Las mentiras toponímicas y doña Carmen
La Ley 1/1998, de Uso y Promoción del Bable/Asturiano, dedica su capítulo V a la toponimia. Consta de un solo artículo, el 15 de la ley, cuyo primer apartado reza así: «Los topónimos de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias tendrán la denominación oficial en su forma tradicional. Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe». Creo que es patente lo que dice el artículo. Recuerdo, además, en estos días próximos a la muerte de Xesús Cañedo, cómo se gestó, reunidos los tres en el despacho de Sergio Marqués. Nosotros llevábamos la redacción del primer punto. A propuesta, que nos pareció razonable, del Presidente, se añadió el punto y seguido: «Cuando un topónimo tenga uso generalizado en su forma tradicional y en castellano, la denominación podrá ser bilingüe». Fijémonos en que lo que se dice es que los topónimos tendrán su denominación «en su forma tradicional», esto es, en la forma en que históricamente los asturianos denominaron sus lugares, que, obviamente, no fue en castellano. Y el punto siguiente establece el «podrá ser bilingüe» por este orden: «En su forma tradicional y en castellano». La letra de la ley es tan evidente como la voluntad de los tres redactores, y la del Parlamento que posteriormente aprobó el texto: en asturiano (esto es, en la formulación lingüística autóctona que dieron a los sitios las personas y la historia) y, en algunas ocasiones, en asturiano y castellano, por este orden.
[–>[–>[–>Sin embargo, se viene conculcando la ley y su espíritu de forma sistemática, Oviedo/Uviéu, Gijón/Xixón… Pero no ocurre ello únicamente cuando el término castellanizado tiene una presencia general, en los últimos tiempos se ha extendido la fórmula doble (y, contrariamente a la ley, inversa) para la mayoría de los topónimos de la comunidad. He llegado a leer recientemente Ceares/Ciares, donde la primera denominación de los indicadores de carretera o de barrio (generalmente, falsificada por algún docto funcionario), Ceares, ha tomado carta de naturaleza y predomina sobre el término asturiano y general. Ya me extraña que no comiencen a geminarse cosas como Llanas/Llanes, Givares/Xivares, La Hoz/La Foz…, ¿por qué no ser coherentes hasta el final?
[–> [–>[–>Y, a propósito, cuando Gobiernu y sustentos hablan de ampliar los contenidos de la Ley de Uso, ¿por qué no comienzan por hacer que se cumpla la misma?
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El respeto a los nombres tradicionales, a los nombres auténticos, no es una invención moderna, sino de gente educada o ilustrada. Aunque les parezca mentira, una crónica del falangista Víctor de la Serna en el diario «Unidad» celebraba la caída del que fue último bastión republicano en Asturies, a las seis de la tarde del 21 de octubre, con un XIXÓN en tipos enormes, y, en la crónica, en castellano, insertaba un «¡Xixón ye de España, hom!».
[–>[–>[–>He dicho arriba que se falsificaba la ley. Se traicionan también la historia, la memoria y la identidad del pueblo asturiano, en algunos casos, incluso, «inventando» los términos castellanizados. Por cierto, y al respecto de invenciones o falsificaciones, ilustres sabios, eruditos optimates sostienen que el término «Uviéu» es una invención, que nunca se dijo. Y tienen razón, pero no precisión. Es cierto que su primera aparición es relativamente cercana en el tiempo. Ocurrió el 12 de febrero de 1937. Franco y su esposa, Carmen Polo y Martínez Valdés, se hallan en Vitoria. A doña Carmen la entrevistan para el diario «Norte», periódico nacionalsindicalista, y en un momento del reportaje así escribe el periodista: «A nuestra respuesta afirmativa empezamos a hablar de Asturias (con las terminaciones en es del dulce bable), del orballu (el sirimiri de aquí), de Uvieu…».
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Esta Carmina, ¿a qué se mete a inventar topónimos?
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