La prosperidad de mi familia dependía de mí
Una mezcla de nostalgia, crudeza y ternura fue lo que Ana Belén aportó en el plató de ‘La Noche de Aimar’ para hacer un viaje en el tiempo y repasar los inicios de una carrera marcada por el éxito, pero también por la inmensa responsabilidad que asumió siendo tan solo una niña. Al ver proyectadas imágenes de sus primeros pasos en la radio o en películas como ‘Zampo y yo’, la artista no pudo evitar una leve carcajada que rápidamente dio paso a unas de sus confesiones más íntimas y personales en televisión.
[–>[–>[–>El salto al estrellato de Mari Pili (su verdadero nombre) comenzó casi por casualidad gracias a su «maestra de colegio». Tras escucharla en una función escolar, la profesora no dudó en impulsarla: «Qué bien cantas. Tengo un primo en Radio España que lleva un concurso muy famoso, ‘Vale todo’. Te voy a hacer una nota y vas a ir». Acompañada de su padre, y tras dudar sobre su repertorio, interpretó el tema ‘La Novia’. Fue el inicio de un imparable periplo de emisora en emisora que, al cabo de un año, le valdría su primer gran premio y el trampolín para protagonizar las típicas «películas de niñas cantantes» de la época bajo el nombre artístico de Ana Belén.
[–> [–>[–>La carrera artística como salvación familiar
[–>[–>[–>
«Mis padres, pobres, que no sabían nada de esto, dijeron ‘pues vale’. Lo único que hacían era acompañarme», recordó con cariño la cantante. Sin embargo, detrás de los focos, el trasfondo era mucho más serio. Tal y como apuntó Bretos durante la entrevista, despuntar en el mundo del arte suponía una auténtica balsa de salvación económica para la clase obrera, una afirmación que la invitada suscribió con rotundidad.
[–>[–>[–>
«Yo eso lo he tenido siempre muy presente. Si conseguía ser un poco lo que Marisol había sido desde que empezó de niña, podría darles una mejor vida a mis padres«.
[–>[–>[–>Ese peso sobre los hombros no era un caso aislado, sino un sentimiento compartido con otras grandes estrellas prematuras de la época, como Rocío Dúrcal. Ambas sabían perfectamente lo que estaba en juego cada vez que se subían a un escenario. «Teníamos muy presente que la prosperidad de nuestras familias dependía de nosotras», admitió sin rodeos. «Yo ya ganaba un dinero y era consciente de ello. Ese dinero servía para mejorar la vida de casa».
[–>[–>[–>
El cruel castigo a su padre: de la abundancia del Palace a la escasez
[–>[–>[–>
Para ilustrar las necesidades que marcaban el día a día de su familia, la actriz relató una anécdota que refleja a la perfección la dureza de aquellos años. Su madre trabajaba como sastra y su padre era cocinero con un sueldo humilde en el lujoso Hotel Palace de Madrid, un lugar donde, especialmente en Nochevieja, «el pollo volaba por allí» entre fastuosos cotillones, guirnaldas y montañas de comida inalcanzables para la mayoría de la sociedad. En casa de la artista, de hecho, comer pollo era un evento extraordinario reservado únicamente para la pepitoria de Nochebuena.
[–>[–>
[–>En este contexto de pura supervivencia, Ana Belén recordó el tremendo susto que vivió de niña cuando su padre fue acusado de robar comida en el hotel, un lugar donde se registraba minuciosamente a todos los empleados a la salida. «Empecé a oír a mi madre y a mi tía gritando escandalizadas: ‘¡Pero cómo se te ocurre llevarte un pollo!'», relató la actriz.
[–>[–>[–>
La realidad de la historia fue mucho más simple, pero el desenlace igual de dramático: el hombre no había intentado sacar clandestinamente un pollo entero de las cocinas, sino un simple bollo. A pesar de la confusión y de lo insignificante de la acción, la dirección fue implacable y lo dejaron castigado sin sueldo durante varios días. «Esas cosas terroríficas que hacían antes», sentenció la artista con cierta resignación.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí