La rebelión de los tractores
LA REBELIÓN DE LOS TRACTORES
[–>[–>[–>Europa lleva veinticinco años negociando un acuerdo con Mercosur. Un cuarto de siglo en el que el mundo ha cambiado de eje y que exige tejer nuevas alianzas. No se trata solo de comercio: el fondo se antoja mucho más complejo. La intención es no perder presencia en América Latina, un continente donde China campa ya a sus anchas. Y donde Estados Unidos parece dispuesto a resucitar la doctrina Monroe. Renunciar al acuerdo con Mercosur no es proteger valores: es aceptar la irrelevancia estratégica.
[–> [–>[–>Pero basta echar la mirada a Asturias para entender el otro lado del problema. El viernes, agricultores y ganaderos colapsaron con sus tractores las calles de Oviedo, no contra la diplomacia europea, que también, sino sobre todo contra la sensación de competir en desigualdad. El campo cumple normas ambientales y sanitarias cada vez más exigentes, mientras temen que productos de fuera, sin controles tan estrictos, accedan a nuestros mercados con costes mucho menores.
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En ese punto se encuentra la fractura: Europa proyecta en clave en bloques; el campo reclama supervivencia. No se puede exigir excelencia ecológica y, al mismo tiempo, abrir mercados sin garantías efectivas ni compensaciones reales.
[–>[–>[–>El acuerdo puede ser estratégico, pero la protesta se antoja legítima. Grave error sería firmar tratados globales mientras se abandona a su suerte al sector primario. Sin agricultura y ganadería no hay territorio, ni soberanía alimentaria. Y sin respuestas convincentes, los tractores seguirán haciendo sonar el claxon para que el ruido atruene en Bruselas.
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