la obsesión que une a Jeffrey Epstein, Silicon Valley y los nazis
Antes de ahorcarse en la celda en la que esperaba ser juzgado por tráfico y explotación sexual de menores, Jeffrey Epstein creía en la inmortalidad. Tanto que, durante décadas, utilizó su ingente caudal de dinero para financiar «nuevas teorías de la biología» que explorasen cómo prolongar la vida o perfeccionar la raza humana.
[–>[–>[–>Epstein no ocultaba su fascinación por el transhumanismo, un controvertido movimiento intelectual que aboga por utilizar la tecnología y la ciencia para mejorar el ser humano. Esta filosofía, con múltiples corrientes, abraza desde el uso de lentillas o prótesis exoesqueléticas para corregir «errores» biológicos, hasta la fusión humano-máquina mediante chips cerebrales o incluso descargar la mente en la nube. Como indica su propio nombre, esa interrelación en transitoria, pues su misión es que el homo sapiens evolucione hacia el poshumanismo, un hipotético estadio en el que se logra esquivar la muerte.
[–> [–>[–>Los críticos denuncian que el transhumanismo no solo bebe de fantasías irrealizables de la ciencia-ficción, sino que supone una versión moderna de la eugenesia, la desacreditada creencia de que se puede perfeccionar la raza humana mediante el control de la reproducción. Esa visión, profundamente racista y capacitista, se ha traducido históricamente en la esterilización forzosa de personas consideradas «inferiores» como las negras, judías, gitanas o aquellas con discapacidades. Ningún régimen ha enarbolado más diabólicamente esas prácticas que la Alemania nazi de Adolf Hitler, que se sirvió de esas ideas para justificar un genocidio para purificar a la pretendida raza aria.
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Hitler saluda a la multitud en un evento deportivo en 1935. / SWR Cultur
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«Follar mucho»
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Los últimos documentos desclasificados en Estados Unidos arrojan más luz sobre esa oscura obsesión. Epstein era partidario de la edición genética. En 2014, participó en un exclusivo «estudio personalizado de longevidad» que pretendía utilizar el ADN extraído de su saliva para crear medicina regenerativa e incluso células madre, informa la CNN. El pedófilo convicto habló entusiasmado de las diferencias genéticas entre blancos y negros con el intelectual Noam Chomsky, quién rechazó sus posiciones, según un correo electrónico de 2016. En otro, un remitente desconocido le pregunta si ha secuenciado su genoma, a lo que Epstein responde en tono chistoso que tiene «dos genes recesivos que provocan follar mucho», según archivos analizados por Mother Jones. Hasta 1.000 mujeres y niñas fueron víctimas de su red de abusos.
[–>[–>[–>Obsesionado con la inteligencia, Epstein se veía a sí mismo como el resultado de la superioridad genética. Como un elegido. Quizás por eso planeó fecundar a 20 mujeres de golpe para propagar su ADN entre la humanidad, según destapó en 2019 una investigación de The New York Times. Que se sepa, su visión nunca llegó a materializarse.
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Epstein planeó fecundar a 20 mujeres de golpe para propagar su ADN entre la humanidad, según The New York Times
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Vínculos con Silicon Valley
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La intersección entre transhumanismo y racismo científico no son cosa del pasado. Parte de esa doctrina pseudocientífica sigue permeando en la actualidad, tanto entre partidos de derecha radical que ven en los inmigrantes una amenaza a la homogeneidad blanca —Donald Trump ha dicho que traen «una gran cantidad de genes defectuosos»— como en Silicon Valley, meca de la industria tecnológica estadounidense. Magnates como Sam Altman (OpenAI), Jeff Bezos (Amazon), Peter Thiel (PayPal/Palantir) o Elon Musk (Tesla/SpaceX) están financiando proyectos de rejuvenecimiento de células o de prolongación de la vida. A veces, ambos grupos se dan la mano: un millonario tecnológico financió una red global que promociona la eugenesia con ayuda de grupos de extrema derecha, destapó The Guardian.
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[–>Algunas de las corrientes transhumanistas ya no dividen a la humanidad según razas, sino clases. Así, como vaticinó la película Gattaca (1997), imaginan un futuro en el que solo los ricos podrán permitirse usar la tecnología para alterar su biología, perfeccionar y prolongar su vida. Todos los demás serán humanos de segunda. En EEUU ya hay start-ups que prometen predecir los genes de embriones para tener hijos con inteligencia o rasgos físicos «superiores», según The Washington Post. Sus clientes son multimillonarios como Musk. El hombre más rico del mundo comparte esa fijación en la pretendida superioridad de unos humanos sobre otros. «Realmente quiere que las personas inteligentes tengan hijos», ha explicado Shivon Zilis, madre de cuatro de sus catorce hijos conocidos públicamente. Como Epstein, su procreación es una estrategia de preservación genética.
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Elon Musk hace un gesto comparado con el saludo nazi durante uno de los eventos de toma de posesión de Trump el 20 de enero. / ANGELA WEISS / AFP
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Epstein reimaginó la Antigua Roma como ese paraíso eugenésico. «Parece que Grecia y Roma tenían una sociedad de clases que permitía a las clases altas tener más descendencia que las clases bajas, y una mayor movilidad social basada en el coeficiente intelectual que nuestro sistema actual», explicó en uno de los correos electrónicos desclasificados a finales de enero. El Imperio Romano es otra de las obsesiones compartidas entre el depredador sexual y multimillonarios tecnológicos como Musk o Mark Zuckerberg.
[–>[–>[–>«Las cimas más elevadas»
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A Epstein le encantaba codearse con eminencias científicas de la talla de Stephen Hawking o Marvin Minsky, uno de los padres de la inteligencia artificial. Aunque fue rechazado por otros prominentes pensadores como el psicólogo cognitivo Steven Pinker o el pionero de realidad virtual Jaron Lanier, su dinero le abrió la puerta a una comunidad científica de élite que le permitió proseguir con su causa eugenésica.
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A diferencia de su examigo Bill Gates, Epstein no quería «eliminar la pobreza» o «curar la polio», según confesó en tono despectivo a la revista Science en una entrevista de 2017. Al influyente magnate de las finanzas solo le interesaban «las cimas más elevadas», campos emergentes como la IA y la hipotética capacidad de alumbrar máquinas pensantes o campos alternativos como la criónica, que propone congelar a humanos fallecidos en nitrógeno líquido para, teóricamente, revivirlos en el futuro.
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Epstein menospreció que Bill Gates quisiese «eliminar la pobreza» y aseguró que solo le interesaba financiar «las cimas más elevadas», campos como la IA o la criogenización de humanos
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Antes y después de ser condenado por prostituir a una menor, Epstein financió a transhumanistas como el científico computacional Ben Goertzel, quién popularizó el término Inteligencia Artificial General (AGI, por sus siglas en inglés), un cuestionado término que se refiere a una IA superior a los humanos. También donó un millón de euros el trabajo del filósofo alemán Joscha Bach, científico cognitivo e investigador en IA. En un correo, este asegura que el fascismo es «probablemente la forma más eficiente y racionalmente rigurosa de gobernar», que el cambio climático podría ser «una buena forma de lidiar con la superpoblación» y que los cerebros de los niños negros «son más lentos a la hora de aprender conceptos de alto nivel» y más adecuados para un «estilo de vida más orientado a la caza y la carrera», informa MS NOW.
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