La respuesta de la embajada nos dejó peor de lo que estábamos
Lo que iba a ser el broche perfecto a unas vacaciones en Maldivas acabó convirtiéndose en una noche de explosiones, incertidumbre y miedo en Doha. La ovetense Cristina Cienfuegos regresaba del archipiélago asiático cuando una escala en Catar coincidió con el ataque de Estados Unidos a Irán y el posterior cierre del espacio aéreo catarí. Su vuelo quedó en tierra. Y ella, atrapada en el aeropuerto.
[–>[–>[–>Cienfuegos viajaba junto a otros cinco españoles. Nada hacía presagiar lo que estaba por ocurrir hasta que, al aterrizar, desactivaron el «modo avión» de sus móviles. «Empezaron a sonar todos a la vez», recuerda. En la pantalla, un mensaje de alerta: «Situación de peligro en el país».
[–> [–>[–>«Al principio no entendíamos nada. La tripulación nos dijo que había vuelos retrasados y pensamos que simplemente el nuestro saldría más tarde«, explica. El aeropuerto seguía funcionando con aparente normalidad. «Eso nos tranquilizó. Allí dentro teníamos comida, baños, todo parecía bajo control», comenta.
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El grupo compró algo para comer y se sentó junto a uno de los grandes ventanales del aeródromo. Fue entonces cuando la calma empezó a resquebrajarse. La asturiana vio un avión surcando el cielo. «Con el tráfico aéreo cerrado, solo podía ser militar», pensó. Instantes después, presenció lo que describe como media docena de bombardeos a lo lejos. «Retumbaron los cristales. Ahí me di cuenta de que estaba pasando algo muy serio», relata aún con el miedo en el cuerpo. Era el contraataque iraní contra las bases militares de EE UU en países de Oriente Medio, incluido Catar.
[–>[–>[–>La primera reacción fue intentar contactar con la Embajada española. Enviaron correos electrónicos y todos recibieron la misma respuesta, que Cienfuegosdefine como «muy fría»: «Muchas gracias por su mensaje. Tomamos nota de sus datos. Rogamos se mantengan atentos a las comunicaciones oficiales. Reciban un cordial saludo«. El mensaje incluía un número de WhatsApp. Escribieron de inmediato, explicando que habían visto bombardeos desde el aeropuerto. La contestación, asegura, aumentó su nerviosismo: «Desde el mediodía [en la embajada] también hemos estado viendo y escuchando explosiones; Es cierto que los últimos han sido muy fuertes.» «Sólo queríamos saber qué estaba pasando y qué debíamos hacer. Esa respuesta nos dejó aún peor.«, se lamenta.
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Mientras tanto, la megafonía del aeropuerto anunció el inicio de evacuaciones. Los pasajeros comenzaron a dirigirse a los mostradores de sus aerolíneas. Allí, Cienfuegos asegura haber visto a representantes de las embajadas italiana, francesa y alemana reunidos con sus ciudadanos, explicándoles la situación y orientándolos sobre los siguientes pasos. «Supongo que estarían tan desbordados como todos, pero al menos ellos tenían a alguien físicamente diciéndoles: ‘Tranquilos, no estáis solos'», señala.
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[–>Tras horas de espera en un aeropuerto saturado por la acumulación de vuelos cancelados, las autoridades comenzaron a distribuir a los viajeros en distintos hoteles de Doha. «Se hizo eterno. Había muchísima gente en nuestra misma situación», explica. No llegaron a su hospedaje hasta las seis de la mañana.
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Les asignaron una habitación en la planta 29. Desde allí, la pesadilla continuó. «Volvimos a ver misiles. La noche fue horrible. Lo vimos en directo y no pudimos dormir», cuenta. Volvieron a escribir a la Embajada. La respuesta los remitía a sus redes sociales para seguir la información oficial: «Lamentamos profundamente que tengan que vivir esta experiencia. Seguiremos en contacto por email, Facebook, X e Instagram«.
[–>[–>[–>A la espera de nuevas indicaciones, Cienfuegos intenta mantener la calma. «La información se entremezcla y es muy confusa», reconoce. Aun así, percibe que la situación «está un poco más tranquila».
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