Los carteles (y los cursos de verano) que «evitaron» el cierre de la Universidad de Oviedo tras la Guerra Civil
El Muséu del Pueblu d’Asturies acaba de aumentar la colección que tiene de carteles y folletería relativa a los cursos de verano que organizó la Universidad de Oviedo al término de la Guerra Civil. En esta colección figuran, además de ejemplares impresos de esos elegantes carteles, algunos de los bocetos previos elaborados por destacados artistas de la época, como Alfonso Iglesias, dibujante de LA NUEVA ESPAÑA, donde creó a sus personajes Telva, Pinón y Pinín. Sin embargo, más allá del interés artístico de esta pequeña colección integrada en los casi inabarcables fondos del museo gijonés, dirigido por Juaco López, surge otro valor: es el testigo gráfico que nos ha llegado de una gran operación de salvamento de la Universidad de Oviedo en sus horas más negras, cuando estuvo a punto de desaparecer tras la Guerra Civil.
[–>[–>[–>Juaco López explica que estos carteles y programas de mano son la proyección palpable, propagandística, de un deseo de hacerse notar ante el nuevo régimen de Franco, exhibiendo músculo cultural a través de estos cursos y así alejar el fantasma del cierre y de un eventual traslado a Santander. Toda esta crisis se desarrolló durante el rectorado de Sabino Álvarez-Gendín, tal y como se reseña en el catálogo de la exposición sobre los 400 años de la Universidad de Oviedo, celebrados en 2008.
[–> [–>[–>Cartel de la Universidad de Oviedo / Muséu del Pueblu d’Asturies
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El administrativista Álvarez-Gendín tomó posesión como rector el 4 de marzo de 1937. En un Oviedo que había sido frente de guerra, el edificio de la Universidad había sido destruido por segunda vez. El rector Gendín traslada la sede a Navia y allí permanecerá hasta octubre de 1937, cuando caiga el frente del Norte y la guerra termine en Asturias. Ya en ese momento corren rumores de una posible desaparición.
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El 8 de abril de 1937, el concejal en el Ayuntamiento de Oviedo Paulino Vigón revela en el pleno que Álvarez-Gendín, acompañado de otras autoridades, como el obispo Echeguren y representantes de la Diputación, viajaron a Burgos a plantearle el tema al propio Franco. Hablaron con Enrique Suñer, vicepresidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza. De éste no recibieron buenas impresiones. No así de Franco, quien les negó que tuviera intención de cerrarla. Es más, el general que había sido nombrado Generalísimo en Burgos pocos meses antes añadió que «en estos momentos no se puede pensar en reducir la cultura».
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Cartel de la Universidad de Oviedo / Muséu del Pueblu d’Asturies
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La delegación asturiana no quedó tranquila del todo. Por eso Álvarez-Gendín decidió crear los cursos de verano. El objetivo era demostrar que la universidad no era «liberaloide» y que además era un centro irradiador de cultura. Parece ser que el efecto de los cursos fue tal que resultaron muy apreciados por el Ministerio de Educación Nacional, «que los pondrá como modelo e implantará en el resto de universidades españolas», se indica en el catálogo citado.
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Un cartel de la Universidad de Oviedo / Muséu del Pueblu d’Asturies
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Los esfuerzos de los dirigentes universitarios asturianos por evitar el cierre no se quedaron en los cursos estivales promocionados a través de los carteles que hoy están en la colección del Muséu del Pueblu. Álvarez-Gendín tenía claro que se enfrentaban a un «grave peligro de desaparición». Por ello se reforzó con el apoyo de toda la comunidad universitaria y de las principales instituciones asturianas (diputación, obispado, gobiernos civil y militar), además de captar la solidaridad de otras universidades como Santiago y Salamanca. El general Aranda, el héroe del bando nacional por su defensa de Oviedo frente al cerco republicano, también brindó su apoyo. El Rector tenía también una baza clave que jugar: la ovetense Carmen Polo, esposa de Francisco Franco. Ella acudió, junto a su hija Carmen, a varios actos celebrados en la universidad asturiana.
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Cartel de la Universidad de Oviedo / Muséu del Pueblu d’Asturies
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Entre los obstáculos a remover estaba el primer ministro de Educación Nacional nombrado por Franco, que era paradójicamente un antiguo catedrático de la Universidad de Oviedo, Pedro Sainz Rodríguez. Pese a ello, su intención era suprimir la universidad asturiana. A este ministro le enviaron una memoria resaltando los logros alcanzado en su historia por la Universidad de Oviedo y una vez expuestos varios argumentos apuntaban que seguía vigente una amenaza de excomunión por parte del papa Gregorio XIII, según la bula fundacional de la Universidad de Oviedo, contra aquel que intentase infringir o derogar esa fundación. En aquellos tiempos ese argumento era aplastante.
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