La tumba número cuatro
El arqueólogo César García de Castro Valdés ha publicado no hace mucho el libro «Arqueología de la implantación del cristianismo en el norte de la península ibérica». En este trabajo documentado exhaustivamente se defiende la tesis de que la cristianización comenzó en Asturias a mediados del siglo VIII y no se implantó hasta el final del siglo IX, basándose en que el único criterio que permite hablar de comunidades cristianas son los cementerios vinculados a sus templos.
[–>[–>[–>Según García de Castro, en el oeste británico se han encontrado numerosas inscripciones cristianas pertenecientes a los últimos tiempos de la romanización y a los inmediatamente posteriores, que se pueden datar entre los siglos IV y V; también abundan en la Galia los topónimos que indican la presencia de antiguas comunidades cristianas muy antiguas. En cambio, como hasta la fecha en ninguna de las regiones del norte español se ha encontrado una sola inscripción funeraria paleocristiana que se pueda asimilar a este periodo, se deduce que aquí no existió un sustrato previo de grupos cristianos antes de la expansión que impulsaron los reyes asturianos.
[–> [–>[–>Serrapio, Aller
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El investigador señala que el primer testimonio claro de cristianos en nuestra región es la inscripción fundacional que se muestra en la iglesia de San Martín de Argüelles en Siero fechada en el año 583. Sin embargo, al contrario de lo que hasta ahora se ha aceptado, rechaza la vinculación de los asentamientos romanos en Asturias con los templos cristianos. Después de descartar por diversas razones varias iglesias, llega a la conclusión de que solo los casos de Heres, en Gozón, y Serrapio, en Aller, pueden tomarse en cuenta, aunque también rechaza esta posibilidad.
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En la primera, porque el hallazgo de una inscripción dedicada a Mitra (actualmente en paradero desconocido), que se encontró enterrada junto al templo fue casual y no se puede aventurar ninguna conclusión, y en Serrapio porque la lápida dedicada a Júpiter que estaba en su altar fue colocada cuando la iglesia ya estaba consagrada y tampoco se puede deducir nada sobre su posición anterior ni sobre su relación con el templo del siglo XII.
[–>[–>[–>Sin embargo, para los investigadores que estudiaron hace años los enterramientos que aparecen bajo el suelo de Serrapio, las primeras tumbas podrían vincularse a «una construcción anterior, de la que no se han conservado evidencias constructivas», lo que adelantaría la existencia de cristianos en el lugar.
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Santibáñez
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Muy cerca de Serrapio, otro yacimiento resulta aún más interesante. El 8 de marzo de 1971, la Comisión Central de Monumentos aprobó el expediente promovido por don Plácido Rodríguez García, entonces alcalde del Ayuntamiento de Aller, para declarar Monumento histórico-artístico de carácter provincial la iglesia de «San Juan de Santibáñez de la Fuente del Río Miera»: entonces, el ponente fue don Luis Menéndez Pidal, uno de los mayores expertos en arte medieval de aquellos años, confirmó que era de estilo románico popular muy tardío y seguramente ya levantada en tiempos del gótico, pero hizo constar que estaba ubicada originariamente en otro lugar y por algún motivo había sido llevada después hasta su emplazamiento actual.
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[–>Esta teoría, que tanto los vecinos como los eruditos venían manteniendo desde antiguo, estaba apoyada por el hallazgo en la década de 1950 de huesos humanos y piedras trabajadas cuando se abrió una zanja para instalar un colector en el lugar conocido como La Capillona, a 50 metros del río San Isidro, lo que hizo pensar que allí había estado el templo primitivo hasta que tuvo que ser trasladado a causa de las frecuentes avenidas originadas por el deshielo de las nieves del puerto.
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La confirmación definitiva llegó el 18 de enero de 2001 con el hallazgo de una necrópolis durante los trabajos de control y seguimiento arqueológico de las obras de la carretera AS-253 en el término de La Corrada, entre Cabañaquinta y el Puerto San Isidro. En el informe publicado por Otilia Requejo Pagés, Cristina Arca Miguélez, Lorenzo Arias Páramo y Luis Cabo Pérez, se escribió que la treintena de enterramientos identificados en los trabajos arqueológicos sobre unos 200 metros de terreno se corresponden aproximadamente con la mitad de un cementerio que tiene una extensión indeterminada y se mantuvo como tal al menos hasta el siglo XV, lo que demuestra que en su entrono hubo una población estable.
[–>[–>[–>Cementerio
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Del estudio de este espacio se deduce que hubo dos fases de uso separadas por la construcción de un templo en el siglo X. La más antigua consta de 11 tumbas orientadas con dirección oeste-este con formas rectangulares y trapezoidales, están hechas con lajas calizas de la zona reforzadas a veces por cuarcitas y canto rodado, unas cubiertas y otras no. A la segunda fase pertenecen otras veinte tumbas que ya cuentan con cobertera integral de piedra y cambian su orientación con sentido noroeste-sureste, el mismo que tenía el templo.
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En ninguna de ambas fases se ha encontrado otra cosa que los huesos de los difuntos; no hay restos de ropas, mortajas, adornos, joyas u otras ofrendas que puedan ayudar a aclarar cuáles eran las creencias de sus ocupantes, solo restos de un pequeño animal en una de ellas, la Tumba 2, a los pies de un niño o niña -ya que no se ha podido determinar su sexo-, que tendría unos 7 años en el momento de su muerte.
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La historia de hoy vista por Alfonso Zapico. / Alfonso Zapico
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Como ven, las tumbas se numeran para facilitar su estudio. La que hoy nos interesa es la Tumba 4 porque su datación la sitúa en uno de los periodos más desconocidos de nuestra historia. En esta sí se obtuvo el sexo y la edad gracias a la conservación de los huesos largos. Se trata probablemente de una mujer, de entre 14 y 24 años y en la posición del esqueleto se observa una relación espacial anómala entre el fémur y el peroné que puede explicarse por un movimiento posterior o más probablemente porque se enterró con sus piernas flexionadas.
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Antes de continuar debo explicarles que los restos han sido datados por el método de espectrometría de masas con aceleradores, que permite medir los isótopos de carbono 14 en muestras muy pequeñas y con mucha precisión. Estos análisis se hicieron en el prestigioso laboratorio Beta Analytic de Miami, al que ya se ha recurrido otras veces en distintos yacimientos asturianos y tienen total garantía. Cuando lean en el párrafo que sigue «cal AD», esto indica que la fecha se ajusta al calendario gregoriano que es el que empleamos normalmente, y el «2 σ» que sigue representa que una vez calibrada, esta fecha tiene un 95,4% de probabilidad de que este cálculo sea correcto.
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Datación
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César García de Castro escribe en su libro esta anotación: «En San Juan de Riomiera (Aller), dos tumbas anteriores al templo y amortizadas por su cimentación, ofrecen dos dataciones radiocarbónicas distantes T2, 770-970 cal AD 2 σ; T4, 410-660 cal AD 2 σ. Se insertan en una primera fase funeraria anterior al templo integrada por otras nueve sepulturas. El hecho de que el templo se superponga a ellas sin reparo alguno en su destrucción es signo indudable de la ruptura social acaecida. En consecuencia, este primer cementerio atestigua sobre la permanencia de las creencias precristianas entre la población local hasta al menos el siglo IX avanzado».
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Dicho de otra manera, el investigador sostiene que, aunque la Tumba 2 se date entre los años 770-970 y la Tumba 4 bastante antes, entre el 410-660, no pueden considerarse cristianas porque quienes construyeron un templo sobre ellas no lo hicieron para sacralizarlas, sino que simplemente no las tuvieron en cuenta; aunque resulta difícil explicar por qué se levantó este templo precisamente encima de unos enterramientos si no se les daba importancia.
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El caso es que, dejando de lado las leyendas y las invenciones -alguna con tanto arraigo como la presencia del apóstol Santiago-, la basílica cristiana más antigua que se conserva en España es la de Santa María de Abajo de Carranque, Toledo, levantada por orden del emperador Teodosio, a fines del siglo IV; pero, entre otros documentos anteriores, hay una carta de San Cipriano de Cartago en la que ya se cita al obispo Basílides de Astorga y León a mediados del siglo III, lo que demuestra que en ese momento ya había una comunidad jerarquizada en esta zona.
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Entonces no parece extraño que uno de esos primeros núcleos estuviese en el Alto Aller, pero yo no soy nadie para contradecir a los expertos.
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