La muerte no incomoda si sabes cómo hablar de ella, pero como sociedad aún nos cuesta nombrarla
Herminio González es médico, oncólogo en concreto. Ejerce actualmente como médico paliativista; es decir, médico que ofrece cuidados al final de una vida. Este jueves ha impulsado una jornada en Avilés, en el palacio de Valdecarzana, sobre cuidados paliativos en el marco de las actividades de conmemoración del 50.º aniversario del Hospital Universitario San Agustín, en colaboración con la dirección del mismo. Solo en el área avilesina se atendieron durante 2025 a 361 pacientes que generaron 3.519 consultas, de las que 1.985 se realizaron en domicilios. Este jueves se proyectó también el documental «Hay una puerta ahí», seguido de un coloquio con profesionales de referencia en cuidados paliativos y humanización de la atención sanitaria, entre ellos Jacinto Bátiz, director del Instituto para Cuidar Mejor. También intervino, vía telemática en este caso, Enric Benito, oncólogo especialista en cuidados paliativos. En la organización del encuentro colabora también la Fundación Pía Aguirreche. Herminio González atiene a LA NUEVA ESPAÑA poco antes de la sesión.
[–>[–>[–>-¿Qué mensaje principal le gustaría que la sociedad se llevase sobre el valor de los cuidados paliativos y el acompañamiento al final de la vida?
[–> [–>[–>-Que los cuidados paliativos no son el final de nada, sino una forma profundamente humana de cuidar la vida hasta el último momento. No se trata solo de morir, sino de vivir con dignidad, sin sufrimiento evitable y acompañado. El objetivo es añadir vida a los días cuando ya no podemos añadir días a la vida. Y también entender que la muerte no incomoda si sabes cómo hablar de ella. Cuando la abordamos con naturalidad y respeto, deja de ser un tabú y se convierte en una parte más del proceso vital.
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-Todavía existen muchos mitos sobre los cuidados paliativos. ¿Cuál cree que es el más extendido y cómo lo desmontaría?
[–>[–>[–>-El mito más extendido es que los cuidados paliativos significan “no hacer nada” o “tirar la toalla”. Y es justo lo contrario. En paliativos hacemos mucho: controlamos síntomas complejos, acompañamos emocionalmente, apoyamos a las familias y ayudamos a tomar decisiones difíciles. No es renunciar, es cambiar el discurso: de curar a cuidar.
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-El área sanitaria de Avilés incorporó en 2025 un tercer equipo de apoyo. ¿Cómo ha cambiado esto la atención a pacientes y familias?
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[–>-Ha supuesto una mejora muy importante en accesibilidad y continuidad asistencial. Nos permite llegar antes, atender a más personas y ofrecer un seguimiento más cercano, especialmente en domicilio. También reduce tiempos de espera y facilita que las familias se sientan más acompañadas en momentos de mucha vulnerabilidad.
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-Más allá del control del dolor, ¿qué dimensiones —emocional, social, espiritual— considera fundamentales en el trabajo paliativo?
[–>[–>[–>-El dolor no es solo físico. Existe el dolor emocional, el miedo, la incertidumbre, los conflictos familiares no resueltos, las preocupaciones sociales y, en muchos casos, las preguntas espirituales sobre el sentido de la vida y de la enfermedad. El abordaje paliativo es integral: escuchamos, mediamos y ayudamos a cerrar etapas. A veces, una conversación difícil que se convierte en honesta alivia tanto como un fármaco.
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«A veces llegamos tarde por miedo o desconocimiento.Uno de los retos es normalizar la incorporación temprana de los cuidados paliativos»
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-¿Se apoya también a las familias y cuidadores durante el proceso y después del fallecimiento del paciente?
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-Sí, absolutamente. La familia forma parte de la unidad de atención. Les orientamos, les enseñamos a cuidar, les apoyamos en la toma de decisiones y ofrecemos seguimiento en el duelo cuando es necesario. Cuidar al que cuida es una parte esencial del trabajo paliativo.
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-¿Qué papel juega la atención domiciliaria en el modelo actual de cuidados paliativos del área sanitaria avilesina?
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-Es un pilar fundamental. La mayoría de las personas desean permanecer en su entorno, en su casa, rodeadas de los suyos. La atención domiciliaria permite respetar ese deseo siempre que sea posible, ofreciendo control de síntomas, apoyo profesional y evitando ingresos hospitalarios innecesarios.
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Asistentes a la jornada / Luisma Murias
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-Desde su experiencia como oncólogo, ¿en qué momento debería plantearse la derivación a cuidados paliativos? ¿Se llega a tiempo?
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-Debería plantearse mucho antes de lo que tradicionalmente se hace. Los cuidados paliativos no son exclusivos de los últimos días. Integrarlos precozmente mejora la calidad de vida, ayuda a planificar y reduce sufrimiento. A veces llegamos tarde por miedo o desconocimiento; uno de los retos es normalizar su incorporación temprana.
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-Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos para consolidar una verdadera cultura del cuidado en nuestra sociedad?
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-El principal reto es cambiar la mirada social hacia la muerte y la vulnerabilidad. Necesitamos más formación, más recursos y más conversación abierta sobre el final de la vida. La muerte no incomoda si sabes cómo hablar de ella, pero como sociedad aún nos cuesta nombrarla. Cuando aprendemos a hacerlo de forma honesta, desaparece parte del miedo y aumenta la capacidad de acompañar mejor. También es clave garantizar equidad territorial y que el acceso a cuidados paliativos no dependa del lugar donde uno viva.
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-Enric Benito dijo en algún momento que morir bien en España depende del código postal. ¿Está de acuerdo? ¿Cómo se muere en Asturias, y dentro de Asturias?
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-Es cierto que existen diferencias entre comunidades e incluso dentro de una misma región. En Asturias contamos con una red consolidada y profesionales muy comprometidos, pero aún hay margen de mejora en equidad y recursos. Si queremos que la muerte no incomode, debemos aprender a hablar de ella con transparencia y garantizar que todas las personas tengan acceso a una atención paliativa de calidad, independientemente de dónde vivan.
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-¿Qué opina de la ley de eutanasia?
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-Es un debate complejo que merece todo el respeto. Como profesionales paliativistas, nuestra misión es aliviar el sufrimiento y ofrecer alternativas reales de cuidado integral. Cuando los cuidados paliativos están bien desarrollados, muchas peticiones de adelantar la muerte disminuyen. Lo fundamental es garantizar que toda persona tenga acceso a un cuidado digno antes de plantear cualquier otra opción.
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-¿Por qué se ha hecho experto en paliativos?
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-Porque es una de las áreas más humanas de la medicina. En paliativos aprendemos cada día sobre lo esencial: el valor de una conversación a tiempo y sincera , de una despedida bien gestionada, de un síntoma bien controlado que devuelve paz. Hay una enorme dignidad y una gran belleza en acompañar sin abandonar, en estar presentes cuando más se nos necesita.
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