Las cuentas las lleva mi mujer junto con un asesor financiero
Jagoba Arrasate Es uno de los principales entrenadores del fútbol español tras su exitoso ciclo en Osasuna y su posterior salto al banquillo del Mallorca, con el que firmó un contrato de tres temporadas en 2024, aunque no lo cumplió tras ser destituido el 24 de febrero.
Nacido en Berriatua (Bizkaia) en 1978, construyó su carrera desde abajo, pasando por banquillos modestos para dirigir a la Real Sociedad, el Numancia y Osasuna antes de asumir el reto de Son Moix, que le situó de lleno en la élite tras disputar la Supercopa de España y le obligó también a profesionalizar la gestión de su patrimonio.
Arrasate había dado el salto a La Liga como entrenador de la Real Sociedad en 2013 y, tras su paso por el Numancia, vivió una gran consolidación en Osasuna, al que dirigió durante seis temporadas antes de marcharse al Mallorca.
Este periplo le permitió vivir la transición de profesor y entrenador de juveniles a entrenador estable en Primera División, con la exposición mediática y los ingresos que ello supone.
en el podcast Los fulanicentrándose en el “lado B” del atleta y temas como el emprendimiento y los negocios, enmarcó la conversación más allá del césped y se centró en cómo un entrenador de la Primera División administra sus activos y su estabilidad futura.
Diviértete en el banquillo del Metropolitano.
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Respecto a la organización del dinero, Arrasate reconoció que no era él quien manejaba la gestión diaria de las cuentas familiares, sino que delegaba buena parte de esa responsabilidad en sus familiares.
“Mi mujer y un asesor llevábamos un tiempo gestionando las cuentas, sobre todo en materia de inversiones y cosas así, porque cuando firmabas por tres años en el Mallorca sabías que ibas a ganar un dinero que también tenías que gestionar”, explicó en el podcast.
administracion de dinero
El entrenador admitió que, aunque las decisiones se habían discutido en pareja, el peso de las disposiciones prácticas recaía en su esposa y en este profesional.
“Hablamos entre nosotros, por supuesto, pero toda la cuestión de hablar con el banco, sobre esto, sobre cualquier cosa, si íbamos a hacer una cosa u otra, si éramos dueños de una casa, si íbamos a alquilarla, mi esposa se encargó de eso con el asesor”, dijo, destacando la estructura casi comercial alrededor de la casa.
Cuando se le preguntó directamente sobre su “cartera”, en caso de que se dedique a las criptomonedas o prefiera los ladrillos, Arrasate se definió claramente como un inversor conservador centrado en la vivienda.
“Se trataba sobre todo de propiedades, en el sentido de que quería tener una propiedad en Pamplona porque estuve feliz allí durante seis años y terminé viviendo allí de todos modos, y ahora debería alquilarla, perfecto”, detalló vinculando inversión y proyecto de vida.
Para el técnico, el ladrillo ofrecía una combinación de arraigo emocional y seguridad financiera que no podía encontrar en otros productos financieros más sofisticados.
“Nos ofrecieron muchas cosas, pero me daban mucha pereza, porque me sacaban de mi vida diaria y no tenía mucho control”, admitió, precisando que prefería renunciar a oportunidades supuestamente más rentables antes que entrar en áreas que no dominaba.
Este rechazo se extiende explícitamente a las criptomonedas y a las agresivas propuestas de inversión en torno al fútbol profesional. “Más en esas cosas, ¿no?, más que en otras cosas que podrían ser criptomonedas y tal; ahora sí que era verdad que nos estaban ofreciendo muchas cosas y esas cosas me daban mucha pereza”, recuerda.
Arrasate insistió en que esa pereza no era una falta de interés por el futuro, sino una forma de protección ante un entorno que podría distraerle de su trabajo principal.
“Me sacaron de mi vida diaria, no tenía mucho control, entonces me dio… Pensé que éramos bastante conservadores en el sentido típico de la palabra: un amigo o un familiar que necesitaba algo, cosas normales, que si podías ayudar a la gente, ayudabas”, señaló, reivindicando una economía de proximidad y alejada de la especulación.
Más allá de los números, Arrasate siempre vinculó la gestión financiera a la educación de sus hijos y al ejemplo que quería dar en casa. Citó el caso del exfutbolista Alkiza para ilustrar su preocupación: «Una de las cosas que dijo cuando empezó a entrenar o trabajar en la Real fue que no quería que sus hijas le vieran todos los días en casa sin hacer nada», recordó.
Jagoba Arrasate.
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El entrenador trasladó este pensamiento a su propia familia y a cómo veían sus hijos su éxito económico. «Nuestros hijos nos vieron sufrir, nos vieron pasar momentos difíciles, nos vieron partir. En el colegio les podían decir ‘tu padre gana más que el mío’, un típico absurdo, pero sabían que había un esfuerzo detrás y a mí me pareció bueno», se defendió, antes de matizar: «No me gustó decir: ‘vamos a ganar x dinero y vamos a invertirlo todo en nuestros hijos’; quería que ellos también supieran sacar ellos mismos las castañas de fuego».
Arrasate también contextualizó sus decisiones económicas en la precariedad estructural del banquillo en relación a la carrera de un futbolista. «Un jugador podía firmar un contrato por cinco, seis, siete años, y un buen jugador de Osasuna podía estar toda su vida, pero para nosotros, si perdíamos dos o tres partidos, estábamos en la cuerda floja», explicó.
Esta volatilidad le llevó a considerar los activos como un colchón contra los riesgos deportivos y a favorecer inversiones tangibles que le protegerían en caso de despido.
Por eso subordina cualquier aventura financiera a la estabilidad de su familia y a ese «futuro de sus hijos» al que se refería: «Mira también el futuro de los tuyos, para que no les falte nada entre comillas, pero sin olvidar que tuvieron que aprender a cuidarse ellos mismos», concluyó.
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