Las cenizas del metaverso
Todos hemos oído hablar del «metaverso». Prácticamente nadie considera haberlo visto. Durante un tiempo, la palabra prometió una revolución total; una nueva forma de vivir, trabajar y relacionarnos en mundos digitales. Pero la realidad, como es costumbre, fue menos espectacular que el anuncio. Hubo demasiado ruido, demasiada prisa y demasiadas expectativas para una tecnología que todavía estaba buscando su forma.
[–>[–>[–>El concepto no solo falló en materializarse. En el proceso, el metaverso acabó contaminando la conversación sobre las tecnologías inmersivas: aquellas que integran lo digital con lo real, como la realidad virtual, la realidad aumentada y la realidad mixta. Durante meses, todo parecía tener que llamarse metaverso para parecer importante, y cuando los resultados no llegaron, mucha gente dejó de confiar no solo en la etiqueta, sino también en un conjunto de tecnologías que sí seguían avanzando por caminos mucho más sólidos.
[–> [–>[–>Ahora que el humo del metaverso se disipa, lo relevante vuelve a verse: la Web continúa evolucionando y volviéndose más visual, más espacial y más cercana a la forma en que percibimos el mundo. Hoy ya no se trata solo de mirar una pantalla, sino de interactuar con entornos donde la información ocupa espacio, donde la experiencia cuenta tanto como el dato y donde la tecnología se integra con más naturalidad en nuestra vida cotidiana.
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Esa evolución es especialmente importante porque conecta con algo muy humano: no somos seres que entiendan el mundo solo en forma de listas, botones o menús. También pensamos con la vista, con el espacio y con la presencia. Por eso las tecnologías inmersivas tienen tanto potencial. No porque nos vayan a sacar de la realidad, sino porque pueden ayudarnos a entenderla, comunicarla y aprender mejor dentro de ella.
[–>[–>[–>En CTIC Centro Tecnológico llevamos años trabajando en esa dirección, apostando por tecnologías como la Web Inmersiva, que nos permite llevar estas realidades extendidas al navegador. Apostando por experiencias espaciales que funcionen en cualquier dispositivo y por formas de crear tecnología más abiertas, estandarizadas, más útiles y menos dependientes de modas pasajeras. Mientras a nuestro alrededor se hablaba de mundos imposibles, nosotros seguíamos construyendo herramientas reales, con aplicación en divulgación, industria, cultura o formación.
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Para CTIC, el debate no es si el metaverso fracasó, sino qué aprendimos de él. Aprendimos que no basta con poner un nombre llamativo a una idea. Aprendimos que la tecnología necesita tiempo, criterio y confianza. Y aprendimos que el futuro no se construye a base de promesas grandilocuentes, sino con proyectos que funcionen de verdad. Que aporten valor.
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[–>Tal vez en unos años hablemos menos de pantallas y más de espacios. Menos de aplicaciones y más de entornos. Menos de interfaces y más de interacción natural. Si eso ocurre, no será por una moda, sino porque hemos aprendido a hacer mejor tecnología para personas reales. Y seguiremos ahí, como hemos hecho siempre: trabajando de forma firme, sostenida y con visión de futuro. Pues sabemos que el cambio más importante no es el que hace más ruido, sino el que termina quedándose.
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