La reacción del mercado a los ataques a Irán
La reacción del mercado ante el ataque a Irán es, en estos momentos, una de las grandes interrogantes. Anticiparse a los movimientos es muy difícil mientras haya más preguntas que respuestas.
Sabemos que podrían ser varias semanas de ataques intensos, aunque no de forma indefinida. También que el primer golpe … ha logrado decapitar al régimen del ayatolá, lo que podría precipitar un cambio de régimen. Además, el apoyo de los países árabes a la acción de Estados Unidos e Israel devuelve el cuadro político de Medio Oriente a una situación similar a la previa al conflicto de Gaza, en el marco de los Acuerdos de Abraham.
Las capacidades militares de Irán son limitadas, por lo que es probable que los ataques continúen hasta que se destruyan sus capacidades nucleares y su infraestructura de misiles balísticos. Este es, internamente, el único éxito garantizado para Trump. El cambio de régimen, sin tropas sobre el terreno, parece mucho más incierto; La evolución de la revuelta y la represión popular es difícil de prever en un escenario sin un liderazgo visible.
Un fracaso militar, una campaña prolongada sin un objetivo claro o un cierre falso pueden generar nerviosismo en los mercados
Con tantos factores abiertos, anticipar la reacción del mercado no es fácil. A corto plazo, todo depende del éxito de Trump. Un fracaso militar, una campaña prolongada sin objetivos claros o un cierre falso -algo que no se puede descartar- pueden generar nerviosismo en los mercados, sobre todo si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado durante varias semanas o si EE.UU. se ve obligado a ampliar su despliegue. Todo esto impactaría las elecciones intermedias de noviembre.
En última instancia, es probable que los ataques continúen hasta que se logren resultados que puedan presentarse como una victoria. Y esa victoria es la mejor garantía para los mercados. Es posible, hoy más que hace unos días, pero de ninguna manera es seguro.
Dispersión
A principios de año, la marcada dispersión en el comportamiento de las acciones se ha convertido en la tendencia dominante. No es raro encontrar días en los que la diferencia entre la acción que se comporta mejor y la que se comporta peor es inusualmente amplia. Es extraño porque lo normal es que los movimientos de precios sean más rítmicos, pero ahora el mercado reacciona espasmódicamente incorporando tanto buenas como malas noticias sin apenas procesarlas.
Este comportamiento responde a varias razones. Por un lado, las valoraciones presentan grandes divergencias entre sectores tras años de preferencias y rechazos que han generado diferenciales difíciles de justificar. En las últimas semanas ha quedado claro que cualquier noticia puede revertir parte del camino recorrido durante años: ni lo bueno fue tan bueno, ni lo malo tan malo.
A esto se suma el creciente peso de la gestión pasiva, las cestas y los modelos cuantitativos basados en algoritmos, que amplifican los movimientos. Muchas narrativas han llevado las valoraciones a extremos insostenibles y ahora es el momento de preguntarse si no han ido demasiado lejos, especialmente cuando algunas narrativas han sido promovidas con interés propio por los bancos de inversión.
Muchas narrativas han llevado las valoraciones a extremos insostenibles y ahora es el momento de preguntarnos si no hemos ido demasiado lejos.
Este cambio de ritmo ha sorprendido a muchos. Lo que solía funcionar bien ahora está siendo cuestionado y lo que durante mucho tiempo estuvo bajo sospecha está comenzando a recuperarse. Los estilos de inversión que disfrutaron de vientos favorables ahora enfrentan dudas, mientras que otros anteriormente denostados están ganando nuevamente protagonismo.
Una vez liberado el genio, parece difícil revertir esta dinámica. Las inercias que dominaron durante años se han roto y las valoraciones vuelven a ser relevantes. Los shocks serán más o menos bruscos, pero lo que estamos viendo demuestra que quienes saben seleccionar bien se diferenciarán claramente de quienes siguen los índices. La gestión activa ha vuelto para quedarse.
Santander y la bolsa
Aunque todavía estamos en la primera parte del juego, las últimas previsiones presentadas por Santander muestran que la bolsa española tiene margen para seguir avanzando. La entidad ha aprovechado la presentación de su nuevo plan estratégico para vaticinar que en 2028 obtendrá algo más de 20.000 millones de beneficios, lo que implica un incremento de más del 30% respecto al año pasado y la cadena de tres años consecutivos de crecimiento superior al 10%. El mercado está pagando un múltiplo razonable por esas ganancias, algo clave para evaluar el potencial de crecimiento del mercado de valores.
Otra forma de verlo: si el mercado pagara doce veces esos beneficios -un múltiplo perfectamente razonable-, el potencial de revalorización rondaría el 50%, a lo que habría que sumar unos dividendos que, con los pagos comprometidos, se situarían entre el 6% y el 8%.
Este sencillo cálculo sirve para despejar dudas sobre el potencial futuro de la bolsa española tras los buenos años de los últimos años. De hecho, la seguridad con la que se puede navegar por el sector financiero es mayor hoy que hace unos años, cuando las incertidumbres eran más pronunciadas.
El peso del sector bancario ha sido clave para el buen comportamiento del mercado español y seguirá impulsándolo en los próximos años.
El peso del sector bancario ha sido clave para el buen comportamiento del mercado español y, previsiblemente, seguirá impulsándolo en los próximos años. Aunque otros sectores cotizan a múltiplos atractivos, su menor peso relativo limita su impacto en el índice. Lo que los bancos se llevaron en su momento, ahora lo están devolviendo. Pero no sólo eso. Gran parte del mercado español tiene valoraciones muy atractivas, lo que lo convierte en una alternativa sólida en un momento en el que otros sectores antes favorecidos empiezan a generar dudas.
El buen comportamiento pasado no debe ser excusa para no subirse a un tren al que todavía le queda un largo camino por recorrer. Las cifras -que no los relatos- de Santander ayudan a entenderlo.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí