“La pesca no es el problema”
La temporada de pesca de salmón concluía este 15 de julio arrojando un dato preocupante: tan solo 108 ejemplares capturados, la peor campaña desde que se tiene registro. La situación ha abierto el debate sobre cuáles son los pasos a seguir para revertir esta tendencia de los últimos años. Mientras los ecologistas piden que se declare la especie en peligro de extinción, los pescadores defienden su actividad alegando que las causas de la debacle son “complejas” y que “la pesca no es la principal responsable”. El Principado, por su parte, mantiene una postura cautelosa y ha anunciado que analizará los datos para llevar a cabo las medidas “que se consideren técnicamente más adecuadas para preservar el salmón”.
[–>[–>[–>“Que hay menos salmones es evidente, pero sí que los hay, solo que no en la época de pesca”, comenta Emilio Fernández, expresidente del club de pesca “La Socala”, que desarrolla gran parte de su actividad en el río Esva. Según el pescador, salen pocos “porque se hace desde abril hasta mediados de julio, y los salmones entran más tarde”. Para Fernández, los motivos por los cuales cada vez hay menos ejemplares no están relacionados tanto con la pesca como con factores climatológicos: “En primer lugar, la temperatura del agua, cada vez más alta y, por consecuencia, con menos oxígeno. Luego la escasez de lluvia; en un río con menos agua, esta se calienta con más facilidad y cualquier contaminante es más nocivo”. Y añade: “Por último, los depredadores, como los visones, cormoranes, garzas o las lubinas, que antes se alimentaban en el mar, pero ahora al faltarles alimento, suben río arriba para alimentarse”.
[–> [–>[–>Un pescador en el río Esva. / LNE
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Quique Berrocal, presidente de la Sociedad de Pescadores “Las Mestas del Narcea”, admite que, aunque la situación no es buena, los pescadores “no son el principal problema”. Berrocal apunta al cambio climático y las consecuencias de este: “En invierno estamos registrando temperaturas superiores a los 12 grados y eso afecta a las huevas de los salmones y las truchas”. Y apunta a un problema que ya señalaba Fernández: “Las lubinas suben río arriba desde febrero y se alimentan de los alevines de salmón casi hasta el mes de noviembre”. Berrocal aclara que está de acuerdo con las medidas restrictivas, pero incide en que la prohibición de la pesca no es la solución: “Lo primero que pedimos a la Administración es que se tomen las medidas necesarias para que los alevines lleguen al mar”. Y concluye: “Hay problemas muchos más graves que la pesca para los peces, eso hay que analizarlo”.
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Antón Caldevilla, presidente de la Sociedad de Pescadores “El Esmerillón”, de la cuenca del Sella, iba un paso más allá: “He leído cosas que ha dicho alguna gente sobre el tema que se nota que no conoce nada sobre la pesca”. Caldevilla coincide con sus colegas de afición en el diagnóstico de la situación de los ríos, y añade nuevos factores: “A veces se insiste en culpar a los pescadores de esta situación, pero ahí tenemos el río Sella, por donde bajan 4.000 canoas al día, lo cual es perjudicial para los animales y dificulta que suban río arriba”. Caldevilla incide en que los pescadores cumplen con muchas medidas para “proteger al pez”, y se encargan de la repoblación: “Nosotros somos los primeros que queremos que haya peces porque no queremos acabar con la pesca”.
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Un pescador en el río Narcea en una imagen de archivo / Miki López
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Restricciones sí, prohibición no
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Los tres representantes de sociedades de pesca coinciden en que prohibir la actividad no va a solucionar el problema. Emilio Fernández pone el ejemplo del río Porcía: “Se vedó hace más de 20 años, y hoy en día apenas tiene salmones, lo cual quiere decir que el pescador no es el que provoca que no los haya”. Quique Berrocal argumenta con un ejemplo similar: “Hay peces, como la lamprea o el sábalo, que no se pescan, y también están desapareciendo”.
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Los pescadores coinciden en que el estudio de las causas y las medidas restrictivas que ya se aplican son importantes, pero enfatizan que su labor en el río no es la culpable. “Nosotros matamos al pez, pero también lo cuidamos y repoblamos”, zanja Antón Caldevilla. “La situación nos preocupa mucho, pero culpar al pescador sería un error”, concluye Emilio Fernández.
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