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Labradores, el sacrificio de la tierra

Labradores, el sacrificio de la tierra
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  • Publishedfebrero 11, 2026


«El que labra no lee, y el que lee no labra». Este elocuente refrán o máxima de la sabiduría popular campesina, refleja probablemente, la evolución en las esferas estamentales y culturales de las sociedades agrarias y rurales, frente a las urbanas y el urbanismo. La agricultura –cultivo o labranza de la tierra– (según el diccionario de la RAE), el arte de cultivar el campo, –campo y cultura– (Diccionario Crítico y Etimológico de J. Corominas). Es en definitiva un arte, una cultura latente, milenaria, insustituible y esencial: Casi una ciencia filosófica y antropológica ligada incluso, a las primitivas religiones y a los cultos divinos con expresiones iniciales del denominado politeísmo, adorando a dioses y elementos de la naturaleza como la tierra, el cielo, los astros, las plantas o los animales, con orígenes muy remotos. Los últimos hallazgos de la arqueología agrícola en Asia, concretamente en Turquía, confirman la presencia de los primeros poblados o asentamientos de campesinos y pastores del Neolítico en torno a los 12.000 años de antigüedad. Punto cero de la historia de la humanidad. Muy anteriormente en el Paleolítico –también Edad de Piedra– los individuos llamados humanos han debido deambular durante miles de años por las tierras y las selvas habitables del planeta, en grupos familiares y clanes. Tribus nómadas colectivizadas, en busca del clima propicio y de los recursos naturales de cada región y época, practicando la caza y la pesca, junto con la recolección de frutos y plantas. Se dice que los primeros vegetales que suscitaron el interés humano de estos recolectores fueron los cereales, entre ellos el trigo, la cebada, el arroz, centeno, mijo, sorgo, etc. los cuales constituían la dieta básica de la nutrición, junto con los de origen animal.



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