Las mujeres sí negocian aumentos y ascensos: la universidad de Harvard desmonta el mito
Desde siempre en el ámbito laboral se ha creído que las mujeres son menos propensas a negociar sus salarios o solicitar ascensos. Se ha repetido hasta la saciedad que carecen de ambición, seguridad o agresividad negociadora, cualidades supuestamente necesarias para avanzar en sus carreras. Este estereotipo ha servido como una de las posibles explicaciones de la brecha salarial entre hombres y mujeres.
[–>[–>[–>Sin embargo, esa creencia empieza a desmoronarse. Varios estudios cuestionan la idea de que las mujeres no negocian, y aportan datos sólidos que indican todo lo contrario. Investigaciones realizadas en algunas de las escuelas de negocios más prestigiosas del mundo demuestran que las mujeres negocian con la misma frecuencia que los hombres, e incluso, en ciertos contextos, lo hacen más.
[–> [–>[–>El estudio de Harvard
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Uno de los estudios más contundentes proviene del Program on Negotiation de la Universidad de Harvard. En una investigación que analizó a titulados de MBA, se observó que el 54 % de las mujeres afirmaron haber negociado el salario de su primer empleo, frente al 44 % de los hombres. Esta cifra contradice directamente el mito de que ellas piden menos. El estudio, liderado por investigadoras como Laura Kray, Jessica Kennedy y Margaret Lee, muestra que las mujeres no rehúyen las conversaciones sobre sueldos o ascensos. De hecho, en una encuesta más amplia, el 64 % de las mujeres aseguró haber negociado un ascenso o mejora salarial, por encima del 59 % de los hombres.
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La diferencia clave, según Harvard, no está en quién pide más, sino en quién consigue mejores resultados. Aquí es donde entra en juego el sesgo de género. Otros estudios, como los liderados por la profesora Hannah Riley Bowles y la investigadora Linda Babcock, muestran que las mujeres reciben más negativas cuando piden aumentos. En una investigación se descubrió que los evaluadores penalizaban a las mujeres que solicitaban incrementos salariales, considerándolas menos agradables o colaborativas, algo que no ocurría con los hombres.
[–>[–>[–>Falta de transparencia salarial
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Este problema se agrava cuando los procesos de negociación son poco claros. Según la Harvard Kennedy School, las mujeres negocian tanto como los hombres cuando las reglas del juego están bien definidas, pero sufren más en contextos de ambigüedad. La falta de transparencia salarial y la subjetividad en las evaluaciones de rendimiento tienden a perjudicarlas más, no por falta de iniciativa, sino por la penalización social añadida que conlleva su actitud proactiva.
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En cuanto al contenido de las negociaciones, algunos estudios apuntan que las mujeres tienden a pedir incrementos salariales más modestos, especialmente al inicio de su carrera. Esta diferencia, aunque pequeña, puede tener efectos acumulativos a lo largo del tiempo, ampliando la brecha. Aun así, los propios autores subrayan que este factor no explica por sí solo las desigualdades salariales, que están profundamente marcadas por elementos estructurales como la penalización de la maternidad o la falta de acceso a puestos de mayor responsabilidad.
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[–>El problema, según las investigadoras, no es que las mujeres no sepan negociar, sino que el sistema no responde de forma equitativa a sus demandas. La profesora Kennedy señala que negociar bien no basta para cerrar la brecha salarial de género. De hecho, los datos indican que una mujer con un MBA recién graduada gana el 88 % del salario de un hombre con las mismas características. Diez años después, esa brecha se amplía hasta el 63 %, lo que pone de manifiesto que la desigualdad va más allá de las habilidades individuales.
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