los grandes patrimonios revisan su apuesta por el Golfo
En los años cincuenta, cuando el petróleo apenas empezaba a brotar en el Golfo Pérsico, ciudades como Dubái, Abu Dabi y Doha estaban lejos de presumir de los rascacielos deslumbrantes que hoy en día caracterizan a sus horizontes. Estas zonas se perfilaron como el refugio para los grandes patrimonios en Oriente Próximo desde el auge de la Primavera Árabe. Pero en poco más de dos semanas, la posición de Dubái como el asilo del sistema financiero en la región quedó bajo una presión inédita a medida que Emiratos Árabes Unidos se vio arrastrado en el fuego cruzado de una guerra regional entre Washington, Jerusalén y Teherán.
[–>[–>[–>Mientras los misiles lanzados desde Teherán caían sobre Dubái por primera vez, banqueros privados, gestores de patrimonio y profesionales de finanzas comenzaron a hacer llamadas y planes de evacuación. En apenas unas horas, muchos de estos profesionales estaban a bordo de los últimos aviones con destino a lugares como Estambul, Singapur o Yakarta. O se encerraban en casa, en lugar de acudir a las oficinas de gigantes como JP Morgan o Goldman Sachs.
[–> [–>[–>El 28 de febrero, mientras las represalias iraníes se abatían sobre Dubái y el aeropuerto se preparaba para cerrar, un banquero privado y su esposa se encontraban en un avión que salía del Golfo. «Cuanto más tiempo dure, más afectará la imagen bien gestionada de Dubái como refugio seguro», explica este inverso, que prefiere no ser identificado, a EL PERIÓDICO. «En términos de comportamiento del mercado, es evidente que hemos observado un cierto impacto en el sector inmobiliario y que esto provocará sin duda una pausa. Estamos hablando de una caída en los precios del 10% al 15%, pero es demasiado pronto para saberlo mejor», apunta.
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Aumento del riesgo
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Y este susto ya está teniendo efecto. Un puñado de family offices afincados en Asia han confesado a la agencia Bloomberg que han estado estudiando si reducir su exposición a Dubái y ciudades financieras en el Golfo tras el estallido de la contienda bélica. Sobre el papel, el impacto aún no es algo que se pueda cuantificar. El Centro Financiero Internacional de Dubái (DIFC, por sus siglas en inglés), alberga más de 5.500 multinacionales, bancos y gestoras en la capital emiratí y se considera el corazón financiero de Emiratos Árabes Unidos. Fuentes del DIFC no respondieron a las solicitudes de este periódico.
[–>[–>[–>Aunque el punto álgido del susto se produjo el 28 de febrero —cuando un aluvión de misiles iraníes cayeron sobre el Aeropuerto Internacional de Dubái— el destino predilecto de las grandes fortunas ha aguantado un sinfín de ataques desde que estalló la contienda. Las incógnitas sobre la duración de la guerra y la posibilidad de un daño más prolongado a los petrodólares de las principales economías del Golfo ha sacudido con fuerza a los principales índices bursátiles de Dubái.
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El índice general DFM de Dubái —en el que cotiza el mayor banco de Emiratos Árabes Unidos, Emirates NBD—, se ha desplomado más de un 7,5% desde que empezó la guerra, arrastrando a la baja a la banca de la región. En paralelo, el DFM Sharia Index, el índice que agrupa a las compañías del parqué que cumplen con los principios de las finanzas islámicas, ha caído con más fuerza: un 8,6% desde el inicio de la contienda. El selectivo que alberga las empresas con mejores puntuaciones en criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, en inglés) también ha sido castigado, con un retroceso cerca del 6%.
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[–>El Banco Central de Emiratos Árabes Unidos mantiene la calma. La entidad monetaria ha indicado a inversores que está bien posicionada para afrontar los acontecimientos en la región. “El sector bancario y financiero de los Emiratos Árabes Unidos sigue manteniendo unos niveles muy sólidos de adecuación de capital y liquidez”, ha explicado Khaled Mohamed Balama, el gobernador del banco central. “El coeficiente de adecuación de capital se sitúa actualmente en el 17%, mientras que el coeficiente de cobertura de liquidez supera el 146,6%, ambos muy por encima de los umbrales reglamentarios recomendados por los organismos supervisores internacionales».
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