lo que la economía conductual sabe sobre tus decisiones financieras
Sabemos que hay que ahorrar. Lo decimos, lo intentamos y, al final del mes, el resultado suele decepcionar. Antes de buscar la culpa en el sueldo, vale la pena mirar a otro sitio: la economía conductual lleva décadas documentando los atajos mentales que nos hacen gastar más de lo que planeamos, casi siempre sin darnos cuenta.
[–>[–>[–>Según la Encuesta Financiera de las Familias Españolas publicada por Funcas, el 62% de los hogares que consiguen ahorrar considera que la cantidad es reducida. Y la razón principal: la sensación de que el dinero se va sin saber muy bien adónde. Esa sensación tiene que ver con los sesgos cognitivos que condicionan nuestras decisiones económicas cotidianas.
[–> [–>[–>El ancla que no vemos
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Uno de los sesgos más estudiados es el efecto ancla. Cuando vemos un precio primero, ese número se convierte en referencia, aunque no tenga ninguna lógica. Un producto rebajado de 120 a 80 euros parece una ganga, aunque 80 euros siga siendo más de lo que queríamos gastar. Lo que valoramos no es el precio absoluto, sino la diferencia con el ancla. Un análisis de sesgos cognitivos y decisiones financieras de la Universidad de Zaragoza aporta evidencia de que el anclaje aparece también en decisiones económicas cotidianas.
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El truco para contrarrestarlo es sencillo: antes de valorar un precio, preguntarse cuánto estábamos dispuestos a pagar antes de verlo. Si no teníamos un número en la cabeza, lo normal es que la cifra del vendedor se convierta en la referencia por defecto.
[–>[–>[–>Tres ideas clave
Para que los sesgos trabajen a favor y no en contra, tres ajustes tienen más impacto que cualquier hoja de cálculo:
- Preguntarse el precio antes de ver el precio
- Automatizar el ahorro desde el primer día del mes
- Asignar nombre a cada partida de gasto.
La economía conductual explica por qué los pequeños cambios de diseño funcionan mejor que los grandes propósitos de año nuevo. El dinero que se va sin saber adónde casi siempre deja rastro. Solo hay que mirarlo antes de que desaparezca.
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Perder duele más que ganar
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Hay otro sesgo que afecta especialmente a las decisiones de ahorro: la aversión a la pérdida. Perder diez euros duele más de lo que alegra ganarlos. Por eso tendemos a evitar cambios que impliquen algún coste inmediato, aunque el beneficio a largo plazo sea claro. Domiciliar el ahorro, cambiar a una cuenta con mejor rentabilidad o cancelar una suscripción que no usamos, son decisiones que postergamos porque requieren acción y la inercia es más cómoda. El mismo estudio de la Universidad de Zaragoza lo confirma: aporta evidencia de que el anclaje aparece también en decisiones económicas cotidianas.
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La solución más eficaz que propone la economía conductual es el diseño. Automatizar el ahorro, de forma que el dinero salga antes de que podamos gastarlo, elimina la decisión del ecuación. No hay que resistir nada porque no hay nada que resistir.
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[–> [–>[–>[–>El experimento del sobre
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Hay una prueba clásica que sigue funcionando: el método del sobre. Durante un mes, separamos en sobres o en subcuentas las partidas principales del gasto: alimentación, ocio, transporte, imprevistos. Cuando un sobre se vacía, esa partida se detiene hasta el mes siguiente. No hace falta una app sofisticada.
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La mayoría de bancos permite crear subcuentas sin coste. El objetivo no es recortar, sino hacer visible lo que normalmente es invisible. Cuando el dinero tiene nombre, resulta más difícil gastarlo sin pensar.
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