Lisenda Pascual, psicóloga: “Darles una paga a tus hijos sin formarlos es como darles un smartphone sin educación: es negligente”
¿Cuándo empezamos a dar la paga semanal a nuestros hijos? ¿Con cuánto dinero? ¿A cambio de algo o porque sí? En el nuevo episodio de ‘Sobre (vivir) a la crianza’ abrimos uno de esos melones que parecen pequeños, pero que enseguida se convierten en una conversación enorme sobre autonomía, límites, privilegios, consumo y educación financiera.
[–>[–>[–>Porque a nuestros hijos se lo daríamos todo gratis toda la vida. O casi. Hasta que nos preguntamos si hacerlo todo por ellos, comprarles siempre lo que piden o evitarles cualquier frustración realmente les ayuda a crecer. La paga puede parecer solo una moneda en la mano, pero también puede ser una forma de enseñarles que el dinero sube, baja, se guarda, se gasta y se decide.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Para pensar en todo ello nos acompañan Lisenda Pascual, psicóloga, psicoterapeuta, escritora especializada en infancia y crianza respetuosa y fundadora del proyecto Acompañamiento Familiar, y Jordi Martínez, director del Institut d’Estudis Financers y experto en divulgación y educación financiera. Dos miradas distintas y complementarias para responder a una pregunta que muchas familias nos hacemos tarde: ¿cómo enseñamos a nuestros hijos a relacionarse con el dinero si a nosotras nadie nos enseñó?
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Antes de dar dinero, preguntarse para qué
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Lisenda Pascual plantea que la pregunta no debería ser solo a qué edad empezar, sino con qué propósito. Antes de poner una paga en marcha, conviene preguntarse si en casa hemos hablado del valor del dinero, de para qué sirve, de qué gastos asumimos como familia y de qué pequeñas decisiones pueden empezar a tomar los niños.
[–>[–>[–>El ejemplo de la mochila resume muy bien el conflicto. Si un niño necesita una mochila para ir al colegio, eso forma parte de sus derechos. Pero si quiere una más cara porque tiene un dibujo, una marca o un diseño concreto, ahí aparece una oportunidad educativa: la familia puede cubrir una parte y el niño ahorrar la diferencia. No se trata de quitarles nada, sino de enseñarles a esperar, priorizar y entender que no todos los deseos son urgentes.
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La idea duele, porque muchas madres reconocemos esa punzada de culpa al pensar que nuestro hijo “se tiene que pagar” algo. Pero Pascual insiste en que el dinero también puede asociarse a la motivación y no solo al sacrificio. Una hucha con la foto del objetivo, por ejemplo, puede ayudar a que los más pequeños entiendan el ahorro como algo tangible y no como una renuncia abstracta.
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[–>Empezar con efectivo y con pequeñas responsabilidades
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Martínez sitúa una edad orientativa: alrededor de los 6 o 7 años, cuando los niños ya pueden sumar y restar. Antes, dar dinero tiene poco sentido si no pueden comprender mínimamente qué significa tenerlo, gastarlo o guardarlo. A partir de ahí, se pueden introducir pequeñas responsabilidades: cromos, un cómic, una revista o algún capricho pactado.
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En las primeras edades, los dos expertos recomiendan el efectivo. Ver las monedas, tocar los billetes y comprobar que la hucha sube o baja ayuda a entender algo que con una tarjeta resulta invisible. Pagar con el móvil o el reloj elimina incluso esos segundos de conciencia que necesitamos para decidir si una compra tiene sentido.
[–>[–>[–>La tarjeta de débito puede llegar más adelante, en la adolescencia, como un paso hacia la vida adulta. Martínez explica que a su hija mayor le dio una tarjeta a los 14 años, pero no permitió ponerla en el móvil. No era solo una cuestión práctica: sacar la tarjeta obliga a detenerse un instante. Y a veces ese instante es la diferencia entre comprar por impulso o pensarlo mejor.
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Pactar la paga, no comprar obediencia
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¿Cuánto dinero hay que dar? La respuesta no es una cifra universal. Cada familia debe decidir según sus posibilidades, pero con una idea clara: no tan poco que no puedan hacer nada, ni tanto que puedan comprarlo todo sin gestionar nada. La paga debe obligar a elegir.
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Martínez pone un ejemplo doméstico: a una hija de 12 años le da 2,5 euros semanales y a la de 14, 41 euros mensuales. La diferencia no se explica solo por la edad, sino por la responsabilidad que asume cada una. La mayor sale más con amigas, puede pagar alguna merienda o decidir cuántas veces va al cine. La paga crece cuando crece también la autonomía.
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Lo que ambos descartan es pagar por las tareas cotidianas o por las notas. Hacer la cama, recoger la mesa o colaborar en casa no debería depender de un billete, sino de la corresponsabilidad. Otra cosa es que un hijo proponga lavar el coche o ir a buscar la compra a cambio de un dinero que la familia habría pagado fuera. Ahí puede aparecer incluso una pequeña lección de emprendimiento.
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Hablar de dinero sin trasladar angustia
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El episodio también aborda uno de los grandes tabúes familiares: hablar de dinero delante de los hijos. Pascual diferencia entre sinceridad y “sincericidio”. Podemos hablar de economía igual que hablamos de sexualidad o de muerte, pero siempre teniendo en cuenta qué puede procesar cada niño y qué forma parte de la intimidad familiar.
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Martínez recuerda que las familias que hablan periódicamente de dinero suelen favorecer una mayor competencia financiera en sus hijos. Pero hablar cada día desde la angustia, la escasez o la preocupación constante puede cargarles con un peso que no les corresponde. La clave está en incorporar conversaciones naturales: qué es un presupuesto, por qué ahorramos para las vacaciones, qué pasa cuando se rompe algo o por qué no podemos comprarlo todo.
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También aparece la inflación, incluso en la paga. Los adolescentes se dan cuenta de que las cosas cuestan más cuando el mismo dinero les alcanza para menos. Esa experiencia cotidiana permite introducir conceptos que de adultos necesitamos comprender: presupuesto, fondo de emergencia, endeudamiento, impuestos, salario bruto y salario neto.
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Del ahorro a los criptobros
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La educación financiera no termina en la hucha. Con adolescentes también se puede empezar a hablar de inversión, siempre desde la prudencia. Martínez lo resume con una idea sencilla: invertir debería ser aburrido. No va de promesas rápidas ni de hacerse rico en un mes, sino de sembrar, esperar y pensar a largo plazo.
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Ese mensaje resulta especialmente importante en una época en la que las redes sociales prometen riqueza en vídeos de 30 segundos. Los criptobros, los gurús financieros y los supuestos atajos hacia el éxito económico encuentran terreno fértil en adolescentes acostumbrados a la inmediatez. Para protegerlos a los 17, dice Pascual, hay que empezar mucho antes: a los 13 entendiendo qué es invertir y a los 7 aprendiendo que una mochila también puede ser una lección de vida.
Sobre la paternidad (viva): ¿Deberían recibir un subsidio los hijos?
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El dinero, concluyen los invitados, sigue siendo uno de los últimos tabúes. Nos cuesta hablar de lo que ganamos, de lo que nos falta, de lo que deseamos y de lo que creemos merecer. Pero criar también implica revisar nuestras propias creencias: si regalar dinero nos parece frío, si tener mucho nos da vergüenza, si gastar nos culpabiliza o si ahorrar nos calma. Porque antes de dar una paga, quizá la primera pregunta sea otra: ¿qué relación tenemos nosotras con el dinero?
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Dónde ver y escuchar ‘Sobre (vivir) a la crianza’
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Podrás escuchar ‘Sobre (vivir) a la crianza’ cada domingo en las principales plataformas de pódcast: Spotify, Ivoox, Apple Podcast, Podimo, Amazon music y Youtube.
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