La venta de España
La organización territorial de España, ese irreductible sudoku que llevamos siglos sin resolver, por fin tiene un gestor eficiente. La Constitución de 1978 intentó aburrirnos con un modelo autonómico basado en la igualdad de derechos y la prohibición de privilegios. Qué falta de imaginación. Afortunadamente, Pedro Sánchez ha decidido dinamitar ese tedioso equilibrio, demostrando que el Estado es un precio más que razonable a pagar a cambio de unos meses más en el poder.
[–>[–>[–>Donde antes los viejos nacionalistas mostraban cierta timidez y hablaban de lealtad constitucional, hoy encuentran en La Moncloa una alargada alfombra roja que llega hasta el jardín. El PSOE, cansado de la pesada carga de garantizar la igualdad territorial, ha decidido que es más moderno delegar la soberanía en el PSC y sus socios catalanes. ¿Para qué gobernar España si puedes subcontratarla?
[–> [–>[–>El pacto de financiación «singular» es una obra de arte del utilitarismo político: una pulcra compraventa de votos financiada con el dinero de todos. Llamar «federalismo» a este chantaje bilateral es un sublime ejercicio de equilibrismo cínico. Sánchez ha logrado el milagro definitivo: ya no necesita sucesor porque actúa con orgullo como delegado de sus propios compradores, que no acaban de romper la baraja. Disfruten de lo votado, que las rebajas están llegando a su fin y pronto no quedarán más que cuatro retales de lo que fue una túnica.
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