La socialdemocracia alemana se reorganiza para negociar una ‘gran coalición’ con muchas aristas
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Lars Klingbeil, copresidente del Partido Socialdemócrata (SPD) alemán, será la figura clave en la negociación de la gran coalición con la que aspira a gobernar el conservador Friedrich Merz, ganador de las elecciones generales del pasado domingo. De 47 años y al frente de la socialdemocracia desde 2021, Klingbeil fue elegido por un 85% de los votos entre sus 120 diputados, un resultado discreto y reflejo del malestar existente en el partido del canciller Olaf Scholz. La socialdemocracia se desplomó desde el 25,7% obtenido en 2021 al 16,4% actual. Es un récord a la baja histórico y encima han quedado relegados al tercer puesto, por detrás de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). A Klingbeil se le reprocha, además, haber anunciado el mismo domingo su propósito de dirigir el grupo parlamentario, en lugar de plantearlo primero a sus diputados. Representa en la cúpula del SPD a su ala moderada, frente a la izquierdista de la copresidenta Saskia Esken.
Klingbeil mantuvo un primer contacto con Merz la noche electoral. Formalmente, fue una llamada de trámite, en que Merz felicitó a líder socialdemócrata en su cumpleaños. También fue una mera formalidad la visita de Merz a Scholz en la sede de la Cancillería. Son habituales en Alemania estas reuniones para facilitar el armónico traspaso de poder. Scholz seguirá en pleno ejercicio de su cargo hasta la constitución de la nueva Cámara, prevista para el 24 o 25 de marzo. Tras ese día continuará en el puesto, aunque en funciones, hasta que el Parlamento elija a su sucesor.
Merz aspira a tener firmado su pacto de coalición y la formación de su gobierno hacia Semana Santa. Antes tendrá que limar muchas asperezas, sea en política social como en Defensa o en lo personal. No ha formado parte de ningún gobierno, ni a escala regional, lo que en Alemania es algo insólito porque implica cero experiencia para manejar disensos con sus coaligados.
Marcha atrás
Por lo pronto, el martes dio Merz marcha atrás en su supuesta disposición a reformar el freno a la deuda antes de la constitución de la nueva cámara. Este instrumento limita el endeudamiento, pero para que prospere una reforma precisa una mayoría de dos tercios. La idea de avanzar el voto responde al peso que tendrá en la futura cámara la AfD, cuyos 152 diputados unidos a los 64 de La Izquierda la capacitarían para vetar ciertas leyes, como enmiendas o reformas constitucionales.
Con este argumento y con los resultados en la mano, Merz barajó la idea de someterlo al Bundestag aún vigente, con sus 730 diputados, lo que además de premura de tiempo imponía desafíos logísticos. En el Bundestag se está trabajando para desmantelar y remodelar los asientos para los 630 diputados de la nueva cámara. El martes matizó su propósito y propuso una reforma rápida pero solo para aprobar un fondo especial para Defensa. Alemania cumplió en 2024 por primera vez con el objetivo de destinar un 2% de su PIB a defensa y se proponer ir a más a medio plazo. El Gobierno de Scholz aprobó un paquete especial de 100.000 millones de euros inmediatamente después del inicio de la guerra de Ucrania. Su doble objetivo era poner al día al Ejército alemán, debilitado por décadas de recortes, y suministrar armas a Ucrania. Este fondo está casi exhausto o lo estará en 2027 por los compromisos adquiridos. Merz necesita en nuevo marco legal para su objetivo de mantener el apoyo a Kiev y acelerar los planes de una defensa europea vista la imprevisibilidad de EEUU bajo Donald Trump.
Un reforma que implique solo el fondo para defensa topará con el rechazo de La Izquierda, que reclama liberar de la tenaza del freno a la deuda todo el ámbito de la política social o la vivienda, principal preocupación del ciudadano. El SPD de Klingbeil, por su parte, aprobó en su último congreso una moción para la suspensión total del freno a la deuda.
El sí o no a este mecanismo fue objeto de disenso permanente en el tripartito que dirigió Scholz entre socialdemócratas, verdes y liberales. El rechazo liberal a levantarlo precipitó el hundimiento de la coalición.
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