La última locura anticapitalista: «Abolir la heterosexualidad como modo de producción»
El teoría marxista clásica afirma que la historia se desarrolla movida por lucha de claselo que provoca el paso de un modo de producción a otro cuando las contradicciones inherentes al mismo llegan a un punto en que resultan insuperables. Partiendo de una concepción materialista del mundo y del hombre, según la cual la esencia humana se reduce a su capacidad de trabajo –por lo que se considera que se realiza como ser humano, precisamente, trabajando–, el marxismo sostiene también que el trabajo asalariado supone una forma de alienación –es decir, de ‘extrañamiento’ o alienación- que se produce como consecuencia del supuesto despojo que sufre el proletario de su ser.
Así, Marx defendió el inevitable advenimiento de comunismoun nuevo modo de producción en el que, tras una dictadura proletaria de carácter temporal –en teoría–, terminaría la sociedad basada en clases sociales. Los hombres sólo trabajarían para su realización personal y la explotación capitalista sería un mero recuerdo del pasado. Sin embargo, la revolución del proletariado no significó la llegada de una sociedad ideal y desigual –algo imposible, por otra parte–, sino la muerte de millones de personas, ya sea por el yugo comunista o por el hambre generada gracias a un sistema económico. basado en la planificación centralrobo y terror.
Comunismo ‘queer’
Desde la publicación de CapitalLa tradición marxista ha ido evolucionando y desarrollándose, incorporando muchas veces las ideas de otros pensadores formados en esta misma corriente. Esto explica por qué han aparecido sustitutos del marxismo que extienden la lucha de clases a otros ámbitos de la vida humana que consideran regidos por lo que Marx llamó «superestructura«: a saber, el conjunto de ideas, instituciones y leyes que emanan de la base económica de la sociedad y que es legitimada por la élite burguesa a través de la ideología. De esta manera, la opresión ejercida por el capitalismo ya no se expresaría únicamente a través de categorías económicas.
En este sentido, la influencia del pensamiento posmoderno ha llevado a combinaciones tan extrañas como la que representa la unión entre marxismo y teoría ‘queer’ –aquella que propone que género, sexo y sexualidad no son constructos biológicos, sino sociales que, además, pueden modificarse sustancialmente. Esta idea se defiende, en concreto, en un libro publicado recientemente por la editorial Manifest Llibres, que está dando a conocer la obra con un vídeo en las redes sociales en el que se preguntan sobre la posibilidad de que la sexualidad fuera una creación del estructura económica capitalista.
«¿Qué pasaría si el heterosexualidad ¿No fue sólo una orientación sexual sino también una estructura económica? ¿Y si fuera un modo de producción social ¿Tan central como el trabajo asalariado y la propiedad privada?», aseveran en el vídeo de la editorial, desde donde explican que «este es el punto de partida del libro de Federico Zappino, donde el autor conecta la teoría ‘queer’ con una lectura materialista y marxista de la sociedad». Según explica la editorial, la autora «sostiene que la heterosexualidad funciona como un modo de producción social que en este caso no produce bienes, sino que fabrica hombres y mujeres como categorías políticas y económicas desiguales».
De esta manera, el autor explicaría en su libro que la capitalismo«A partir de diferencias anatómicas mínimas, construye jerarquías estructurales, y es sobre esta producción de sujetos jerárquicos que el capitalismo se organiza y reproduce». De hecho, subrayan que «esto tiene una consecuencia política decisiva: según la tesis, la crítica ‘queer’ de la heterosexualidad no es identitaria ni accesoria, es una condición material para imaginar una futuro poscapitalista«.
En este sentido, también aclaran que «si el comunismo clásico aspiraba a abolir la propiedad privada y el trabajo asalariado, comunismo ‘queer’ aspira a llegar más lejos una vez: abolir la producción social de género como jerarquía, es decir, aboliendo la heterosexualidad como modo de producción». Sólo así, según el autor, «es posible una igualdad no meramente formal, sino material, estructural y real».
Construcción y realidad
Ahora bien, la verdad es que vincular el marxismo y teoría ‘queer’En realidad, es más problemático de lo que parece. De entrada, vale la pena considerar que la idea según la cual las categorías sexuales –o, en realidad, cualquier categoría– son meras construcciones sociales Es un punto de partida equivocado. El hecho de que existan constructos o convenciones sociales no implica que, detrás de ellos, quede una esencia real del objeto o categoría. En gran medida, encontramos en Nietzsche una primera expresión del posmodernismo cuando afirma que el bien y el mal, al igual que la verdad y la mentira, no existen. Para el filósofo alemán existe una contradicción entre lo que tradicionalmente hemos considerado como vínculo entre el hombre y la realidad y lo que el ser humano es de facto en proporción al universo en su conjunto: que el hombre se situara en un punto central del universo no sería más que un producto de la vanidad resultante de ser el único animal con una capacidad intelectiva superior.
Por tanto, siguiendo a Nietzsche, no sería posible pensar el conocimiento como una adaptación del sujeto a la realidad, precisamente porque no existe tal supuesta correspondencia entre el objeto conocido, el sujeto que conoce y el concepto que emana de esa relación. De esta manera, teniendo en cuenta que el hombre quiere vivir de forma socialmente organizada y gregaria, sería necesario pacto social la cual se tomaría como válida y se basaría en un acuerdo o convención respecto a la manera de designar las cosas, de la cual, por tanto, emanaría la idea de lo verdadero y lo falso. En consecuencia, la verdad y la mentira no dependerían de la constitución propia de las cosas, sino de la consenso al que llegan los hombres.
Esta misma idea será retomada por autores como foucaultque entrará en diálogo directo con el marxismo y dará lugar a nuevas interpretaciones de la realidad, siempre con el esquema dialéctico como fondo. El problema es que ni la perspectiva constructivista es correcta ni los productos ideológicos son compatibles con la materialismo que fundamenta el marxismo.
Por un lado, es contradictorio afirmar que la VERDADERO no existe y pretendemos que esa misma idea sea tomada como algo verdadero. Pero, además, cabe señalar que, a pesar de lo que puedan afirmar quienes sostienen estas tesis, las categorías no son arbitrarias: los nombres con los que designamos los conceptos, como nombres, pueden ser una convención, pero la realidad Aquello al que se refieren existe en el mundo y tiene características propias que son percibidas por nuestro intelecto y, en consecuencia, categorizadas.
La superestructura del capitalismo
Por otra parte, resulta que el materialismo que debería sustentar toda teoría marxista no es del todo compatible con la perspectiva de teoría ‘queer’. Si las categorías sexuales son constructos sociales ajenos a la realidad biológica de las personas, estaríamos afirmando que la mente es capaz de definir la realidad: de esta forma, cada individuo sería quien se definiría sexualmente según su autopercepción. Sin embargo, el propio Marx enfatiza en el prólogo de Capital que su teoría surge de la inversión del sistema dialéctico hegeliano, de modo que las condiciones materiales pasarían a ser las que definen la conciencia.
En cualquier caso, incluso si fuera coherente la teoría del comunismo ‘queer’, según la cual las categorías sexuales son producto de la ideología de la burguesía, que sustentaría la superestructura capitalista, no podríamos considerar seriamente la tesis planteada por esta corriente de pensamiento. En el fondo, en la teoría marxista de las clases sociales, una polilogismo lo que asegura que la estructura lógica de la mente varía según las diferentes clases sociales. Pero a este respecto Mises sostiene en Acción humana que «los defensores del polilogismo, para ser coherentes, deberían mantener que, si el sujeto es miembro de la clase, nación o raza correcta, las ideas que emite deben ser invariablemente correctas y correctas». Así, la conclusión de todo razonamiento basado en el polilogismo quedaría distorsionada por la clase social a la que pertenece el sujeto.
Pero, además, suponer que la superestructura dicta el pensamiento de los individuos implica una determinismo lo que significa negar la capacidad de discernimiento y libertad de las personas. Si el hombre puede cambiar su mundo a voluntad, no es porque sea esencialmente un ser capaz de trabajar, sino porque posee voluntad, lo que se refiere a la racionalidad y la libertad. La verdad es que el ser humano trasciende el plano material, por lo que sus ideas y comportamiento no se limitan a las condiciones materialmente existentes.
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