Las prioridades de Gijón
Nunca ha sido Gijón una ciudad carente de humor, ni tampoco propicia a la exclusión de nadie. Al contrario, la capital marítima del Principado siempre ha contado con una gran capacidad integradora propia de una villa que mira al mar y que ve el flujo de personas –la emigración sostiene a día de hoy el reto demográfico– como algo natural y una oportunidad desde hace siglos. Pero los últimos acontecimientos –desde la polémica del burka al disfraz de la Sardina del Antroxu– abren una ventana peligrosa que conviene ir tapando con contundencia antes de que sea tarde. Igual que cuando se carga contra las procesiones de Semana Santa o la bendición de las aguas el día de San Pedro. Gijón es otra cosa. Es plural, alegre y solidaria. Y con mucho humor, pues solo así se entiende que la ciudad avance con optimismo pese a los reveses de las promesas incumplidas desde hace décadas.
[–>[–>[–>Esa vitalidad gijonesa se verá especialmente en los próximos días por las calles de la ciudad, con epicentro en el Teatro Jovellanos, gracias al incansable trabajo de las catorce charangas que avivan cada año las celebraciones carnavaleras y que ayer se pusieron en marcha con el disfraz de Pelayo cargando contra el peaje del Huerna y la baliza V16. Mal harían los políticos en no asumir las críticas cuando las agrupaciones comiencen a desfilar por las tablas del coliseo gijonés con sus letras en forma de dardos. Cada febrero, igual que ocurre en Cádiz, donde triunfa este año una chirigota con el tipo de obispos –a nadie en la «Tacita de plata» se le ocurrió pensar que era ofensivo–, esos temas antroxeros suelen ser un buen indicativo de la opinión de la calle y las prioridades que tienen los gijoneses.
[–> [–>[–>Quizás estas polémicas últimas respondan a otras preocupaciones de quienes tienen la vista puesta con mayor fijación en la carrera de San Jerónimo que en la Casa Consistorial. Quizás sea cuestión de prioridades, pero en Gijón, pase lo que pase alrededor, las urnas no se abrirán hasta mayo de 2027. Queda tiempo para hacer mucho como para perder el tiempo en polémicas estériles que poco o nada importan a los gijoneses.
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