las otras estrategias para adelgazar que funcionan
Perder peso es uno de esos propósitos de Año Nuevo que nunca cambia. Como aprender inglés o dejar de fumar. Con casi todos ellos, empezamos con voluntad e ilusión, pero acabamos en los exámenes de recuperación de septiembre (otro mes cargado de buenas intenciones) … y nos vemos el siguiente 1 de enero haciéndonos las mismas promesas.
Adelgazar ahora parece más fácil con los nuevos fármacos. Primero llegó el inyectable Ozempic, luego Wegovy y Mounjaro y, ahora, recientemente, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés) ha aprobado la primera píldora diaria para perder peso: la versión oral de Wegovy. La misma eficacia, pero sin pinchazo. Consiguen pérdidas de peso considerables y rápidas, pero no son para todo el mundo. Están indicados para IMC por encima de 30 (obesidad), o por encima de 27 (sobrepeso) cuando hay enfermedades relacionadas (diabetes, hipertensión, colesterol alto).
También hay gente a la que le sobran sólo unos kilos que lo está utilizando fuera de esta indicación para perderlos sin apenas esfuerzo. Cuidado con esto. La propia ‘madre’ de estos fármacos, Svetlana Mojsov, cuyas investigaciones allanaron el camino a estos medicamentos, se mostraba en contra de esta forma de usarlos, en una entrevista con ABC el pasado mes de octubre: «Si uno tiene que perder 15 kilos, que lo haga de forma saludable, sin medicación. No es algo banal, es un medicamento que altera el equilibrio general entre las hormonas de tu cuerpo. No es bueno jugar con esta medicación. Es seguro, siempre que se use bajo control médico y con la vigilancia de analíticas para determinar cómo impacta en otros parámetros«.
Tanto en unos como en otros, el fármaco funciona mientras se está utilizando. En el momento en el que se abandona, los kilos vuelven. Dejar de tomar los fármacos para adelgazar va seguido de una recuperación del peso y también de la reversión de los efectos beneficiosos sobre marcadores de la salud cardiovascular y metabólica, como el colesterol elevado y la presión arterial alta, según concluye un metaanálisis publicado por la revista ‘The BMJ’ este mes. La investigación incluye 37 estudios publicados hasta febrero de 2025 en los que participaron más de 9.300 personas.
La base de todo
La alimentación y el ejercicio siguen siendo los cimientos para mantener un peso saludable. «La importancia del plan nutricional y del ejercicio es fundamental y para toda la vida. Es la base de este cambio de vida y todos los ensayos clínicos de los fármacos se han realizado añadido a nutrición y ejercicio», afirma el doctor Cristóbal Morales, endocrinólogo en el Hospital Vithas Sevilla, vocal de la junta directiva de la Seedo e investigador en ensayos clínicos sobre semaglutida, principio activo de Ozempic y Wegovy. El experto recuerda que, antes de medicarse, siempre hay que consultar con el profesional sanitario especializado para elegir lo que mejor le viene a ese paciente pensando en su salud y el largo plazo.
El doctor Morales recuerda que la obesidad es una enfermedad «crónica, recidivante y muy compleja. Si abandonas el tratamiento y vuelves a tus hábitos anteriores, la tendencia natural es que vayas reganando peso«. El experto señala que están en marcha ensayos clínicos en los que se está trabajando en diferentes pautas para saber si el mantenimiento del peso se podría conseguir con dosis mínimas, dosis alternantes o incluso abandonando el fármaco e incorporando hábitos. Los nuevos fármacos orales y las novedades que están por venir en 2026 y 2027 irán en esa línea de conseguir un tratamiento cada vez más personalizado.
Dietas que funcionan
En dietas también se sigue investigando para ver cuál es más eficaz en la pérdida de peso. Un nuevo estudio liderado por el doctor Francisco J. Tinahones, director científico de IBIMA Plataforma BIONAND e investigador responsable del grupo ‘Obesidad, Diabetes y sus Comorbilidades: Prevención y Tratamiento’, aporta luz sobre estrategias nutricionales innovadoras para combatir la obesidad. Publicado en la revista ‘BMC Medicine’, el trabajo sugiere que ciertas dietas alternativas -como la cetogénica, el ayuno en días alternos modificado o la alimentación con restricción de tiempo de ingesta temprana- pueden ser significativamente más eficaces para la pérdida de peso a corto plazo que la dieta hipocalórica clásica.
El equipo de Tinahones llevó a cabo un ensayo clínico aleatorizado con una duración de tres meses y la participación de 160 adultos con obesidad. Se trata de uno de los primeros estudios que compara directamente, en condiciones controladas, el impacto de diferentes tipos de dietas con restricción calórica: la hipocalórica clásica (3-4 ingestas repartidas en el día y balanceada en principios inmediatos), la dieta cetogénica (con una ingesta muy reducida en hidratos de carbono), la alimentación con restricción de horario de ingesta temprana (no desayunar) y tardía (no cenar) y el ayuno en días alternos modificado (un día se come normal y otro muy bajo en calorías: no más de 300 kcal a base de proteínas). Los grupos de ayuno y de dieta hipocalórica clásica seguían un patrón de ingesta de nutrientes basados en la dieta mediterránea y todos los grupos del estudio tenían que ingerir la misma cantidad de calorías semanales, aunque variase su distribución en el caso de los ayunos.
El ayuno alternante es más eficaz para perder peso que la dieta hipocalórica tradicional, según un estudio español
Las personas que siguieron la dieta cetogénica, el ayuno en días alternos modificado o la alimentación con restricción de tiempo de ingesta temprana experimentaron una pérdida de peso significativamente mayor que aquellas que siguieron una hipocalórica clásica, que actuó como grupo control. «Todos los participantes tenían la misma restricción calórica, pero sorpresivamente los pacientes de los grupos de ayuno tuvieron una mejor adherencia y consiguieron pérdidas de peso muy importantes. Puede ser porque les ha sido más fácil de cumplir que cuando la restricción calórica afecta a las 4 comidas del día», apunta el doctor Tinahones.
Los participantes del grupo de ayuno en días alternos modificado perdieron 3,14 kg más que los de la dieta hipocalórica clásica. De forma similar, los asignados a la dieta cetogénica perdieron 3,78 kilos más que los del grupo de control. No obstante, todas las intervenciones dietéticas demostraron ser eficaces, ya que incluso el grupo que siguió la dieta hipocalórica clásica logró una pérdida media de peso de 8,4 kg.
Más allá del peso corporal, el estudio también evaluó los efectos sobre la composición corporal. Todas las dietas indujeron una reducción de la masa grasa, pero el ayuno en días alternos modificado y la alimentación con restricción de tiempo de ingesta tardía destacaron como los enfoques que más disminuyeron la grasa corporal, siendo el ayuno en días alternos modificado el que mostró el mayor impacto en este parámetro.
«Casi todos perdieron más de 8 kilos en tres meses. Todos mejoraron, pero la pérdida fue más importante en los del ayuno intermitente a días alternos, que también tuvo un efecto metabólico mejor que las otras dietas. Bajó la tensión arterial y se vieron mejoras neurocognitivas. Cuando se pierde peso mejoran los test de concentración, de memoria a corto plazo y a largo plazo«, explica a ABC el doctor Tinahones.
En opinión del experto, la razón del éxito del ayuno para perder peso es que cuando uno está sin comer más de 12 horas, y no tenemos reserva de glucosa, empiezan a metabolizarse las grasas y aparecen en la sangre los cuerpos cetogénicos como combustible, que quitan el apetito. «Si no ceno, al día siguiente no ocurre una ingesta compensatoria porque esas moléculas en nuestro organismo nos quitan un poco el apetito. Hay muchos estudios que reflejan que el ayuno intermitente es una buena opción para perder peso. La cetogénica no se puede mantener como estilo de vida a largo plazo y en algunos pacientes con enfermedades no está indicada, pero el ayuno intermitente sí se puede mantener en el tiempo«, concluye.
Los nuevos fármacos orales y las novedades que están por venir en 2026 y 2027 van en la línea de conseguir un tratamiento cada vez más personalizado
Para la doctora Inka Miñambres, miembro del área de obesidad de la SEEN, lo más importante cuando se quiere perder peso con dieta es que el plan de alimentación propuesto «se adapte a las características clínicas y a las preferencias de cada paciente, y que esté planificado para facilitar la adherencia a largo plazo«. »En nuestro medio, se debe promover la dieta mediterránea por ser la que mejor se adapta a nuestra cultura y por su asociación a reducción en el riesgo de numerosas enfermedades incluyendo enfermedad cardiovascular, cáncer, diabetes tipo 2 y enfermedades degenerativas«, apunta.
El problema de las dietas es que en obesidades severas necesitan mucha voluntad, apunta el doctor Tinahones. Una persona puede estar 3 meses con dieta estricta y perder 10 kilos, pero si tiene que perder 40, la constancia de un año no es fácil y los pacientes acaban aburriéndose. «Ahí han venido estos fármacos que afortunadamente son tremendamente exitosos», señala. Pero en su opinión, siempre hay que empezar con dieta. «A cualquier paciente con exceso de peso y que está motivado hay que proponerle un cambio de estilo de vida: una dieta hipocalórica y personalizada. Ante un fracaso repetido de estrategia dietoterapéutica, hay que utilizar fármacos», afirma.
Pero la estrategia nutricional no solo tiene que ser antes, también concomitante a los fármacos. «Lo que tiene que quedar claro es que las modificaciones en los hábitos dietéticos deben estar siempre, independientemente de si suponen el único tratamiento o si se acompañan de dieta, fármacos o incluso cirugía bariátrica», advierte la doctora Miñambres.
Además, los fármacos, aunque muy efectivos, no funcionan en todas las personas por igual, por lo que no son la panacea. «Sabemos que hay personas que casi no presentan respuesta al tratamiento, mientras que hay otras que responden más de lo esperado. Aunque no sabemos con exactitud quienes responderán, es posible que el futuro dispongamos de datos de farmacogenética que nos ayuden a determinar esta respuesta», apunta la experta de la SEEN.
Si se han acabado las Navidades con unos kilos de más, el doctor Tinahones recomienda quitarse esa mochila para no acumular porque lo que es difícil es deshacerse luego de 40-50 kilos. «Con cualquiera de las estrategias del estudio, en 3-4 semanas se ha perdido esos pocos kilos que se han acumulado en las fiestas», asegura.
Técnicas bariátricas
En los casos de obesidad más resistentes, a veces ni siquiera los fármacos son suficientemente eficaces. Un equipo multidisciplinar de la Clínica Universidad de Navarra publicó un estudio el pasado mes de diciembre en la revista ‘Obesity’ en el que compara los resultados de tres tipos de intervenciones en 20.000 pacientes con obesidad: cirugía bariátrica (gastrectomía tubular y el bypass gástrico), tratamientos farmacológicos con agonistas del receptor GLP-1 (fármacos de la familia de Ozempic, Wegovy o Mounjaro) y modificaciones en el estilo de vida (dieta y ejercicio físico).
Los resultados de la investigación revelan que aunque los agonistas GLP-1 (liraglutida, semaglutida, tirzepatida) producen una pérdida de peso clínicamente significativa, la cirugía bariátrica continúa siendo la estrategia más efectiva para reducir el peso ponderal (peso inicial de cada paciente) al menos dos años desde el inicio de la intervención quirúrgica, el tratamiento farmacológico o el cambio en el estilo de vida.
Pero ¿en qué casos se recomienda la cirugía bariátrica? «Está indicada en pacientes con un IMC mayor de 40 o en aquellos con un IMC de 35 con comorbilidades (colesterol, diabetes, hipertensión, problemas articulares). En IMC más bajos de 30, sólo si el paciente tiene diabetes tipo 2 que no se controla adecuadamente con fármacos», explica a ABC el doctor Lucas Sabatella, especialista en formación del Departamento de Cirugía General y Digestiva de la Clínica de Navarra y primer autor del trabajo.
En pacientes con obesidad, usando fármacos como liraglutida y semaglutida las pérdidas de peso son «muy modestas. Es raro perder, a dosis máximas, más de un 10%». «Con tirzepatida, la pérdida puede llegar al 20%, pero con cirugía puede alcanzar el 40% del peso corporal», señala el experto, quien asegura que la mayoría de los pacientes que ahora llegan a quirófano han pasado previamente por estos medicamentos sin éxito.
En personas con obesidad, la cirugía bariátrica continúa siendo la estrategia más efectiva para adelgazar, según un estudio de la CUN
A medio camino entre los fármacos y la cirugía, se encuentra la endoscopia bariátrica. El perfil de paciente para este tipo de intervención suele ser una persona con sobrepeso u obesidad leve o moderada (IMC entre 30 y 40), que lleva años intentando perder peso mediante dietas, ejercicio y, cada vez más, con tratamientos farmacológicos, pero sin lograr mantener resultados estables en el tiempo.
Las ventajas, con respecto a la cirugía, es que «es reversible y modificable. Se trata de una intervención mínimamente invasiva que se realiza por la boca y por lo tanto no requiere de incisiones ni cicatrices externas. Es una reducción de la capacidad del estómago de forma interna sin extirpar ni cortar«, explica el doctor Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica en el Hospital Universitario HM Sanchinarro. El experto asegura que la endoscopia bariátrica permite pérdidas de peso destacables, de en torno al 15–25 %, con una recuperación rápida y sin incisiones, eso sí, »siempre dentro de un programa médico estructurado que incluye seguimiento nutricional y cambio de estilo de vida«.
El doctor López-Nava ve diariamente pacientes que han probado fármacos para la obesidad y que por distintas razones optan por la endoscopia: «Desde los efectos secundarios hasta el abandono del tratamiento y la recuperación de peso posterior, por cuestiones económicas o simplemente porque necesitan una alternativa que no dependa del uso crónico de una medicación. Cada vez más pacientes que llegan a consulta han probado previamente los nuevos fármacos antiobesidad. Y en muchos casos les han funcionado al principio, pero no siempre son fáciles de mantener en el tiempo».
Para mantener los resultados tras un tratamiento, del tipo que sea, el doctor Tinahones recomienda cambiar 4 patrones alimentarios: no tomar ultraprocesados, reducir los productos grasos y los azúcares refinados y restringir el alcohol. Y no olvidar el ejercicio: hacer 7 mil pasos al día ya tiene una repercusión favorable en la salud y realizar ejercicios de fuerza al menos 30 minutos al día para fortalecer piernas y brazos. Pero el deporte solo no compensa la ingesta, hay que reducirla. «Es muy difícil adelgazar sin esfuerzo», concluye el experto.
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