La segunda revolución feminista empieza por medir, nombrar y acompañar
Ese avance, de hecho, ya puede medirse. En los últimos 15 años, la participación femenina en la fuerza laboral ha crecido de forma sostenida y cada vez más mujeres acceden a puestos de liderazgo. El porcentaje de mujeres en consejos de administración de grandes empresas ha pasado de alrededor de un 10% a superar el 30%1 en muchas economías desarrolladas. También el emprendimiento femenino ha experimentado un impulso notable, con millones de nuevas empresas lideradas por mujeres, especialmente en sectores como la tecnología, la educación o los servicios digitales. Sin embargo, estas cifras conviven con brechas persistentes: la salarial, que se sitúa en torno al 15-20% a nivel global, o la infrarrepresentación en los puestos ejecutivos de mayor nivel. Entender esta realidad es, como se insistió en la mesa, el primer paso para transformarla.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Camino San Millán, directora de Diversidad e Inclusión de Acciona, lo resume con precisión empresarial: “El foco ya no está en los discursos, sino en cómo hacemos las cosas”. Su diagnóstico es que las organizaciones han pasado de hablar de diversidad a tener que integrarla en sus procesos: selección, promoción, retención y liderazgo. Para ella, la igualdad real exige datos, seguimiento y transparencia. “Todo lo que es medible es cambiable y transformable”, defiende. En este contexto, el papel de las organizaciones resulta clave: no solo para incorporar talento femenino, sino para construir entornos donde ese talento pueda crecer y tomar decisiones en igualdad de condiciones. En Acciona, explica Camino, el reto no es solo atraer talento femenino, sino evitar que se pierda en los momentos críticos de la carrera profesional. De ahí los programas de mentoría, redes internas y aceleración del talento. Iniciativas como estas, junto a políticas de transparencia salarial, planes de igualdad efectivos o redes de apoyo entre mujeres profesionales, son ejemplos que demuestran que el cambio no solo es necesario, sino posible y replicable. “No es que falten mujeres formadas; lo que faltan son entornos que les den oportunidades, que crean en el talento femenino y sepan retenerlo”.
[–> [–>[–>Por su parte, la científica Elena Ceballos lleva la conversación al terreno de las barreras invisibles. Investigadora y participante en Homeward Bound, una red internacional de mujeres STEM, señala que una de las heridas más persistentes aparece en el mundo académico: la autoridad intelectual de las mujeres sigue sometida a más pruebas. “Necesitas que un hombre diga exactamente lo mismo para que tu opinión sea tenida en cuenta”, afirma. También recordó estudios recientes sobre el mayor tiempo que tardan en publicarse artículos liderados por mujeres. “Tu voz tiene menos valía; se lo tienen que pensar más”. Además, su experiencia en Homeward Bound le ha cambiado la idea de liderazgo. Ya no lo entiende como una conquista individual, sino como una práctica colectiva. “El liderazgo pasa de ser algo individual a ser algo basado en la colaboración y en remar juntas”. Y añade una palabra poco frecuente en los manuales tradicionales de poder: vulnerabilidad. “La sororidad solo se construye siendo vulnerable”.
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La mesa de expertas ha contado con la presencia de Carmen Quintanilla Barba, presidenta de AFAMMER, quien puso sobre la mesa la fuerza política y económica de las mujeres rurales. Carmen rechaza hablar de una España vaciada y reivindica “la España donante”: la que mantiene la soberanía alimentaria, la biodiversidad, el patrimonio y la identidad. “No habrá futuro en los pueblos si no contamos con el talento femenino”, sostiene. Quintanilla recuerda los años ochenta, cuando hablar de mujer rural era hablar de invisibilidad. Hoy, dice, el paisaje ha cambiado: el 30% de las explotaciones agrarias están en manos de mujeres y el turismo rural ha sido impulsado en gran parte por ellas. Pero las brechas siguen: digital, salarial, territorial y de cuidados. “El empleo es el primer pilar de la igualdad. Cuando una mujer tiene empleo, compra su tiempo y decide sobre su vida”. Su intervención fue también una defensa del legado. Habló de su abuelo Alfonso Barba, que le enseñó a estudiar, trabajar y no depender económicamente de nadie. “La política es el arte de hacer posible lo imposible”, recordaba que le decía. Ese mandato acabó convirtiéndose en una organización con presencia internacional y estatus consultivo en Naciones Unidas.
[–>[–>[–>También, y desde la ingeniería, Sonia Suárez Moreno, vocal de la Junta Rectora del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, aportó datos que retratan bien el doble movimiento del progreso: las mujeres ya son mayoría en la universidad, pero siguen siendo minoría en las disciplinas STEM. “En las áreas STEM, solo el 35% son mujeres; en ingeniería, el porcentaje baja al 20%”, señala. En Ingeniería de Caminos, las egresadas alcanzan el 24%, un avance enorme si se compara con el 5% de los años 2000. Para Sonia Suárez, la inclusión empieza antes de la universidad. Hay que ir a colegios e institutos, mostrar referentes y explicar que la ingeniería también es un espacio para ellas. “Es imprescindible incentivar la incorporación de mujeres jóvenes a la Ingeniería de Caminos desde etapas muy tempranas”. Sonia también defiende el papel de los colegios profesionales: mentorías, charlas con referentes, redes de ayuda y acompañamiento en los primeros pasos.
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A todo ello se suma otro elemento clave señalado en el encuentro: el marco regulatorio y las políticas públicas. Las leyes y normativas pueden acelerar la igualdad de oportunidades, pero requieren del compromiso activo de empresas e instituciones para traducirse en cambios reales y sostenidos.
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[–>La revolución
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La mesa dejó varias palabras suspendidas en el aire: redes, conciliación, legislación, empleo, medición, referentes, vulnerabilidad. Pero quizá la más poderosa fue revolución. No una revolución abstracta, sino una hecha de nombres propios: Magdalena, la profesora que inspiró a Elena a estudiar Física; María Villa, su directora de tesis; Lola Esteban, decana e impulsora de Sonia; las presidentas rurales de AFAMMER, que han ido pasando el testigo a sus nietas… y así hasta docenas de mujeres que abren camino a otras día a día. Y es que Pioneras, en esta tercera edición, no habló solo de mujeres excepcionales. También fue un espacio para escuchar experiencias personales: trayectorias, obstáculos superados y evolución profesional que recuerdan que abrir camino no es solo avanzar, sino facilitar que otras también puedan hacerlo.
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Y sobre todo, se habló de lucha: conseguir que las mujeres no tengan que ser excepcionales para llegar. Que puedan avanzar sin pedir permiso, sin demostrar el doble, sin atravesar solas una selva que otras ya empezaron a desbrozar. Porque abrir camino, como se dijo en la mesa, no es únicamente llegar antes. Es lograr que detrás ya no vuelva a crecer la hierba.
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