben expresar lo que les pasa, no porque no necesiten ayuda. Como familias, lo más importante es mantener el vínculo disponible: estar presentes, escuchar más que corregir y transmitirles que pueden acudir a nosotros sin miedo a decepcionar. Muchas veces no necesitan soluciones inmediatas, sino sentir que hay un adulto estable acompañándolos.
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–Como profesional, ¿cree que la Administración tiene retos pendientes? ¿Cuáles?
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[–>-Sí. Creo que todavía tenemos un reto importante en prevención y en acceso temprano al acompañamiento emocional. Muchas veces llegamos cuando el malestar ya está muy avanzado. Necesitamos más recursos cercanos, más coordinación entre educación, servicios sociales y salud, y más espacios comunitarios donde los adolescentes puedan pedir ayuda sin sentir que “estar mal” es algo grave o vergonzoso.
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-¿Qué cambiaría en los centros de enseñanza?
[–>[–>[–>-Creo que los centros educativos están haciendo mucho más de lo que a veces se reconoce, pero necesitan más apoyo y más recursos especializados. Incorporaría más educación emocional real y práctica dentro del día a día, no solo como algo puntual. También más espacios donde trabajar habilidades sociales, autoestima, regulación emocional y gestión de conflictos, porque aprender a convivir y cuidarse emocionalmente también es educación.
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Un momento de la presentación del proyecto, en Navia. / Ana M. Serrano
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–¿Se da poca importancia al bienestar emocional de los menores? ¿Cómo cambiaría eso?
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-Durante muchos años el bienestar emocional se consideró algo secundario. Hoy sabemos que no lo es. Un adolescente que no sabe gestionar lo que siente difícilmente podrá aprender, relacionarse o desarrollarse con equilibrio. Creo que el cambio pasa por normalizar hablar de emociones, dejar de asociar pedir ayuda con debilidad y crear espacios accesibles y cercanos donde los menores puedan expresarse antes de llegar al límite.
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–¿Qué mitos desterraría de la adolescencia?
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-El mito de que «la adolescencia siempre tiene que ser un caos» o que los adolescentes son problemáticos por naturaleza. La mayoría no son adolescentes difíciles: son adolescentes intentando entenderse en una etapa muy intensa y en una sociedad que muchas veces va demasiado rápido incluso para los adultos.
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–¿Qué oportunidades se abren a los adolescentes?
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-Muchísimas. Es una generación con una enorme capacidad de adaptación, sensibilidad social y acceso a información y oportunidades que antes no existían. También veo adolescentes mucho más abiertos a hablar de salud mental, emociones y bienestar, y eso es algo muy positivo.
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-¿Qué lectura hay que hacer de sus comportamientos?
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-Muchas veces detrás de ciertos comportamientos hay saturación emocional, inseguridad o dificultad para gestionar lo que sienten. Por eso creo que es importante mirar más allá de la conducta y preguntarnos qué puede haber detrás. A veces un adolescente no necesita más castigo o más presión, sino más comprensión y herramientas.
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–¿Cómo espera que funcione el servicio en Navia?
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-Espero que se convierta en un espacio cercano, natural y accesible. Que los adolescentes puedan sentir que acudir a EBEN no es algo raro ni grave, sino simplemente un lugar donde hablar, aprender herramientas y sentirse acompañados. Y también espero que ayude a prevenir situaciones de malestar antes de que se cronifiquen.
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–¿Cree que será posible que los adolescentes desfilen por un despacho público?
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-Creo que sí, precisamente porque el enfoque es diferente. No se presenta como un lugar clínico o distante, sino como un espacio cercano de escucha y acompañamiento. Además, al estar ubicado en la segunda planta de la Casa de Cultura de Navia, es bastante íntimo y confidencial, ya que nadie tiene por qué ver si acceden o no.
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–¿Qué medidas tomaría como profesional en el ámbito municipal y regional?
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-Invertiría mucho más en prevención y en recursos comunitarios de proximidad. También impulsaría programas de educación emocional continuada, apoyo a familias y coordinación entre profesionales. Muchas veces pequeños espacios de acompañamiento a tiempo pueden evitar problemas mucho mayores en el futuro.
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–¿Cuál es el error más frecuente de las familias cuando tienen un adolescente en casa?
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-Intentar solucionar demasiado rápido lo que sienten o interpretar ciertos cambios como ataques personales. La adolescencia necesita límites, sí, pero también mucho vínculo, escucha y presencia emocional. A veces los adolescentes no necesitan padres perfectos, sino adultos disponibles y coherentes.
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–¿Qué le diría a los profesores que a veces se quedan sin recursos por no ser profesionales de la Psicología?
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-Que no están solos y que no se les puede pedir que sostengan absolutamente todo. Los docentes están viendo muchas realidades complejas dentro del aula y hacen muchísimo más de lo que a veces se reconoce.
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–¿Cómo ve a los adolescentes?
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-Los veo sensibles, saturados y muchas veces muy exigidos consigo mismos. Pero también los veo creativos, conscientes y con una enorme capacidad de adaptación. No creo que sea una generación débil. Creo que es una generación expuesta a muchísimo estímulo y presión desde edades muy tempranas.
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—¿Qué depara el futuro?
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—Creo que el futuro dependerá mucho de cómo decidamos acompañarles hoy. Si seguimos priorizando únicamente el rendimiento y no el bienestar, aumentará el malestar emocional. Pero también creo que estamos en un momento importante de cambio y conciencia social. Cada vez se habla más de prevención, salud mental y acompañamiento emocional, y eso abre oportunidades muy positivas.
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—Si digo adolescencia, usted dice una palabra.
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—Construcción.
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