Ley, justicia y los monos Nikko
Está España inmersa en una barahúnda judicial y de las ideas que desorienta a la persona más convencida. Todo ello afecta también al bolsillo y a la economía de cualquiera aunque se empeñe en aplicar obedientemente las enseñanzas de los monos de Nikko. Pero en estas circunstancias no cabe más que entender las diferencias entre ley, justicia y opinión. Y desconsolarse. Está claro que la ley debe cumplirse, se conozca o no. Que la justicia deben impartirla los jueces (o los que ostentan poder sobre otros). Y que la opinión la tiene todo el mundo, la diga o no, aunque en ocasiones está justificada con pocos mimbres y menos lógica. Y el lío llega cuando se trufa todo en un pandemónium radical, en el que los jueces aplican la ley dando peso prioritario a su opinión y se pasan la justicia por el forro de toga vieja. Y a los imputados les pasa poco más o menos lo mismo, que pueden llegar a creer que la ley no iba con ellos y que su opinión estaba por encima de cualquier justicia o ética.
[–>[–>[–>No hay ley tampoco, ni justicia ni opinión, en el marco internacional. La economía se calma o tiembla a toque de queda, impacto macroeconómico o decisión política desquiciada. Con un Trump que ha perdido una guerra en Irán y vende acuerdos de paz que penden de demasiados hilos, el único consuelo es volver a la casilla de salida; restablecimiento de precios del petróleo. Pero un país, Irán, del que es complicado entender que las mujeres no pugnen por emigrar ante la menor oportunidad.
[–> [–>[–>De nada sirve que el petróleo se abarate para entender que el preacuerdo o memorándum de Irán llega entre escepticismo y el convencimiento de que EE UU ha perdido una guerra que nunca debiera haber iniciado. Las exigencias económicas de Irán, que seguirá siendo de los Ayatolás, serán tan cuantiosas que la factura será necesario que sea abordable entre todos. En cambio, el compromiso nuclear seguirá siendo el mismo que ya existía con la presidencia de Barack Obama (escasamente seguro). Pocos logros pese a la sangre derramada. E Israel sigue bombardeando tras el preacuerdo firmado por EE UU e Irán.
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Los mercados han reaccionado efectivamente con altibajos a las bombas en los últimos meses y se aprestan a aprovechar en las próximas mensualidades un nuevo contexto amigable para consolidar posiciones y marcar mejores objetivos de rentabilidad. La bolsa sube ante el cambio que supone apaciguar la situación en el estrecho de Ormuz.
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