Los insalubres micro y nanoplásticos
Manuel Gutiérrez Claverol es geólogo
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Hace poco asistí en el Club LA NUEVA ESPAÑA a una interesante conferencia sobre la problemática que generan los plásticos a cargo de la doctora María Victoria Moreno-Arribas, científica del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL) del CSIC. Al escucharla se me encendió la chispa sobre una temática preocupante, que no tiene una solución fácil.
[–>[–>[–>Los plásticos son polímeros sintéticos y semisintéticos de cadena larga pudiéndose moldear para formar objetos sólidos. En su fabricación es común utilizar materiales petroquímicos derivados de la refinación del petróleo crudo (poliestireno, polietileno, poliamida, poliuretano o polipropileno), los cuales se mezclan con aditivos, tales como plastificantes, antioxidantes, retardantes, estabilizadores y colorantes, para mejorar el rendimiento y prolongar su vida útil.
[–> [–>[–>El uso excesivo de plásticos se inició en la década de los años 50 del pasado siglo ―reemplazando rápidamente a otras sustancias, como el vidrio y la madera― y desde entonces no ha dejado de experimentar un crecimiento espectacular. Aunque este ingrediente ha aportado numerosos beneficios sociales, hasta transformar nuestra civilización moderna, también causa una importante polución debido a una gestión deficiente y a la baja tasa de reciclaje, originando considerables cantidades de contaminantes en el medio ambiente.
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Resulta impresentable lo que ocurre con las islas de plástico marinas (a veces conocidas como «islas basura»), compuestas por acumulaciones de residuos atrapados por corrientes circulares («giros oceánicos») y que se reparten por los mares del planeta. La más grande y conocida es la «Gran Mancha de Basura del Pacífico», pero existen otras en el Atlántico Norte y Sur, el Pacífico Sur y el Océano Índico. La primera, situada entre Hawái y California, cubre un área descomunal perimetrada en unos 1,6 millones de kilómetros cuadrados (equivalente a la superficie conjunta de España, Francia y Alemania) y contiene unas 80.000 toneladas de estos componentes; tales acumulaciones colosales se crearon gracias a los flujos oceánicos del Pacífico Norte que concentran los despojos arrastrados desde las costas de Asía y América. Los peces marinos son los grandes perjudicados sufriendo las consecuencias al quedar enredados en las redes de pesca o confundir estos insumos con alimentos, lo que provoca toxicidad e inanición.
[–>[–>[–>Fue trascendental el trabajo publicado en los años 20 de este siglo en la revista Science poniendo de relieve que los plásticos no desaparecían del medio ambiente, sino que se degradan progresivamente en partículas cada vez más pequeñas hasta alcanzar magnitudes inferiores a los 5 mm, los denominados microplásticos, e incluso pueden reducirse aún más a dimensiones inferiores a una micra (<1 µm), dando lugar a los nanoplásticos. Su diminuta medida les permite infiltrarse en los sistemas acuáticos, en el suelo e incluso en el aire que respiramos, afectando a los ecosistemas. La degradación de este constituyente orgánico por el sol y las olas marinas produce partículas minúsculas que terminan siendo consumidas por la fauna marina y, eventualmente, por los seres humanos. Estas alteraciones ecológicas se encuentran en variedad de ambientes y organismos, desde el plancton hasta los mamíferos, tanto terrestres como marinos. Son considerados como una preocupación para la salud pública, ya que están presentes en la cadena alimentaria y hasta en el aire, pudiendo penetrar en los tejidos y actuar como vectores de toxinas.
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Los microplásticos atmosféricos representan una forma emergente de contaminación ambiental con implicaciones potenciales para la salubridad. Debido a su tamaño, pueden ser inhalados, lo cual plantea riesgos para el sistema respiratorio y otras funciones biológicas. La evidencia científica actual sugiere que su persistencia en la atmósfera y la exposición crónica pueden tener efectos adversos, lo que subraya la necesidad de políticas orientadas a la mitigación de este tipo de emisiones.
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[–>Es necesario centrar una investigación prioritaria en los nanoplásticos, precisándose el desarrollo de técnicas con suficiente sensibilidad y especificidad para la detección y cuantificación de estas microscópicas partículas en los alimentos, tejidos y fluidos biológicos, así como el papel de los aditivos plásticos asociados en diversas patologías. n
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