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La Selección en Barcelona, una victoria ante los ‘indepes’ y un foco polémico entre cánticos racistas y gritos contra Sánchez

La Selección en Barcelona, una victoria ante los ‘indepes’ y un foco polémico entre cánticos racistas y gritos contra Sánchez
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  • Publishedabril 1, 2026



Desde hace años, los partidos de la selección española en Barcelona Fueron sinónimo de gradas medio vacías, ambiente frío y un debate casi académico sobre el estado de forma de la selección nacional en la capital catalana.

Dos décadas después, el escenario es diferente: Cornellá se llena, pero el partido se ha convertido en el centro de controversias que ya no son sólo políticas, sino también racistas y xenófobas, como lo demuestran las España – Egipto este martes 31 de marzo.

La historia comienza en Estadio Olímpico Lluís CompanysO España Jugó tres veces entre 2000 y 2004. El partido amistoso contra Países Bajos El 15 de noviembre de 2000, pese al atractivo del rival, dejó una imagen que se volvería recurrente: una entrada muy por debajo de las expectativas y un estadio lejos de estar lleno.

Las crónicas retrospectivas coinciden en subrayar esta correspondencia como el inicio de un diagnóstico incómodo para el Federación: Barcelona no reaccionó como otras plazas tradicionales y el termómetro del apoyo popular a Selección en la ciudad fue significativamente menor que el de Sevilla cualquiera Valencia.

Esta tendencia continuó en el España – Liechtenstein del 5 de septiembre de 2001, clasificatorio para el Copa del Mundo 2002: poca tracción, ambiente frío y sensación de que Montjuïc Esta nunca ha sido un área propia para la selección nacional.

No hubo grandes incidentes que lamentar en el interior del estadio, pero sí el recurrente debate sobre la distancia entre la imagen de unidad nacional que pretende proyectar la selección y la realidad de una tribuna donde convivieron la indiferencia y parte del público más politizado.

El ciclo de Montjuïc finalizó con un partido amistoso contra Perú el 18 de febrero de 2004. Ante 22.580 espectadores, una cifra modesta para un estadio de esta capacidad y para un partido de Absoluto. Una vez más, la foto reforzó la idea de que Barcelona no era una “sede fuerte” para la selección: gradas con espacios diáfanos, ambiente templado y un interés muy alejado del que despiertan otras sedes.

18 años sin la selección

Después de 2004, la selección nacional desapareció. Cataluña durante 18 años. El regreso se produjo el 26 de marzo de 2022, ya no en la ciudad de Barcelona sino en Cornellá de Llobregatcon un frente amigable Albania adentro Estadio RCDE.

Dani Olmo y Pedri celebran un gol en la vuelta de España a Barcelona 18 años después

Dani Olmo y Pedri celebran un gol en la vuelta de España a Barcelona 18 años después

EFE

La diferencia en las gradas era evidente: 35.444 espectadores, un estadio prácticamente lleno y una marea rojiza que contrastaba con la imagen de Montjuïc. Un ambiente festivo, con cánticos de apoyo a la selección y un sentimiento de reconciliación simbólica entre el equipo y el público catalán que quería estar allí.

Pero este regreso no estuvo exento de inconvenientes. Parte de la atención se centró en los pitos del himno albanés durante la previa al partido, criticados por los comentaristas como una falta de respeto hacia el rival, pese al clima general favorable a España.

Fuera del terreno de juego, el debate fue más político y semántico: la RFEF y buena parte de los medios hablaron del «partido en Barcelona», mientras otros insistieron en resaltar que el estadio está situado en Cornellá de Llobregat y que, por tanto, la vuelta no se produjo en pleno centro de la ciudad, ni en el Camp Nou ni en el Olímpic.

La elección del RCDE Stadium también se interpretó como una apuesta deliberada por un entorno sociológico menos hostil que otras sedes de Barcelona, ​​lo que alimentó la lectura política del acto.

Cuatro años después, el partido amistoso contra Egipto en el mismo estadio del RCDE confirmó que el equipo estaba lleno de Cornellá, pero también hizo sonar la alarma por la deriva que había en el ambiente.

La asistencia rozó los 36.000 espectadores, casi lleno. Sin embargo, lo que marcó la velada no fue el empate sin goles, sino lo que ocurrió en las gradas durante y alrededor del partido.

Parte del público silbaba el himno egipcio durante los actos oficiales, un fuerte silbido que sonó desde el principio como una señal de falta de respeto hacia el rival.

A partir del minuto diez, y sobre todo alrededor del minuto 23, se escuchó con claridad el canto “Musulmán el que no se recupera”, coreado por una parte de la grada que acompañaba el lema con saltos, y cuya severidad fue calificada unánimemente de racista o xenófoba.

Canciones racistas en Cornellá en España – Egipto

El cántico fue grabado durante el espectáculo e inmediatamente se volvió viral en las redes sociales, con videos publicados por numerosas cuentas.

Este no fue el único episodio controvertido. Durante la reunión también se escucharon insultos contra el presidente del Gobierno, con gritos de “Pedro Sánchez, hijo de puta” procedentes de parte de las gradas, lo que añadió un ingrediente de confrontación política al ya tenso ambiente del partido amistoso.

También se analizó la gestión del partido. Pese a la claridad de los cánticos racistas, el árbitro no detuvo el partido ni aplicó visiblemente el protocolo antirracista que la FIFA y las competiciones internacionales recomiendan en estos casos.

La respuesta llegó a través de megafonía y videomarcadores, con mensajes pidiendo a los aficionados que detuvieran los cánticos xenófobos y recordándoles la prohibición de participar en actos racistas dentro del estadio.

Una reacción insuficiente y tardía: el partido se jugó íntegramente, sin interrupción más allá de los avisos internos, y sin que se activaran más medidas musculares en el terreno de juego.

El contexto previo ya había despertado sensibilidad sobre lo que podría pasar en las gradas. Unos días antes del partido amistoso se decretó un cierre parcial del estadio del RCDE como sanción por incidentes ocurridos durante los partidos del Espanyol, por lo que el regreso del equipo a Cornellá se produjo en un estadio vigilado y con énfasis en la seguridad y el comportamiento del público.

Los incidentes España – Egipto han reavivado el debate sobre la eficacia de los protocolos y sobre la responsabilidad compartida entre los clubes, la Federación y las autoridades a la hora de prevenir y sancionar este tipo de conductas.

El contraste

Visto en perspectiva, el viaje de la selección nacional en Barcelona y sus alrededores en el siglo XXI dibuja un claro arco.

En Montjuïc, el problema era la desafección: campos medio vacíos, una relación distante con parte del público catalán y una discusión constante sobre si el Barcelona quería o no a la selección española.

En Cornellá el problema ya no es de falta de respuesta: el estadio se llena, la selección despierta interés y los partidos generan un ambiente intenso.

Pero esta intensidad ha estado acompañada de episodios que ponen bajo el microscopio el tipo de discurso tolerado o protegido en las gradas: pitos para himnos rivales, cánticos racistas y consignas políticas que transforman un partido amistoso internacional en una batalla simbólica con eco nacional.



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