Economia

Las tres trampas de la nueva herramienta del Gobierno para calcular el coste en pensiones – Domingo Soriano

Las tres trampas de la nueva herramienta del Gobierno para calcular el coste en pensiones – Domingo Soriano
Avatar
  • Publishedabril 11, 2026



Este jueves, el Gobierno ha presentado INTEGRASSuna herramienta diseñada para realizar las proyecciones necesarias para anticipar cuál será el gasto en pensiones en las próximas décadas. Elma Saiz –Seguridad Social– y Carlos Cuerpo –Economía– fueron los ministros encargados de conducir el evento. Y se mostraron eufóricos: el ministro aseguró que este nuevo sistema permitirá «un enfoque renovado, más robusto, que se crea para apoyar la toma de decisiones alineadas con la sostenibilidad financiera del Sistema. Es una gran apuesta del Ministerio con la transparencia y el diseño de políticas públicas basadas en evidencia.

La primera «evidencia», en opinión de Saiz, es que «el sistema de pensiones está sostenibletus gastos futuros son aceptable De hecho, aseguran que el gasto en todo tipo de pensiones –contributivas, asistenciales y clases pasivas– ascenderá de media al 14% del PIB en el periodo 2022-205. Una cifra importante –y superior a la actual, que se sitúa por debajo del 13%–, pero que dista mucho de lo que la AIReF –un 14,4%– o la Comisión Europea –por encima del 15%–.

Todo muy lindo. Y muy complicado. No por la cifra del 14%. Esa cifra, como cualquier otra que el Gobierno hubiera puesto sobre la mesa, Es discutible. Lo que nos invita a dudar es todo lo demás.

La trampa del que proyecta

El Gobierno asegura, en su nota de prensa, que «INTegraSS aprovecha todo el potencial de las bases de datos que posee la Administración de la Seguridad Social y también se enriquece con datos de otros organismos como el INE o el Ministerio de Hacienda, con el objetivo de analizar el patrón de comportamiento actual y proyectarlo hacia el futuro. Al mismo tiempo, ofrece un alto nivel de detalle y flexibilidad: características del pensionado, género, régimen de Seguridad Social, tipo de jubilación, etc. «Esta granularidad, que constituye la principal ventaja frente a otros modelos existentes».

Está muy bien que tengamos todos estos datos a nuestra disposición -si realmente el Gobierno los comparte y permite que otros organismos públicos o instituciones independientes los utilicen- lo que no se entiende es ¿Por qué tienen que involucrarse los ministerios? quienes reclaman la autoridad para hacer estas proyecciones.

En un país serio que ya cuenta con otros organismos públicos muy bien preparados para esta tarea -pienso en la AIReF o el Banco de España- lo normal sería que el Gobierno ofreciera los datos -también a entidades privadas- y diera un paso atrás para ser esos. otras instituciones que analizan los diferentes escenarios –Dejo para otro día la pregunta, también clave, de si la AIReF y el Banco de España siguen siendo fiables o si la contaminación del sanchismo también les ha hecho sospechar.–.

Porque esas proyecciones de las que hablamos siempre serán subjetivas. Ninguna «prueba», como dice Saiz. La evidencia será la que se derive de cifras pasadas. Los futuros siempre serán objeto de discusión: ¿cómo evolucionará la productividad? ¿Y el empleo? ¿Crecimiento del PIB? ¿Esperanza de vida? Realizar cualquier ejercicio que implique pronosticar alguna variable; y luego ampliar el plazo hacia el futuro entre 15 y 20 años. Incluso diferencias mínimas –de una o dos décimas– que pueden parecer anecdóticas, generarán resultados finales muy diferentes.

Con esto no digo que el 14% sea malo y el 15% en Bruselas sea bueno. Lo que digo es que los incentivos importan. Y el incentivo de cualquier gobierno siempre será sacar una perspectiva más optimista para el futuro.

La trampa del PIB

La segunda trampa tiene que ver con la propia cifra, ese 14% que nos dice el Gobierno debería tranquilizarnos. Y ni siquiera creo que haga falta discutir la cifra concreta: como dije antes, no veo mucho sentido en un debate sobre si será el 14%, medio punto más o medio punto menos. La trampa está más bien en lo que parece esconderse detrás del discurso tranquilizador del Gobierno.

  • Ese 14% es un promedio. Es decir, si ahora partimos de una cifra inferior, significa que en 2045-2050 estaremos bastante por encima.
  • Para no superar el 14% –de media– necesitaremos crecer –en población, PIB, productividad…– ¿Lo conseguiremos? Allí volvemos a lo que dijimos antes sobre los supuestos. Cualquier herramienta que quiera proyectar la evolución de una variable en el futuro dependerá de los supuestos de partida. Utilizar un supuesto u otro es lo más subjetivo que podemos imaginar. Suena muy científico hablar de un 14%, millones de datos recogidos, granularidad… pero no lo es. Tampoco puede serlo. Al final, predecir cuál será la población, el PIB per cápita o la productividad dentro de 10 años Es un ejercicio de adivinación. ¿Es inevitable que así sea? Sí. Pero no nos engañemos dando un barniz de certeza a lo que no puede ser.
  • Ese 14%, incluso si se cumpliera, que es algo que hay que ver, representa un mayor gasto en pensiones la de muchos de nuestros vecinos y competidores. Es cierto, probablemente será un nivel inferior al de Francia o Italia, pero mucho más alto que el de la mayoría de los demás países de la eurozona. Dado que este gasto –como cualquier otra partida presupuestaria– proviene de impuestos, esto implicará un coste para el empleo mayor en España que en esos otros países. No entramos en si es necesario o no; o si los pensionistas lo merecen. Ahí tenemos otro debate. Lo que decimos es obvio: incluso las mejores estimaciones implican una una carga para nuestra competitividad.

La trampa del resto de gastos

La trampa que más veces hemos denunciado es la que aísla el gasto en pensiones del resto del Presupuesto público. Esa idea, tan atractiva pero falsa, del «Sistema de Seguridad Social». Ese sistema no existe. Lo que existe es un reino de España que tiene Hacienda, con ingresos –IRPF, IVA, Contribuciones…– y gastos –pensiones, Defensa, Sanidad…– ¿Podríamos gastar más en pensiones? Eso sí, a cambio de reducir el resto –o recaudar más–. Esto es importante porque el crecimiento del PIB en los últimos años no se debe a grandes mejoras en la productividad o aumentos del PIB per cápita: ha sido una crecimiento acumulativo –población– y no cualitativa.

Por supuesto, la forma en que creces es relevante a la hora de analizar el impacto en el gasto. Si se crece aumentando la población, eso tiene implicaciones para el resto de servicios públicos: Sanidad, Transporte, Educación, transferencias del Estado a familias de menores ingresos… Es un punto clave que nadie ha analizado hasta ahora. Porque puede haber más presión sobre el presupuesto –y para el gasto en pensiones–con un menor ratio “Gasto en Pensiones/PIB”, si ese aumento del PIB –que es el que reduce la cifra final– implica fuertes incrementos en el importe del resto de partidas.

Esto es lo que estamos viendo en España en estos momentos: muchos servicios públicos al límite por la aumento de la población. Aquí también se nota el corto manto del presupuesto: si intentamos tapar ese problema, podemos destapar el que creíamos controlado en el 14%. Ese 14% tal vez ya no sea sinónimo de «sostenibilidad».

La trampa del optimismo y las reformas

La última gran trampa, la más importante. ¿Cómo será el futuro de la economía española? Es imposible saberlo. Elma Saiz dice que podemos estar tranquilos, sea como sea, porque las reformas están funcionando. Y eso es mentira. No es que estén trabajando o no, sino que podemos estar tranquilos. Porque la clave de las reformas que ha puesto en marcha este Gobierno –especialmente las impulsadas por José Luis Escrivá– es que –1– ponen casi toda la carga sobre los ingresos, dañando la actividad productiva –no son reformas de pensiones, son subidas de impuestos–; y –2– están diseñados para el mejor escenario posible.

Pese a lo dicho tantas veces, lo que propusieron los expertos convocados por Fátima Báñez en 2013 no fue un camino de reducción automática de las pensiones. Lo que propusieron fue un mecanismo de ajuste, dependiendo de cómo nos iban las cosas. Si España creciera y los ingresos también, los beneficios podrían aumentar; Si los impuestos y las cotizaciones no fueran suficientes, habría que hacer ajustes, también entre los pensionados.

Pero eso fue barrido por la demagogia política. Ahora lo que tenemos es un modelo que se mantendrá si todo va bien. ¿Y si no? ¿Si llega una recesión? ¿Si empezamos a sufrir una desaceleración del crecimiento? ¿Si esta desaceleración va acompañada de la salida del país de los inmigrantes más cualificados y los que se quedan son los que menos contribuyen fiscalmente? Tampoco es un escenario tan improbable.: Esto es lo que vivimos entre 2010 y 2015, anteayer, por así decirlo.

Cualquier reforma o proyección responsable del sistema de pensiones debería tener en cuenta que el futuro es imposible de anticipar, en la suerte y en la desgracia. Y normalmente es mejor prepararse en caso de que algo salga mal; si va bien, siempre es más fácil adaptarse hacia arriba. No lo hemos hecho ni lo vamos a hacer. Eso sí, Cuerpo y Saiz ya tienen sus proyecciones. Y un nuevo número mágico: el 14%. Lo que sí saben es que si dentro de 10-15-20 años no se cumplen esas proyecciones, por ejemplo porque crecemos menos, y hay que hacer ajustes como el griego -con recortes del 20-30%-, No estarán allí ni nadie los hará responsables. Respecto a eso, podemos decir que estamos ante la evidencia.

Temas



Puedes consultar la fuente de este artículo aquí

Compartir esta noticia en: