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La vivienda en propiedad entre los menores de 35 años se hunde del 69% al 32% en una década

La vivienda en propiedad entre los menores de 35 años se hunde del 69% al 32% en una década
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  • Publishedjulio 7, 2026



La brecha en riqueza y activos entre jóvenes y mayores se ha convertido en un abismo debido a la vivienda, específicamente, al alquiler. Los jóvenes no son pobres por ser jóvenes, sino por ser inquilinosconcluye el informe «Renta, riqueza y tenencia» elaborado por el Ministerio de Consumo en colaboración con el Instituto de Filosofía del CSIC. A los salarios precarios que durante años han condicionado el futuro de los jóvenes españoles, se le ha añadido un factor cada vez más asfixiante: el encarecimiento de la vivienda, tanto en alquiler como en venta. Expulsados ​​de la compra y venta por la dificultad de recaudar unos ingresos cada vez más elevados, el alquiler absorbe una parte cada vez mayor de sus ingresos, les impide ahorrar y les condena a olvidar el sueño de convertirse en propietarios. El resultado es una generación empobrecida que ha perdido una tasa de propiedad de vivienda del 54% en los últimos 11 años.

En 2011, el 69,3% de los menores de 35 años eran propietarios de su vivienda; En 2022, esa proporción cayó al 31,8%, más de 37 puntos porcentuales en 11 años. En el resto de grupos de edad la tasa de propiedad también cae, pero de forma más moderada, ampliando la brecha de riqueza entre generaciones. En concreto, de 35 a 44 años, el porcentaje de hogares que poseen su vivienda habitual ha caído del 61,8% al 77,6%; de 45 a 54 años, ha pasado del 71,8% al 82,5%; de 55 a 64 años, ha pasado del 78,8% al 87,4%; de 65 a 74 años, del 83% al 88,6%; mientras que los mayores de 74 años sólo han reducido su tasa de propiedad del 84% al 87,9%.

Hogares propietarios de su vivienda principal y patrimonio T. Nieto LA RAZÓN

Esta desigualdad de riqueza explica la profunda brecha de riqueza entre los jóvenes y los grupos de mayor edad. «Desde 2008, el acceso a la propiedad se ha vuelto cada vez más difícil, especialmente para los hogares más jóvenes, lo que está alterando la estructura de acumulación de riqueza entre generaciones», explica el informe. En 2022, la riqueza neta mediana de los menores de 35 años era de apenas 20.069 euros; Subió a 76.932 euros entre 35 y 44 años; Aumentó hasta 128.172 euros entre 45 y 54 años; Continuó subiendo hasta los 189.872 euros entre 55 y 64 años; Subió a 223.960 euros, entre 65 y 74 euros; y Alcanzó los 221.254 euros para los mayores de 74 años.

Pero el informe, coordinado por Javier Gil a partir de datos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, va más allá del factor generacional y señala una variable que pesa incluso más que la edad a la hora de explicar la desigualdad: la posición que ocupa cada hogar en el mercado inmobiliario. No es lo mismo ser inquilino que ser propietario, y no es lo mismo ser propietario que vivir del alquiler que otros pagan por alquilar.

La renta media anual de un hogar inquilino es de 21.335 euros, muy por debajo de los 32.120 euros que reciben los hogares propietarios de su vivienda habitual. Pero la distancia aumenta cuando miramos a quienes viven, total o parcialmente, del alquiler: los propietarios que tienen una vivienda en alquiler ganan una media de 50.959 euros al año, y Los multiinquilinos -aquellos que poseen dos o más viviendas en alquiler- alcanzan los 80.375 euros, prácticamente cuatro veces más que un inquilino medio.

Si la brecha de ingresos ya es notable, la brecha de riqueza es devastadora. El patrimonio neto medio de un hogar inquilino apenas alcanza los 2.217 eurosfrente a los 193.919 euros del propietario de una vivienda: una diferencia de 87 veces. Un hogar arrendador -que alquila una vivienda a terceros- acumula una media de 407.975 euros, 184 veces más que un inquilino. Y un multiinquilino alcanza los 996.826 euros, 450 veces la riqueza de alguien que vive de alquiler.

El estudio sitúa esta polarización en una tendencia subyacente que se viene acentuando desde hace dos décadas. En 2002, el 90% de los hogares concentraban el 65,4% de la riqueza residencial del país; Veinte años después, en 2022, esa proporción había caído al 58,1%. En paralelo, el 10% más rico de la población pasó de acumular el 34,5% al ​​41,9% del total. Es decir, mientras la gran mayoría de los hogares perdió peso en la distribución de la riqueza inmobiliaria, una minoría cada vez más pequeña concentró una porción mayor.

El informe destaca que Ni la revalorización del parque de viviendas ni la escalada de los precios de los alquileres son procesos neutrales: ambos benefician sistemáticamente a quienes ya poseen una propiedad y dejan fuera a quienes no la tienen. Cuanto más sube el precio del alquiler, más ingresos transfieren los inquilinos a los propietarios y menos espacio tienen para ahorrar para intentar, algún día, comprar una casa o acumular riqueza de otra manera. El acceso a la propiedad, la acumulación de riqueza y los ingresos por alquileres se retroalimentan, ampliando la distancia entre quienes están dentro del sistema de propiedad y quienes quedan fuera.

«Las generaciones mayores mantienen altas tasas de propiedad y, con ellas, la capacidad de beneficiarse de la apreciación inmobiliaria.. Las generaciones más jóvenes, en cambio, quedan progresivamente excluidas de este mecanismo de acumulación y son, en su mayor parte, los mismos hogares que transfieren ingresos a los propietarios a través del alquiler. A esto se suma que la fuerte subida de los precios de los alquileres en los últimos años agrava este doble efecto: aumenta los recursos que transfieren estos hogares y, al mismo tiempo, reduce su capacidad de ahorro y, con ella, sus posibilidades de algún día acceder a una propiedad o acumular riqueza por otros medios», insiste el estudio.



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