los jóvenes consideran que el éxito es trabajar en lo que les gusta y poder conciliar
Los jóvenes españoles tienen una visión bastante menos ingenua de la meritocracia de la que tuvieron sus madres y padres. Siguen creyendo en el esfuerzo, pero menos. El 67% considera que el éxito depende de no rendirse nunca y el 63,4% cree que, aunque no se tengan cualidades para algo, es posible conseguirlo con esfuerzo. Sin embargo, seis de cada diez sostienen que hay circunstancias externas que pueden impedir avanzar, incluso cuando una persona se esfuerza. El estudio recoge, además, una percepción recurrente: los contactos y el respaldo económico de las familias pesan más que el mérito individual. La consecuencia es una brecha de clase: quien tiene redes familiares o sociales parte con ventaja y quien no, compite en peores condiciones.
[–>[–>[–>Esta es una de las conclusiones del barómetro ‘Retos y aprendizajes, posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales’, realizado por FAD Juventud con el apoyo del Banco Santander y Telefónica. Presentado esta mañana en Madrid, el estudio se basa en una encuesta a 1.200 mujeres y hombres residentes en España de entre 18 y 30 años y residentes en España.
[–> [–>[–>Qué es el éxito
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El dossier señala la idea de que, para las nuevas generaciones, el éxito ya no está tan marcado por el sueldo o el ascenso profesional, sino por trabajar en algo que guste y tenga sentido, poder conciliar la vida personal y laboral, y gozar de estabilidad.
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En plena selectividad -en Catalunya se celebrará los días 9, 10 y 11 de junio-, el informe resulta especialmente pertinente porque muestra hasta qué punto la elección de estudios está condicionada por la economía. El factor que más pesa a la hora de decidir itinerarios formativos o profesionales es la necesidad de contar con ingresos a corto plazo, señalada por el 64,7% de los encuestados. Eso significa que, aunque un joven quiera seguir formándose o probar otro camino, puede verse obligado a trabajar antes o a elegir una opción con una rentabilidad más inmediata.
[–>[–>[–>Muchos jóvenes priorizan lo posible frente a lo deseable: asumen que deben adaptarse y trabajar en aquello que tiene salidas, aunque no coincida con su vocación
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En la compleja decisión de qué estudiar también pesa mucho la familia. Otro factor relevante es la búsqueda de seguridad, vinculada a la percepción de un mercado laboral inestable e impredecible. Muchos jóvenes priorizan lo posible frente a lo deseable: asumen que deben adaptarse y trabajar en aquello que tiene salidas, aunque no coincida con sus intereses o vocaciones. El informe detecta así un discurso de resignación: buscar estabilidad primero y dejar para más adelante aquello que realmente les gustaría hacer.
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La actitud ante el riesgo cambia con la edad. Los jóvenes de 18 y 19 años son quienes más se identifican con la importancia de asumir riesgos para progresar. En cambio, entre los 20 y 24 años gana peso la preferencia por la estabilidad y la seguridad. La necesidad de ingresos a corto plazo también aumenta con la edad.
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[–>Selectividad
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Muchos de los estudiantes que ahora mismo están inmersos en la selectividad todavía no tienen claro qué estudiar. Los jóvenes, según el dossier de Fad, sienten que tienen que tomar decisiones formativas a edades tempranas y no se sienten preparados. Esa presión aumenta cuando perciben que equivocarse tiene un coste alto o que no conocen bien las alternativas. En esa toma de decisión, uno de los apoyos más estables es el que proporciona la familia. Sin embargo, padres y madres son también fuente de presión. Los autores del informe subrayan que los chicos y las chicas entienden la intención protectora de sus familias, pero también describen la presión de responder a sus expectativas y de rentabilizar la inversión realizada en sus estudios.
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FP, aún con estigma
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La encuesta constata que la Formación Profesional se percibe como una formación con potencial laboral. Sin embargo, a pesar del prestigio que han tomado los ciclos en los últimos años, los jóvenes están convencidos de que todavía arrastran el estigma de ser una opción para quienes no valen para la universidad. Para ellos, la universidad está asociada a presión social, aunque afirman que un terminar un grado ya no garantiza empleo ni trabajar en lo deseado.
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