Loleta Bernabé, experta en gastronomía y viajes: “Mis viajes son para disfrutones de la vida, de los viajes y del buen comer” | Viajes | El Viajero
Loleta Bernabé es el alter ego de Lola Bernabé López de Cozar, una malagueña que siempre soñó con hacer del viaje su profesión, y que gracias, seguramente, al impulso y carácter de su abuela, una inusual viajera en su tiempo, lo hizo realidad hace ya muchos años. No contenta con eso, le añadió a la ecuación un ingrediente más: la cocina. En ella también triunfó. Inició su andadura en 2012, cuando internet era un desierto de ideas, y creó su propio blog de gastronomía y viajes. Canal Cocina, una de las revistas de referencia en el sector, lo consideró el mejor de España en categoría de oro.
Hablamos de 2012, y la cocina ha sido, desde entonces, parte fundamental de sus señas de identidad. Sus recetas acumulan cientos de visualizaciones en su perfil de Instagram, donde cuenta con una comunidad de más de 500.000 seguidores. Cada una de ellas nos hace viajar por el mundo, y visualmente, nos transportan a un mundo en el que cada bocado es un placer para los cinco sentidos.
Dice no poder desconectar mucho de su trabajo, y sin embargo admite sentir mucha gratitud por poder compartirlo. Es posible que tenga mucho que ver en ello la vitalidad de haberse criado en el sur y en una familia donde la comida se comparte en la mesa. Ahora, como vive en Madrid, no puede hacerlo siempre que quiere, y por eso afirma que su casero es el más feliz de la ciudad, ya que siempre tiene un tupper esperándolo con algunas de sus suculentas recetas.
Desde este año, también se beneficiarán de su entusiasmo los viajeros de EL PAÍS Viajes, porque emprende un par de aventuras de las que nos hablará en esta entrevista en exclusiva. Bon appétit!
Pregunta. No sabía que eras de Málaga, pero tu acento te delata…
Respuesta. Sí, así es. A mí me gusta decir que soy de Málaga, expatriada en Madrid. Felizmente expatriada, porque estoy muy feliz aquí. Llevo en la ciudad 14 años, pero mi acento de origen no lo voy a perder nunca. Vinimos por primera vez en 2008, primero por el trabajo de mi marido, y luego volvimos de nuevo a Málaga.
La segunda vez ya fue en 2018. Yo trabajaba en una multinacional americana, dejé el trabajo y llegué a una ciudad ya mayor —no era una universitaria, para que me entiendas—, con toda mi vida montada en Málaga. El primer año fue muy duro. La segunda vez fue más fácil porque mi trabajo lo llevaba ya en la mochila. En la vida lo importante es con quién se vive y no dónde. Y yo vivo con mi equipo favorito, así que muy contenta.

P. ¿Quién es Lola y quién es Loleta?
R. Se parecen mucho. Tengo la gran suerte de no tener haters en las redes sociales y creo que no los tengo porque Lola y Loleta se parecen mucho. Es verdad que Loleta expone más su cocina y sus viajes, pero Lola ha conseguido hacer de esa pasión que siempre ha tenido —desde muy pequeña por la cocina y por los viajes— su trabajo. Lola es una persona muy extrovertida, un animal social que siempre ha disfrutado de la cocina y de los viajes, sobre todo. Y he tenido la suerte de poder, a través de Loleta, hacerlo realidad.
P. ¿Por qué decides abrir tu blog?
R. Cuando nació mi hijo todo cambió. Estuve 13 años en mi empresa, los primeros maravillosos, después empezó a astillarse más. Fue mi marido quien me animó a escribir el blog de viajes y cocina. No tenía un plan B y tenía cero fe en que aquello me fuera a llevar a algún sitio, pero para mi sorpresa, lo que solo pensé que leería mi hermana el día que estaba aburrida, pues gustó. Unos meses más tarde la revista Telva eligió un post que yo publiqué sobre té inglés. Después, Canal Cocina eligió el blog como el mejor de España en categoría de oro. Tenían un concurso de blogueros cocineros donde seleccionan los mejores blogs gastronómicos, y el mío les encantó por ser una unión de viajes y cocina.
Entonces la gente tenía “la mala costumbre de leer”, y todos mis posts iniciaban con una introducción de viaje, pero luego llevaban a una receta de lentejas, por ejemplo. Intentaba publicar todas las semanas y poco a poco fue a más. Decidí ser más constante y mejorar las fotografías porque tomé conciencia de que cada vez lo leía más gente.
P. ¿La parte negativa es que ya no puedes desconectar o que cuesta más, no?
R. Sí, justo acabo de venir de Oporto donde he viajado con mi hijo y mi marido, y como negativo tiene que no puedes desconectar nunca, estoy todo el tiempo grabando y editando. Y eso es un hándicap. Pero, por otro lado, mi trabajo me ha permitido poder estar con mi hijo, llevarlo al colegio, cuidarlo cuando estaba enfermo, llevarle a las extraescolares, etc. Esa libertad es una maravilla.
P. ¿Cómo es la trastienda de las redes sociales? ¿Hay mucha diferencia de lo que vemos en la vida real?
R. Yo suelo ser muy transparente, pero es verdad que las redes sociales engañan, o más que engañan, a nosotros nos gusta quedarnos con lo bonito. La mayoría de mis amigos de carrera —que son abogados— me dicen que vivo muy bien, que un día estoy en Maldivas y otro en Francia, pero es verdad que paso muchas horas en esos viajes trabajando el contenido que voy a publicar. Lo peor que tienen las redes sociales es, por un lado, la cantidad de horas que hay que trabajarlas, y que no tenemos horario, ni días de fiesta, porque yo, por ejemplo, suelo trabajar la mayoría de los domingos. Y, que también son un trabajo frustrante a veces porque puedes dedicarte mucho tiempo a elaborar un contenido y luego el algoritmo decide no mostrarlo y no tiene visualizaciones…
P. ¿Habrás tenido que trabajar esa frustración?
R. Sí, mucho. He tenido épocas muy malas. 2023, por ejemplo, fue una época durísima para mí mentalmente, lloraba mucho porque las publicaciones no tenían alcance y no entendía por qué. Pero, aun así, me considero una afortunada porque trabajo mucho y me hace feliz lo que hago.
P. ¿Cómo recuerdas tus primeros viajes por trabajo?
R. Uno de los que más me gustó fue Suiza. Nos llevaron por queserías alpinas, chocolaterías… Fue un viaje gastronómico súper bonito. Hablar idiomas siempre me ha ayudado mucho, me ha abierto muchas puertas. También estudiar Derecho me ha dado unas habilidades a la hora de relacionarme profesionalmente que otra formación no te da. Es una carrera que me encantó, me gusta muchísimo estudiar, y volvería, por supuesto, a estudiar idiomas y espero estudiar más todavía, porque aún tengo tiempo.
P. ¿Cuáles conoces?
R. Hablo español, inglés, francés, italiano y alemán. Te diré que en todos tengo un C2, menos en alemán, que tengo un B2, pero es cierto que el alemán lo tengo muy oxidado.

P. ¿De dónde salió la vena del viaje?
R. Viene conmigo desde muy pequeña. Mi abuela materna era una persona que tenía tres pasiones en su vida: la familia, viajar y cocinar. Ella murió con 90 años, hace ya 18 años, pero habiendo dado la vuelta al mundo tres veces. Era una persona a la que le apasionaba viajar, de hecho, en mi casa todos dicen que soy su alma gemela porque soy la que tiene el bichito de no querer parar. Siempre que viajaba le preguntaba cómo le había ido. Cuando estuvo en Bora Bora, yo tenía cinco o seis años, me dijo “tienes que ir porque es donde los colores son más bonitos”. Y es verdad. Cuando fui, me di cuenta de que los colores allí toman otra dimensión. Era una apasionada de los viajes, pero a niveles de verdad que no te puedes hacer una idea.
P. Y tu afición por la gastronomía, ¿de dónde viene?
R. Cuando tienes la suerte de nacer en una familia grande, cocinar es un acto de amor en mayúsculas. Yo tengo recuerdos de mi madre, de mi tía Magdalena y de mi abuela, que eran las que preparaban las comidas de todas las celebraciones importantes, cocinando con mucho amor. Nunca había quejas, siempre era muy fácil todo. Así es muy sencillo enamorarte de la cocina, además desde pequeña me ha encantado cocinar para mis amigos… Eso también me ha acompañado siempre que he viajado. La gente piensa que mi amor por la cocina y por los viajes viene del trabajo en redes sociales, pero no es así. A mí siempre que he viajado me ha gustado conocer la gastronomía local, ver los mercados, por ejemplo. Ahora está más de moda, pero hace 20 años nadie quería ir a ver un mercado en países como China.
P. Ahora que estás en Madrid, ¿con quién compartes lo que cocinas?
R. Es una de las preguntas que me hacen mucho en redes, que qué hago con toda la comida que cocino. Pues, tengo al portero más feliz de todo Madrid, también congelo mucha comida para mi familia de Málaga, o se la doy a las chicas de la farmacia que tengo debajo de casa…
P. ¿Tienes alguna receta propia?
R. Esa es otra de las cosas negativas de la profesión, que no repito las recetas que hago. Mi hijo se queja mucho de eso.
P. ¿Grabas todo lo que cocinas?
R. La mayoría de las veces sí. Es un placer casi perdido, porque no puedo estar siempre publicando las mismas recetas. Es verdad que cuando llega la época hago algunas típicas como el potaje de vigilia, las torrijas, que a mi hijo le encantan, pero no repito los platos en Instagram.

P. En las rutas de EL PAÍS Viajes de este año va a haber mucho espacio para disfrutar de la gastronomía, ¿verdad?
R. Sí, son viajes completamente a medida donde vamos a viajar a dos países —Francia e Italia— con una gran riqueza gastronómica. Muy pocos países se pueden poner a la altura de ambos a nivel gastronómico, de cultura gastronómica, de disfrutar de la comida, de lo que es sentarte en una mesa con la gente que quieres. La franja mediterránea y poco más, al resto le parece muy extraño que disfrutemos tanto de estar tanto rato sentados en torno a una mesa comiendo rico.
P. El primero de esos viajes, Bubbles à la champagne, será el 7 de octubre. ¿Qué va a pasar allí?
R. Lo primero de todo es que vamos a alojarnos en hoteles muy bonitos. Es verdad que hay viajeros a los que no les importa demasiado dónde dormir, pero yo tengo una opinión completa y absolutamente diferente sobre ese tema. A un hotel se va a descansar, en eso estamos de acuerdo, pero cuanto más encanto tenga, más redonda será la experiencia, obviamente. En Bubbles à la champagne, los alojamientos están muy bien buscados desde el punto de vista de la ubicación y de lo que te ofrecen.
Además, vamos a hacer un itinerario que nos va a llevar a visitar bodegas de champanes conocidos, pero, sobre todo, nos va a llevar a las bodegas de aquellos que a lo mejor no son tan conocidos. Allí vamos a poder hacer catas, vamos a poder entender qué tipo de champán hay, cómo se llaman, qué tipo de uva utilizan para hacerlos, etc. O sea, vamos a combinar las visitas culturales, con cenas maravillosas y tiempo libre. Es un viaje muy redondo.
P. Una de las paradas es una visita a Moët & Chandon, que es la galería subterránea más conocida del viaje…
R. Sí, aunque también está la de Veuve Clicquot y la de Dom Pérignon. Pero en el caso de Moët & Chandon, recorreremos las canteras de yeso, que son las subterráneas donde tienen sus tesoros guardados, y están declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es el corazón de la historia del champagne. También va a haber otra actividad muy divertida en uno de los viñedos de la región, que será recorrerlos con un Citroën 2CV, símbolo del savoir-faire francés. Es decir, que vamos a ver muchas cosas que en otro tipo de viajes no tienes acceso.
P. De este viaje, gastronómicamente hablando, ¿qué es lo que te apetece mucho probar allí?
R. Soy una enamorada de la gastronomía francesa, es una cocina que me gusta mucho, porque es una cocina donde hay mucha elaboración, donde hay mucho chup chup y en las cocinas donde hay mucho chup chup, es raro que no estén buenas. Hay muchos platos de carne que me encantan, el jamón de Reims, las manitas de cerdo, muchísimos quesos, verduras… Lo que seguro que no vamos a comer allí es pescado y gambitas. Y lo esencial: aprenderemos a maridar el champán.
Cuando empecé a beber champán, la primera vez que estuve en Francia, que fue cuando fui a estudiar, lo primero que me llamó la atención es que en la casa en la que yo estaba, el champán se tomaba de aperitivo. Porque es así como lo toman ellos; de aperitivo o para comer, pero no para después de comer. Para después de comer hay otros vinos que acompañan mejor el café, el chocolate o el postre. Sin embargo, para nosotros el champán es normalmente para cuando hemos terminado de comer. Pero, desde su punto de vista, es mucho más digestivo.

P. También en octubre, el día 18, viajaréis a Italia. El viaje Venecia y la ruta del prosecco va a ser todo un descubrimiento. ¿Por qué?
R. Salimos de Venecia, pero no vamos a ir a montarnos en una góndola, sino que recorreremos la ruta del Prosecco, un camino donde hay viñedos, los vinos espumosos más conocidos del mundo. En Venecia, donde iniciamos la ruta, sí vamos a tener la suerte de acceder a la Basílica de San Marcos, que durante muchísimos años ha estado completamente andamiada. Puedo decirte que ahora es una auténtica maravilla. Y, también el Palacio Ducal, que es otra joya veneciana. Después, la ruta empezará en Conegliano, que es la entrada al Patrimonio de la Humanidad, a las colinas del Prosecco. Combinaremos rutas vinícolas con visitas a bodegas, catas y cenas en sitios emblemáticos. Por ejemplo, visitaremos Castel Brando, que es un castillo medieval con unas vistas increíbles. Además, cenamos y nos alojamos allí. Por lo tanto, Venecia es el punto de partida de un itinerario súper completo.
P. Me imagino que en este viaje vais a comer muy bien. ¿Qué es lo que más destacarías de esta zona gastronómicamente hablando?
R. En Venecia hay muchísima cultura de vinotecas, de llegar a un sitio donde te pides un vino y te van a poner un aperitivo típico como quesos y embutidos, los cicchetti. También hay una gastronomía muy rica y amplia con platos de pescado y marisco, no solo pasta. La verdad es que esta ruta va a ser una ruta premium con platos que nos harán llorar.
P. Estos viajes son para comer bien, entonces.
R. Mis viajes, claramente, son para “disfrutones” de la vida, de los viajes y del buen comer. A mí cuando me dicen que me defina con una palabra siempre digo que soy una disfrutona de la vida. Además, las rutas son de menos días y eso nos permite disfrutarlo mucho más.
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