la nevada que lo cambió todo
La tormenta Filomena llegó a España en enero de 2021 sin pedir permiso y con una intensidad que superó todas las predicciones. Lo que empezó como un aviso meteorológico acabó convirtiéndose en una de las mayores nevadas registradas en décadas, especialmente en Madrid y su área metropolitana. En cuestión de horas, la nieve cubrió carreteras, calles y tejados, paralizando pueblos enteros y dejando imágenes de latitudes mucho más frías, mientras que la normalidad desapareció bajo un manto blanco de hasta medio metro en algunos lugares.
En medio del caos, Filomena también sacó a relucir el lado más lúdico y sorprendente de la nevada. Calles normalmente saturadas de tráfico se transformaron en pistas de esquí improvisadas, parques llenos de familias jugando, muñecos de nieve frente a las puertas y miles de fotografías compartidas en las redes sociales como testimonio de un momento único. Madrid, acostumbrada al asfalto, Fue redescubierto durante unos días como un inmenso escenario invernal donde la nieve fue, durante unas horas, fuente de placer colectivo.
El hielo que vino después: el peligro real
Cuando cesó la nevada llegó la parte más crítica. El repentino descenso de las temperaturas convirtió la nieve en peligrosos casquetes de hielo que se expandieron durante días, provocando caídas, accidentes y un riesgo constante para la seguridad de las personas. Los transportes sufrieron averías prolongadas, las carreteras quedaron intransitables y miles de árboles, debilitados por el peso de la nieve, cayeron sobre aceras, coches y tendidos eléctricos. dejando un rastro de daños que tardarían semanas en repararse.
Para hacer frente a la situación se desplegó un amplio sistema de emergencia en el que participaron quitanieves, servicios municipales, la Unidad Militar de Emergencias y diversos cuerpos de seguridad. Se dio prioridad a la apertura de carreteras principales, el acceso a hospitales y el rescate de personas varadas mientras las administraciones coordinaban recursos en un escenario sin precedentes. De todos modos, La magnitud de la tormenta mostró los límites de las infraestructuras no acostumbradas a nevadas de esta magnitud.
La tormenta política tras la tormenta de nieve
Filomena no sólo dejó nieve y hielo, sino que también alimentó fuertes tensiones políticas. Las acusaciones cruzadas entre el Gobierno central y las administraciones madrileñas marcaron la historia posterior, con reproches sobre la gestión, previsión y uso político de la imagen en plena emergencia. Mientras algunos piden unidad y cooperación ante el desastre, otros denuncian la propaganda y la falta de coordinación, transformar la nevada histórica en un nuevo frente de confrontación institucional.
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