Los compatriotas a ambos lados del estrecho son todos chinos
En el Gran Palacio del Pueblo, con mucha solemnidad y aplausos, fue recibida el viernes una política taiwanesa. La primera reunión en una década de un secretario general del Partido Comunista de China y un líder del Kuomintang (KMT), encarnizados rivales en la guerra civil, reveló la sintonía que disfrutaría hoy el estrecho de Formosa si el último gobernara Taipei. Ocurre que está sólidamente asentado en la oposición y la reunificación armoniosa ansiada durante la jornada es improbable.
[–>[–>[–>Xi Jinping y Chen Li-wun encadenaron loas a la paz en estos tiempos convulsos. «Hoy el mundo está muy lejos de ser pacífico y no hay nada más precioso que la paz», dijo Xi. «Los compatriotas a ambos lados del estrecho son todos chinos y pertenecen a una sola familia que desea la paz, el desarrollo, los intercambios y la cooperación», continuó. «Cuando una familia está bien avenida, todos los miembros prosperan», añadió. Sólo el independentismo, aclaró, genera problemas. «China nunca lo tolerará ni lo perdonará», prometió.
[–> [–>[–>Chen había presentado su visita a China como un «viaje para la paz» que mediría «la sinceridad de Pekín para involucrarse en un diálogo pacífico». Hoy ha profundizado en esa vía. «Taiwán tiene que dejar de ser un punto de tensión de potenciales conflictos y convertirse en un símbolo de la paz protegido por el pueblo chino a ambos lados del estrecho», ha afirmado. «Aunque vivimos bajo diferentes sistemas, nos respetaremos y nos acercaremos al otro, buscaremos soluciones para evitar la guerra», deseó. Si el KMT gobierna en Taiwán, ha prometido, invitará a Xi a la isla. Faltan dos años para las próximas elecciones: que continúe Xi en Pekín es muy probable; que el KMT rompa su racha de tres derrotas consecutivas lo es mucho menos.
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Un viaje «problemático»
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Chen es una figura controvertida en una sociedad tan polarizada como la taiwanesa. Dice que «es natural sentirse china», pero sólo un tercio de la población taiwanesa lo comparte, y muchos la acusan de acercarse demasiado a lo que perciben como el enemigo. El Partido Democrático Progresista (PDP), ahora en el poder, ha calificado el viaje como «políticamente problemático».
[–>[–>[–>No es casual que Chen aterrizara el martes en Nanjing. Fue la capital china durante el Gobierno del KMT. La victoria de los comunistas de Mao forzó la huida de los nacionalistas de Chiang Kai-shek a Taiwán y durante décadas siguió la hostilidad, reclamándose ambos como el legítimo Gobierno de China, hasta enterrar el hacha en una cumbre en Pekín en 2005. El KMT apoya la reunificación en una China democrática mientras el PDP defiende tesis independentistas.
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Es habitual que Pekín premie a los primeros gobiernos con más intercambios comerciales, económicos y turísticos para convencer a los taiwaneses de que su vida será más próspera y segura en los brazos de la Madre Patria. Para los segundos, en cambio, sólo hay amenazas y campañas para borrar su ya tenue huella en el mundo. Es sintomático que Chen le solicitara hoy a Xi que permitiera a Taiwán un rol más visible, al menos en organizaciones económicas regionales, y que este lo viera «de forma positiva». La estrategia del palo y la zanahoria, con la que Pekín pretendía un acercamiento progresivo, se ha revelado calamitosa. El sentimiento chino retrocede en la isla y el KMT ha pasado de hegemónico a opositor.
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[–>«Diosa de la reunificación»
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Sólo dialoga Pekín con Chen, aplaudida desde las redes chinas como «la diosa de la reunificación», mientras ignora los ofrecimientos del presidente, Lai Ching-te, desdeñado como un incendiario independentista. La visita de Chen coincide con el fragor parlamentario en Taipei. La mayoría del KMT ha paralizado una partida especial de 40.000 millones de dólares en Defensa. Juzga el Gobierno que la oposición pone en peligro la seguridad de la isla. «La historia nos dice que los compromisos con los regímenes autoritarios siempre cuestan la soberanía y la democracia y nunca traen la libertad ni la paz», alertó Lai esta semana. Para el KMT, en cambio, hay urgencias mayores que enriquecer a la industria armamentista estadounidense.
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También sobrevuela en la isla la comprensible inquietud de convertirse en un peón de los volátiles intereses geopolíticos estadounidenses. Taiwán será un asunto prioritario para Pekín en la inminente cumbre de Xi y Donald Trump. La venta de armas firmada en diciembre por 11.000 millones de dólares, una de las mayores entre Washington y Taipei, irritó a China y puso en peligro la paz comercial.
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