Los asesinos han pedido que se eliminen sus antecedentes, luchamos para que no lo hagan sin que digan dónde esta
Siete años y ocho meses. Es la suma de años a la que finalmente fueron condenados los dos acusados de la desaparición y muerte de la turista española Nathaly Salazar. Fueron detenidos dos semanas después de desaparecer. Ya están en libertad. “Lo que vivimos nos hizo más fuertes…”, celebran en una foto conjunta subida a redes sociales ambos.
[–>[–>[–>«Jainor Huillca», arranca Alexandra, madre de la joven, cumplió su condena el 20 de octubre de 2022″. Jainor es el taxista que condujo a Nathaly a la tirolina donde, dice la versión oficial, la joven murió. Viajaba de mochilera. Cogio un avión en Valencia que la llevo a Ecuador y luego fue a Perú. El 2 de enero de 2018 se perdió su pista tras subirse a la atracción. Jainor, es el mismo que ejerció de instructor pese a no tener preparación alguna para ello. «La condena de siete años y ocho meses», continúa la mujer, «se redujo por buen comportamiento. Por haber estudiado le han dado los beneficios penitenciarios, beneficios que no se le debían dar, ya que no ha cumplido los dos requisitos que le puso el juez en aquel entonces: decir dónde está mi hija y pagar la indemnización. Ni lo uno ni lo otro han cumplido ninguno de los dos”.
[–> [–>[–>El otro condenado es el verdadero instructor, Luzgardo Pillco. “Salió el 30 de marzo de 2025 de prisión, él sí cumplió la condena de siete años y ocho meses”. La cumplió entera porque desde la cárcel usaba un teléfono móvil. Con ese terminal se registró en Facebook. En esa red social pidió amistad a la hermana de Nathaly Salazar -Tamara- desde su celda. «Por el delito de haberle encontrado el móvil en la cárcel tuvo que cumplir prácticamente toda la condena, pero hoy ya es libre también”, lamenta Alexandra. “Han cumplido, supuestamente. Después de esto veo que se acabó, porque no quieren decir dónde está mi hija y, ahora, ya fuera de la cárcel, no van a decir nunca dónde está”.
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Entre la desesperanza, hay una luz, a la que la familia se aferra. “Sabemos por nuestro abogado que Jainor (el taxista pirata) ha pedido que se le retiren los antecedentes penales para poder seguir estudiando para ser policía”. El curso lo empezó en prisión. La madre de Nathaly clama: “¿Qué clase de policía va a ser?”. Aunque de la sorpresa, brota un hilo del que tirar, “le hemos pedido al señor fiscal que por favor no se les quiten los antecedentes penales sin que digan dónde está mi hija, por lo menos, por ese lado, obligarlos. Es lo último que podemos hacer».
[–>[–>[–>La familia de la joven desaparecida teme que su petición siga adelante y teme, aún peor, que prospere sin decir dónde está su hija. «¿Cómo se le va a quitar unos antecedentes penales a unos asesinos? Por eso ahí todos los asesinos vuelven a cometer los mismos delitos, o peores delitos… Ya que se les quitan los antecedentes penales al cumplir la condena”. Estupor y sorpresa se suman al dolor. Casi ocho después, su lucha sigue siendo la localización de su hija, Nathaly Salazar.
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Nathaly Salazar lleva más de siete años desaparecida / Prensa Ibérica
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La desaparición
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2 de enero de 2018. Nathaly Salazar, mochilera española, avisa en casa de que va a salir a hacer una excursión por la zona del Valle Sagrado de los Incas. La idea era visitar la zona de las ruinas de Maras y las salineras, en el complejo arqueológico de Moray, cerca de Cuzco (Perú),
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[–>Su viaje arrancó a finales de 2017. Salió de casa, en Valencia; visitó Ecuador y recibió el nuevo año en Perú. Amante de la aventura, extrovertida y muy activa, lo había hecho antes, viajar; pero nunca sola. En cada viaje, una costumbre que se hizo norma: llamar, escribir y dar señales, avisar si la cobertura iba a jugar una mala pasada. El 2 de enero de 2018 se rompió dicha regla. Nathaly no llamó.
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A miles de kilómetros de distancia, la familia de Nathaly se activó. «Algo está pasando». Hasta que el dueño del hostal en el que estaba alojada la joven, lo confirmó. Nathaly no había regresado desde que se fue de excursión. Pasadas 78 horas consiguieron que se cogiera la denuncia de forma oficial. Alexandra llamaba y llamaba y la policía no les tranquilizó. “Señora, no nos ponga nerviosos. Su hija estará en la montaña drogada, ya aparecerá”, contestaron. Shock.
[–>[–>[–>“Dejaron de buscar a Nathaly a los 15 días. Los casos se van guardando en el cajón porque no les interesa buscar”
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La hipótesis oficial, la que impera -la que dieron por buena- es que aquel día Nathaly tuvo un accidente en una tirolina que cruzaba el citado valle. Se desató un temporal, una fuerte lluvia y fallaron los frenos. Dicen que murió en el acto. Detuvieron a Luzgardo Pillco y a Jainor Huillca. Ambos dijeron que había muerto. Que tras fallecer subida en la atracción, “por miedo”, tiraron su cuerpo. Homicidio culposo (imprudente), dictó la sentencia.
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Hubo mucha negligencia por parte de la policía de desaparecidos del Cuzco”, afirma, contundente, Alexandra. “Mintieron… Nos engañaron. Nosotros íbamos investigando, íbamos viendo -y vamos viendo- tanta mentira…”. No hubo un ápice de búsqueda, denuncian.
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“La dejaron de buscar a los 15 días”, afirma la madre de Nathaly. “Porque nosotros estábamos ahí, exigimos buscarla y pedíamos que nos ayudaran… Si no… Los casos ahí, a los 15 días ya se van guardando en el último cajón, porque no les interesa buscar. Se excusan en que no hay los medios necesarios para buscarla, tanto económicos, como de efectivos, o sea no hay policías no hay para la gasolina, no hay para tanta cosa… y ya está”.
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“Asesinos, dadme a mi hija”
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Ya no buscan. Con la ejecución de la condena, la investigación terminó. “Sé que a día de hoy no, no la buscan”. Los investigadaores no, pero la familia sí. En total, han hecho cinco viajes buscando a la joven. Rastreos, batidas, ascensos a montañas a más de 5.000 metros de altitud…Se han rodeado de comuneros de la zona, voluntarios de Cruz Roja, montañeros y rastreadores. Pero el cuerpo de la joven no aparece. Han encontrado otros, pero no el de Nathaly Salazar.
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El caso permanece activo porque la familia, a miles de kilómetros de distancia, sigue gritando el nombre de Nathaly Salazar. Un batallón de personas recuerda a la joven en redes sociales, comparte su foto, pero nadie arroja una pista firme sobre su localización. Luzgardo y Jainor, los que a ciencia cierta saben dónde está Nathaly, callan. No hablaron, no hablan y sienten que no hablarán. “Están en Facebook», confirma la madre de Nathaly, «y yo les escribo, les escribo y les digo que son unos asesinos que me devuelvan a mi hija… Eso es lo que hago siempre, pero no me van a contestar”.
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Imágenes del álbum familiar de Nathaly Salazar. / Prensa Ibérica
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Contradicciones, amenazas y extorsión. La familia de Nathaly denuncia que al dolor de la ausencia, y de buscar a miles de kilómetros, se suman las negligencias y la “injusticia” del sistema judicial de Perú. La versión oficial, construida fundamentalmente a raíz de las declaraciones de los condenados, hablan de accidente. Se da por bueno a nivel judicial. «Los investigadores que desde un principio estuvieron en la reconstrucción de los hechos y el mismo fiscal en aquel entonces, decían que no, que ahí no pasó absolutamente nada de lo que cuentan”, lamenta Alexandra.
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Brujos y chamanes
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“Le teoría más fidedigna es que se la llevaron a otro sitio y la violaron y la mataron. Es lo que defienden los investigadores…”, afirma -con dolor- la madre de Nathaly, que considera que “el problema” para no encontrar a su hija “desde un principio fue la misma policía”.
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La mujer, rota tras casi ocho años sin respuestas, argumenta su sentir. “Desde el momento en que no se recibió la denuncia, dejaron pasar el tiempo (78 horas)… No les importó, porque era una turista”. Alexandra coge aire y continúa, “luego, después de ello, la obstrucción que había por parte de la policía, la corrupción, el no tener los medios necesarios para poder salir a buscar. El que intervengan brujos, chamanes y tanta cosa, que nos ponían desde un principio para, según ellos, encontrar a mi hija… Pero lo que era es una tapadera para que no busquemos y nos iban cortando los caminos que nosotros íbamos haciendo e ibamos encontrando”.
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Alexandra, continúa, “no hubo una investigación, no hubo nada. Ese es el principal problema ahí para no encontrar a los desaparecidos. Sobre todo creer que porque son turistas siempre se van a drogar, siempre van a estar en la montaña drogados, y aparecer después”.
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La madre de Nathaly lanza una pregunta. “Por cierto, el hostal donde estaba Nathaly alojada nunca fue investigado. Hay tres casos de desaparecidos que se alojaban allí en diferentes fechas. ¿Algo tiene que ver ahí ese hostal? Porque ellos saben perfectamente si una persona está sola o está acompañada…. Nadie investigó ese hostal”.
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El silencio
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La investigación de Alexandra ha estado plagada de silencios a nivel oficial. Fueron muchas las voces que apuntaron que Nathaly había sido vista en una fiesta horas después de supuestamente fallecer. La ubican, además, en el mismo escenario que otras voces ubicaron a Luzgardo Y Jainor. “El problema”, asegura su hermana Tamara, “es que ninguno lo que quiso decir delante de los investigadores, de manera formal”.
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La única voz que consta en los atestados es la de los dos condenados. En su declaración -llena de contradicciones- se basa la hipótesis oficial. “Cuando buscábamos a mi hija entre las montañas”, recuerda Alexandra, “una persona mayor se acercó a mí, me cogió y me decía: tu hija, tu hija, ahí, ahí. Yo veía toda la montaña y me metí al mapa y todo eso, donde la señora señala, es para la parte de Calca, la parte que da a la selva”.El teléfono de Nathaly se geolocaliza allí. A 40 kilómetros de dónde el presunto accidente sucedió.
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Ayuda
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Alexandra, el resto de la familia de Nathaly, solo piden descanso. “Hay momentos que da miedo que pase el tiempo. Dices… no la vas a encontrar y vas perdiendo la esperanza y más cuando nos separan tantos miles de kilómetros, que no puedes hacer nada, que no puedes seguirla buscando. Porque tanto física como económicamente, estás desgastado… Más en lo económico, porque hay gasto, mucho gasto. Todo es pagar cuando quieres buscar allí”.
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Su voz lleva sonando casi ocho años. No hay cese, no puede haberlo, no puede dejar de buscar. “Mi grito de auxilio ahora es hacia las autoridades españolas, que no nos abandonen, que nos sigan ayudando por medio del consulado español en Perú, para que se haga justicia para mi hija, para poder encontrarla”.
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Clama también por el resto de familias que buscan sin encontrar: “Pedir a todas las autoridades que no se olviden de nuestros desaparecidos, no es solo una persona desaparecida son ciento son miles de desaparecidos”. Antes de concluir, Alexandra, incide, “ya no puedo más”, llora, “no sé cómo más buscarla, no sé cómo más llegar al corazón de la gente para que me digan dónde está mi hija. Por favor, se lo suplico, ayúdennos, no podemos más”.
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