Las verdaderas lecciones del recorte sanitario alemán
Alemania planea recortar 40.000 millones de euros en su gasto socialespecialmente en salud, para financiar el aumento del gasto en defensa. Tal es el titular que, con ligeras variaciones, ha difundido por la prensa española a raíz de la … ley presentada por el gobierno de coalición de Friedrich Merz, entre democristianos y socialdemócratas, al Bundestag. La cifra no es menor: equivale a alrededor del 11% del gasto sanitario público alemán, una proporción equivalente a casi el 40% del presupuesto sanitario español. Sin embargo, la lectura que se está haciendo de esta noticia requiere al menos tres matices antes de sacar conclusiones precipitadas.
Conviene aclarar, en primer lugar, que el sistema sanitario alemán (el GKV) se financia a través de un seguro social obligatorio con activos y presupuestos separados del resto del Estado, de forma muy similar a nuestro Seguridad social financia las pensiones contributivas en España. Las aportaciones de los trabajadores alemanes al sistema sanitario seguirán destinándose íntegramente a la salud, sin posibilidad legal de transferirlas a partidas defensivas. No sólo eso: el rearme alemán se financiará mediante emisión de deuda, ya que el Gobierno ha conseguido eximir el gasto militar del freno constitucional al endeudamiento. Por lo tanto, no existe una relación financiera necesaria entre el ajuste sanitario y el rearme; La justificación de esto, de hecho, es anterior en varios años a la actual retórica defensiva.
El segundo matiz, quizás el más importante, se refiere a la naturaleza misma del supuesto recorte. Cuando hablamos de recortar gasto, lo natural es imaginar que el gasto futuro será menor que el gasto actual; pero eso no es lo que va a pasar en Alemania. El ajuste de 38.300 millones se calcula con respecto a las proyecciones de gasto futuro, no con respecto al nivel actual. En otras palabras: Gasto sanitario alemánque hoy asciende a 352.000 millones, se proyectaba que para 2030 sería de 453.000 millones; Tras el ajuste, alcanzará los 417.000 millones. Continúa creciendo, aunque a un ritmo algo más lento de lo esperado. A esto se suma un aumento de las cotizaciones que, computado como menor renta disponible de los trabajadores, completa la cifra global: pagar más para recibir algo menos.
La verdadera moraleja no es la que tantos repiten (que para rearmarse hay que desmantelar el estado de bienestar), sino otra mucho menos cómoda: los sistemas contributivos financieramente insostenibles acaban, tarde o temprano, enfrentándose a recortes de prestaciones y aumentos de las cotizaciones. Alemania ya está experimentando esto con su seguro médico, cuyo desequilibrio estructural ya se había observado antes de la guerra en Ucrania. Y España tendrá que vivirlo, aún más crudamente si cabe, con su sistema público de pensiones, cuya brecha entre cotizaciones y prestaciones no hace más que ampliarse. Cuando veas cortada la barba de tu prójimo, pon la tuya en remojo; pero no por el rearme, sino por la creciente insostenibilidad de nuestro sistema de pensiones.
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